La noche comenzó a lo grande, con el presentador Conan
O´Brien travestido como la tía Gladys de Weapons,
parodiando la persecución final de la cinta y metiéndose en las películas
nominadas a la manera de los vídeos espectaculares que se marcaba Billy Crystal
(el mejor anfitrión de la historia) para empezar las galas de los Óscar. Qué
maravilla de arranque, enérgico y descacharrante. Fue el preámbulo perfecto
para que poco después Amy Madigan (la auténtica tía Gladys) se llevara el Óscar
como mejor actriz de reparto, cuarenta años después de su anterior nominación. Hay
que aguantar, hay que resistir, está visto, que a veces a la larga llegan los
reconocimientos de la Academia. Y si no que se lo digan al gran triunfador de
la noche, Paul Thomas Anderson, que tras treinta años de carrera y un sinfín de
nominaciones sin premio, con su décima película, Una batalla tras otra, se llevó sus tres primeros Óscar: mejor
película, dirección y guión adaptado. Su cara lo decía todo cuando sopesó la
estatuilla que premiaba su guión adaptado; por fin en Hollywood lo coronaban.
Le había costado lo suyo. “Escribí esta película para mis hijos”, explicó,
“para pedirles perdón por el mundo que les vamos a dejar. Pero espero que ellos
puedan aportar sentido común y decencia”. La película se llevaría otros tres
premios: montaje, actor de reparto para Sean Penn (que no acudió a recogerlo,
menudo es él) y dirección de casting, nueva categoría largamente reclamada por
la industria. Soy muy fan de PTA, así que salté de alegría con cada galardón
que se llevó la película; disfruté casi tanto como la actriz Teyana Taylor
durante la ceremonia. Me alegró también que Valor
sentimental, de Joachim Trier, ganara en película internacional el primer
Óscar para Noruega en un año en el que todas las finalistas en esa categoría
eran sobresalientes. Y el momento más emotivo de la noche fue el In Memoriam, donde Billy Crystal recordó
a su viejo amigo Rob Reiner, y tras repasar su filmografía aparecieron cerca de
una veintena de actores de sus películas cogidos de la mano como sentido
homenaje. La actriz Rachel McAdams habló de Claudia Cardinale, Diane Ladd,
Catherine O´Hara y Diane Keaton. Y Barbara Streinsand, como brillante colofón, recordó
a Robert Redford y cantó una estrofa de Tal
como éramos, arrancándonos alguna lágrima a los más sensibleros. Una
magnífica gala.
"Un Óscar tras otro", mi columna semanal en El Periódico de Aragón de hoy sábado 21 de marzo.
Asimismo, podéis leer la columna "Un Óscar tras otro", de Roberto Malo, en el enlace de la web del Periódico de Aragón que pongo a continuación:
https://www.elperiodicodearagon.com/opinion/2026/03/21/oscar-128225813.amp.html
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