lunes, 23 de marzo de 2026
FOTOS EN LA FERIA DEL LIBRO DE CPI JULIO VERNE
domingo, 22 de marzo de 2026
FOTOS EN LA FERIA DEL LIBRO DE SALESIANAS
sábado, 21 de marzo de 2026
"UN ÓSCAR TRAS OTRO", MI COLUMNA SEMANAL EN EL PERIÓDICO DE ARAGÓN
La noche comenzó a lo grande, con el presentador Conan
O´Brien travestido como la tía Gladys de Weapons,
parodiando la persecución final de la cinta y metiéndose en las películas
nominadas a la manera de los vídeos espectaculares que se marcaba Billy Crystal
(el mejor anfitrión de la historia) para empezar las galas de los Óscar. Qué
maravilla de arranque, enérgico y descacharrante. Fue el preámbulo perfecto
para que poco después Amy Madigan (la auténtica tía Gladys) se llevara el Óscar
como mejor actriz de reparto, cuarenta años después de su anterior nominación. Hay
que aguantar, hay que resistir, está visto, que a veces a la larga llegan los
reconocimientos de la Academia. Y si no que se lo digan al gran triunfador de
la noche, Paul Thomas Anderson, que tras treinta años de carrera y un sinfín de
nominaciones sin premio, con su décima película, Una batalla tras otra, se llevó sus tres primeros Óscar: mejor
película, dirección y guión adaptado. Su cara lo decía todo cuando sopesó la
estatuilla que premiaba su guión adaptado; por fin en Hollywood lo coronaban.
Le había costado lo suyo. “Escribí esta película para mis hijos”, explicó,
“para pedirles perdón por el mundo que les vamos a dejar. Pero espero que ellos
puedan aportar sentido común y decencia”. La película se llevaría otros tres
premios: montaje, actor de reparto para Sean Penn (que no acudió a recogerlo,
menudo es él) y dirección de casting, nueva categoría largamente reclamada por
la industria. Soy muy fan de PTA, así que salté de alegría con cada galardón
que se llevó la película; disfruté casi tanto como la actriz Teyana Taylor
durante la ceremonia. Me alegró también que Valor
sentimental, de Joachim Trier, ganara en película internacional el primer
Óscar para Noruega en un año en el que todas las finalistas en esa categoría
eran sobresalientes. Y el momento más emotivo de la noche fue el In Memoriam, donde Billy Crystal recordó
a su viejo amigo Rob Reiner, y tras repasar su filmografía aparecieron cerca de
una veintena de actores de sus películas cogidos de la mano como sentido
homenaje. La actriz Rachel McAdams habló de Claudia Cardinale, Diane Ladd,
Catherine O´Hara y Diane Keaton. Y Barbara Streinsand, como brillante colofón, recordó
a Robert Redford y cantó una estrofa de Tal
como éramos, arrancándonos alguna lágrima a los más sensibleros. Una
magnífica gala.
"Un Óscar tras otro", mi columna semanal en El Periódico de Aragón de hoy sábado 21 de marzo.
Asimismo, podéis leer la columna "Un Óscar tras otro", de Roberto Malo, en el enlace de la web del Periódico de Aragón que pongo a continuación:
https://www.elperiodicodearagon.com/opinion/2026/03/21/oscar-128225813.html
https://www.elperiodicodearagon.com/opinion/2026/03/21/oscar-128225813.amp.html
miércoles, 18 de marzo de 2026
NOVEDADES DE EDITORIAL PREGUNTA
Estas son nuestras novedades en lo que llevamos de 2026:
· El libro infantil 'Un cuento de regalo', de Roberto Malo y Beatriz Barbero-gil, que es un cuento dentro de un cuento dentro de un cuento.
· 'La inconfundible cicatriz de mi deseo', una antología con los mejores poemas de amor de Begoña Abad.
· El clásico 'Monsieur Teste', del escritor francés Paul Valéry (1871-1945), con traducción y prólogo de Manuel Martínez-Forega. Una indagación filosófica en la identidad y el yo.
· La novela 'Malaria', de José Luis Esteban, una 'road movie' trepidante y divertidísima repleta de personajes inigualables.
· Y, en el sello Frecuencia, 'David Bowie y el espíritu oculto', del editor David Francisco, un viaje por la filosofía y la espiritualidad del famoso cantante inglés.
