una mosca
una mosca se ha posado en mi brazo
es grande
grande y negra
quiero matarla
quiero aplastarla
pero no puedo
estoy paralizado
tengo todo el cuerpo paralizado
la mosca se mueve
yo no
la odio
la envidio
ella morirá pronto
yo no
blog del escritor
una mosca
una mosca se ha posado en mi brazo
es grande
grande y negra
quiero matarla
quiero aplastarla
pero no puedo
estoy paralizado
tengo todo el cuerpo paralizado
la mosca se mueve
yo no
la odio
la envidio
ella morirá pronto
yo no
Se podría decir que Sara y Jaime formaban un matrimonio
feliz... si no fuera porque Jaime era demasiado celoso. Jaime estaba
obsesionado con la idea de que Sara se la pegaba con otro. Y no lo podía
soportar. “¿Hay otro hombre?”, le preguntaba temeroso. “¡Claro que no!”, respondía
ella, tronchándose de risa. Jaime no aguantaba que les sonriera a sus amigos,
detestaba que hablara sola con otro hombre y, sobre todo, no toleraba estar sin
ella. Estaba convencido de que le engañaba, pero no había ninguna prueba,
ningún miedo en la expresión de ella, nada que le hiciera dudar de su
fidelidad. Estuvo a punto de pagar a un detective para que la espiara, pero no
lo hizo porque pensó: “¿Y si me la pega con el detective?”. Y debido a sus
continuos celos, que como todos saben no traen nada bueno, empezó a sufrir unos
terribles dolores de cabeza. El médico le recetó reposo absoluto, lo que agravó
todavía más su dolor de cabeza, pues al tener que estar constantemente dentro
de la cama no podía controlar a su mujer. “No me dejes solo”, le decía,
simulando estar peor. Sin embargo, una desgraciada mañana se despertó y vio que
ella no estaba. Encima de la mesilla de noche había una nota que decía: “Me voy
a ver a mi madre. Volveré mañana sin falta”. Jaime se sintió morir. “Mentira.
Estará con otro, aprovechando que estoy enfermo”, pensó. Y su cabeza ardió de
manera increíble, formándose un calor craneal impresionante, que se acentuaba
en dos puntos, uno a cada lado de la cabeza. Se levantó trabajosamente de la
cama y se miró en el espejo. Se habían formado dos diminutos bultos en la
cabeza. “¡Me están saliendo los cuernos!”, gritó asombrado. Pero necesitaba una
confirmación, así que llamó a un vidente que le habían recomendado en una
ocasión. “Siempre sospeché que mi mujer me engañaba”, le señaló al adivino en
cuanto llegó, “Ahora, como puede ver, me han salido los cuernos. Quiero saber cuántas veces me ha engañado”, exigió Jaime. “De acuerdo”, accedió
el adivino, conforme. Se sentó en la cama plácidamente, acarició las sábanas
con delicadeza extrema y cerró los ojos. El adivino se estremeció de pronto y
abrió los ojos. “Lo he visto claro”, empezó a decir, “Su mujer... nunca le ha
engañado. Los cuernos que le han salido se deben a otra cosa. Le han salido
porque en usted se está reencarnando un demonio”. “¡Buf!”, resopló Jaime, “No
sabe el peso que me ha quitado de encima”.
"El marido celoso", mi columna semanal en El Periódico de Aragón de hoy sábado 12 de septiembre.