¿Habéis leído alguno? ¿Qué os han parecido? ![]()
EN LA FERIA DEL LIBRO SALESIANAS
martes, 17 de marzo de 2026
EN LA FERIA DEL LIBRO DE CPI JULIO VERNE
lunes, 16 de marzo de 2026
FOTOS DEL TALLER DE ESCRITURA CREATIVA Y ADAPTACIÓN AL CUENTACUENTOS EN SAN ESTEBAN DE LITERA
domingo, 15 de marzo de 2026
RESEÑAS DE "MALAS IDEAS" (2)
Hay libros que cuentan una historia… y hay otros que te hacen detenerte en mitad del día para pensar.
Malas ideas, de Roberto Malo, pertenece a esos segundos.
No es una novela al uso. Son pequeños textos, casi como chispas: escenas cotidianas, pensamientos inesperados, situaciones que empiezan siendo normales y, de repente, te hacen sonreír o mirar la realidad desde otro ángulo.
Lo curioso es que cada página se lee rápido… pero la idea se queda contigo más tiempo del que imaginas.
En un mundo donde todo va deprisa (es mi caso), encontrar un libro que te invite a parar unos minutos, reflexionar y hasta reírte de lo absurdo de la vida cotidiana, se agradece.
Quizá por eso funcionan tanto estos textos: porque hablan de nosotros, de lo que vivimos cada día, de lo que recordamos, de lo que a veces pasamos por alto.
Si te gustan las lecturas diferentes, breves pero con personalidad, este libro es para ti.
A veces, las mejores historias no necesitan muchas páginas. Solo una buena idea.
Y en este libro… hay muchas.
Porque a veces lo que necesitamos no es una historia muy larga, sino muchas buenas ideas.
Malas ideas forma parte de una colección muy especial junto a Malas firmas y Mala temporada. Para que lo tengáis en cuenta
sábado, 14 de marzo de 2026
"SANTI MALARIA", MI COLUMNA SEMANAL EN EL PERIÓDICO DE ARAGÓN
Esta semana acudí a la presentación de Malaria, la primera novela de José Luis
Esteban, gran actor, dramaturgo y poeta zaragozano. La puesta de largo tuvo
lugar en el salón de columnas de la Fundación Caja Rural de Aragón, un idílico
entorno que se merece una columna. El autor estuvo arropado por el escritor y
periodista Miguel Mena, que comentó el libro con gracia y salero y pinchó siete
temazos musicales como posible banda sonora de la novela, como por ejemplo el Eloise de Tino Casal (el primer famoso
que Miguel Mena entrevistó en la radio, por cierto, según reveló). Asimismo, la
actriz Marisol Aznar leyó magistralmente un capítulo de la novela, dando voz a
Amparo, la exmujer de Santi Malaria, el cantante protagonista y profesional del
desastre, provocando risas y emoción en los asistentes. Jota se veía feliz; habló
de la novela, de los diez mandamientos de Howard Hawks y de todo un poco (y de
lo mucho que escupen los futbolistas, como nota al pie de página). Y se hartó
de firmar ejemplares. La presentación fue un éxito total: como se suele decir, se
agotaron las existencias; se vendieron todos los ejemplares que llevaron desde
la librería General. Y el libro sin duda lo merece: es buenísimo. Se cumple con
creces la conocida máxima: si la portada es buena, el libro es bueno. En este
caso la portada de Óscar Sanmartín Vargas, como ya es habitual en las cubiertas
de la editorial Pregunta, es una maravilla. En ella vemos a un perro de aguas
en llamas. Y refleja a la perfección la escena que abre el libro y el espíritu
del mismo: la mayor parte de la acción transcurre en tres días de agosto abrasadores.
Se trata de una novela negra de ritmo trepidante, divertida y violenta, a lo
Don Winslow, y sus trescientas páginas se devoran en un suspiro. José Luis
Esteban se esfuerza en cumplir el mandamiento fundamental de no aburrir al
lector. Y lo consigue plenamente. La novela es entretenidísima, estructurada
con capítulos cortos que no dan tregua y plagada de personajes carismáticos y
marginales (pícaros, mafiosos, sicarios). Se nota que como dramaturgo domina el
ritmo y la acción y que como actor dota a los personajes de vida y
contradicciones. Sus diálogos y situaciones recuerdan al Tarantino de sus
inicios; la novela tiene ecos de Amor a
quemarropa, pero con Zaragoza y la costa levantina de telón de fondo.
"Santi Malaria", mi columna semanal en El Periódico de Aragón de hoy sábado 14 de marzo.
Asimismo, podéis leer la columna "Santi Malaria", de Roberto Malo, en el enlace de la web del Periódico de Aragón que pongo a continuación:
https://www.elperiodicodearagon.com/opinion/2026/03/14/santi-malaria-127926991.html
viernes, 13 de marzo de 2026
TALLER DE ESCRITURA CREATIVA Y ADAPTACIÓN AL CUENTACUENTOS EN SAN ESTEBAN DE LITERA
11:00 horas
TALLER DE ESCRITURA CREATIVA Y ADAPTACIÓN AL CUENTACUENTOS, CON ROBERTO MALO Y DANIEL TEJERO
Biblioteca Municipal
San Esteban de Litera
(Huesca)
jueves, 12 de marzo de 2026
PERCHA BURLONA
Fermín Domingo había sido ascendido y caminaba sonriente hacia su nuevo despacho. Observó al llegar que un hombre estaba inscribiendo su nombre en el cristal de la puerta. Se sintió orgulloso al leerlo. Pensó que, desde luego, se había merecido el ascenso. Le saludó cortésmente al hombre y entró al interior cerrando la puerta tras de sí. Era un despacho enorme; mucho más grande que el anterior que había ocupado.
Fermín estaba algo excitado; al fin y al cabo, no todos los
días le ascendían a uno. Se sentó en su silla giratoria y, con una sonrisa de
oreja a oreja, observó su gran mesa de mármol negro, la fotografía del fundador
de la empresa, el cuadro abstracto del fondo... Era grande. Un tipo listo. Un
trabajador. Sin duda, pensó fachendosamente, se merecía un despacho así. Se
levantó de la silla, se quitó con parsimonia su abrigo y lo colgó en la percha
de la pared. Después, al volverse hacia la silla, escuchó el leve sonido del
abrigo al caer al suelo. Se volvió y vio el abrigo en el suelo del despacho.
—Vaya, qué descuidado estoy —se dijo sin perder su buen
humor.
Tomó el abrigo y —ahora sí— con sumo cuidado lo volvió a
colgar en la percha. Sin embargo, el abrigo volvió a caer al momento. Fermín lo
vio en el suelo, aturdido, y observó la percha detenidamente: era una vulgar
percha de pared de madera, con cuatro colgaderos de metal. Fermín resopló sin
darle importancia, recogió el abrigo del suelo y lo volvió a colgar en el mismo
colgadero.
—Así, quietecito —dijo entre dientes.
A los dos segundos el abrigo volvió a caer al suelo. Fermín
lo vio caer, asombrado; parecía que sus cejas se quisieran escapar de su
rostro. Tocó instintivamente el colgadero de metal en el que había colgado el
abrigo; parecía firme, seguro. No se podía doblar hacia abajo. No podía dejar
caer el abrigo, pensó extrañamente. Y volvió a colgar el abrigo.
—Ya está —se dijo—. Ahora sí que no...
No pudo terminar la frase. El abrigo cayó al suelo. Sí, de hecho,
le pareció ver que el colgadero se doblaba hacia abajo, dejándolo caer. Pero,
por supuesto, eso no podía haber ocurrido. Tenían que haber sido imaginaciones
suyas. Claro que sí. Eso tenía que ser. Recogió el abrigo del suelo y sin
miramientos lo volvió a colgar, esta vez en otro colgadero. No sirvió de nada.
Volvió a caer al suelo. Al parecer, toda la percha estaba en su contra. No
obstante, Fermín lo intentó otra vez, colgándolo en otro colgadero, pero al
instante ocurrió lo mismo. Estaba visto que la percha no tenía intención de
aguantar ningún peso.
—¡Mierda! —gruñó Fermín—. ¿Qué coño le sucede a esta
percha? —dijo mirándola con fijeza, escrito el odio en sus ojos.
La percha permanecía inmóvil y callada, riéndose de él sin
mover la boca.
¿Qué percha era aquélla, que se negaba a servir para lo que
había sido diseñada? ¿Cuáles eran los motivos para tamaña rebelión? ¿Acaso
añoraba las ropas de su anterior dueño y le quería seguir siendo fiel, a pesar
de que éste ya no estaba? ¿Acaso estaría apenada por la muerte de su anterior
dueño? ¿Acaso sabría que Fermín había mandado asesinar a su anterior dueño para
así conseguir el ascenso y su consiguiente despacho?
Entre tanto, Fermín la seguía observando fijamente,
esperando ver que alguno de sus colgaderos se moviera un poco, delatándola.
Pero no se movían. Nada se movía. Pasados unos minutos Fermín torció el gesto,
sonrió sintiéndose un poco ridículo y volvió a colgar el abrigo en uno de los
colgaderos. Su sonrisa se borró al momento. El abrigo cayó al suelo. La percha
lo dejó caer. Sí, el abrigo no se tiraba porque no quisiera estar colgado. Era
la percha quien lo tiraba.
—No puede ser —susurró Fermín.
Recogió el abrigo del suelo y lo dejó encima de la gran
mesa.
—Veremos quién gana esta batalla —le dijo a la percha con
aire desafiante. Y la tomó de dos de sus colgaderos y tiró de ellos con fuerza,
con tesón, intentando arrancarla de la pared.
—Quizás seas una percha embrujada, una percha maldita, pero
te voy a destrozar —dijo con rabia.
La percha no gritó, no emitió ningún sonido. Estaba bien
ajustada a la pared con dos gruesos tornillos.
—¡Maldita seas! —escupió Fermín, golpeándola.
De repente se abrió la puerta del despacho y entró el
hombre que estaba pintando su nombre.
—¿Qué hace? —inquirió asombrado—. ¿Qué daño le ha hecho la
percha?
Fermín pensó que estaba actuando como un estúpido. Se
sintió peor que si lo hubieran sorprendido golpeando a una vieja.
—No me gusta esta percha —se excusó.
—De acuerdo, no le gusta. Pero no le pegue, ¿vale? —dijo el
hombre severamente.
Fermín asintió, avergonzado.
—Oiga..., ¿puede conseguirme un destornillador? —solicitó
Fermín rápidamente—. Quiero quitar esta percha de mi despacho.
El hombre se rascó la coronilla pensativamente.
—No le entiendo, desde luego que no... En fin..., le traeré
un destornillador si usted quiere —accedió el hombre suspirando, y salió del
despacho a buscarlo.
Fermín se volvió hacia la percha.
—Se acerca tu fin, hija de puta —dijo con desprecio.
Un minuto después, llegó el hombre con el destornillador y
se lo entregó a Fermín. Tras muchos esfuerzos, Fermín consiguió desatornillar
los dos tornillos y despegar la percha de la pared. Radiante de felicidad, con
desbordante alegría, la sostuvo en sus manos como si fuera un trofeo.
—Eres mía —dijo complacido.
Con ella bajo el brazo, salió del despacho, salió de la
empresa y llegó a la calle. Una vez allí, pensó en destrozarla en varias
partes, en arrancar los colgaderos uno a uno, en quemarlo todo. Finalmente,
decidió no hacer nada de eso; le pareció cosa de locos. La dejó sin más dentro
de un cubo de basura.
Después entró de nuevo en la empresa, pasó por su antiguo
despacho (desocupado todavía) y tomó de allí su antiguo perchero. Al entrar en
su nuevo despacho, observó con complacencia el vacío que había en la pared,
donde antes estaba la percha. Colocó allí mismo el perchero. Después cogió el
abrigo de encima de la mesa y lo colgó en un colgadero del perchero.
—No me falles tú también —se dijo Fermín—. No me falles.
El abrigo continuó colgado, fijo e inmóvil; el perchero no lo dejó caer. Fermín sonrió, sintiendo que había vencido la batalla, y contempló con agrado el interior del despacho, pareciéndole maravilloso. Había luchado tanto para conseguirlo... Sonriendo todavía fue hasta su silla giratoria e hizo ademán de sentarse, pero ésta se apartó rápidamente y el hombre cayó al suelo. En ese momento, la gran mesa de mármol negro cayó sobre él.









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