Asimismo, podéis leer la columna "El marido celoso", de Roberto Malo, en el enlace de la web del Periódico de Aragón que pongo a continuación:
https://www.elperiodicodearagon.com/opinion/2026/09/19/marido-celoso-134439138.html
10:00 horas
CUENTACUENTOS DE "EL ÚLTIMO ABORDAJE DE MORGAN EL INVENCIBLE", CON ROBERTO MALO Y DANIEL TEJERO
Colegio Público
Novillas
(Zaragoza)
Todos tenemos alguna cicatriz. La mía, de treinta y tres puntos, tiene su historia. A mis tiernos cuatro años, empujé la puerta de cristal del portal de mi casa por el centro, en vez de girar el pomo como una persona con sentido común, y me la llevé por delante, rompiéndola. Al sacar el brazo de golpe, sin talento, los cristales me rajaron la muñeca por varias partes. De hecho, me cortaron la arteria radial y de la muñeca me empezó a brotar un chorro de sangre monumental. Parecía una fuente sanguinolenta. “Vaya bronca me va a caer”, recuerdo que pensé. Me acerqué a mi madre, que estaba en la calle de espaldas a mí, y le dije como si nada: “Mamá, mira”. Mi madre se volvió y, al observar la parábola de sangre que salía de mi muñeca, chilló aterrada. En ese momento, al ver su cara de horror, me eché a llorar comprendiendo que lo mío era algo gordo. Mis padres pararon un taxi al momento y marchamos a toda prisa hacia el hospital. (Pese a que me cubrieron el brazo como buenamente pudieron, el salpicadero del pobre taxista quedó perdido de sangre.) Los médicos les dijeron a mis padres que me tenían que operar de inmediato y que la cosa no pintaba nada bien. O perdía la mano o me quedaría la mano inútil, les dijeron todo optimistas. Afortunadamente, la operación salió de maravilla y sigo con mi mano derecha, y con una preciosa cicatriz de treinta y tres puntos; una cicatriz muy sexy (para aquellos que ven atractivas las cicatrices, claro). Estando en el hospital, me regalaron unas figuritas de indios y vaqueros (cómo me gustaban). Y ahora, viendo en el cine Toy Story 4 con mis hijos, he recordado nítidamente cuando tenía cuatro años y jugaba con indios y vaqueros. Ay, cómo pasa el tiempo. Sigamos jugando.
https://elecodeloslibres.org/producto/sin-pies-ni-cabeza/
Me encontraba en la Galería de la Academia de Florencia, visitando el David de Miguel Ángel. Sus cinco metros de altura siguen imponiendo como la primera vez que lo visité, hace ya más de treinta años. Noté la galería más luminosa que entonces, eso sí, y con más obras decorando las diversas salas, pero el impacto del David seguía siendo sobrecogedor. Mi primera vez ante el verdugo de Goliat fue con mi chica, de novios, y ahora volvíamos tres décadas después con nuestros hijos para que lo disfrutaran también. Nos sentamos arrobados a pocos metros y nos quedamos en silencio admirándolo, sopesando el tiempo transcurrido y la belleza esculpida en ese mármol blanco divino y eterno. Ver las caras boquiabiertas de todos los visitantes al descubrirlo ante sus ojos suponía también un espectáculo maravilloso. En estas, entró un joven turista y le comentó enfáticamente a su acompañante: “Merece la pena entrar a ver el David. Sale en muchos libros. Y sale en Instagram”. No pude evitar sonreír. Madre mía cómo está el patio. A veces me siento como un ladrón de frases huecas. “Sale en Instagram” da para titular de una columna, pensé para mis adentros. Un buen columnista nunca descansa, ni de vacaciones, y siempre lleva los altavoces encendidos para escuchar cualquier ocurrencia. Y de hecho no dejaban de llegarme a mis oídos comentarios en todo tipo de idiomas. Actualmente, la gente no se calla ni debajo del agua. Una pobre trabajadora de la galería se veía obligada a pedir silencio cada cinco minutos. Una nueva ocupación de nuestro tiempo: silenciador de turistas ruidosos. Hay museos en que esa figura humana —la funcionaria que pone el índice sobre los labios y susurra Shhhh de forma disuasoria— ha sido sustituida por una voz pregrabada que demanda silencio entre intervalos de pocos minutos. Recuerdo perfectamente, aunque hayan pasado más de treinta años, el silencio reverente de todos los asistentes ante esta obra magna de Miguel Ángel. Enmudecías de golpe, sacudido por la belleza. Ahora el impacto puede ser el mismo, pero la gente creo que ha perdido cierto respeto ante el milagro artístico. No solamente un mar de móviles rodea a la obra de arte en todo momento, también un océano de murmullos y comentarios banales la envuelven por todas partes. La magia permanece, pero la trivialidad se hace fuerte a su alrededor.
"Sale en Instagram", mi columna semanal en El Periódico de Aragón de hoy sábado 12 de septiembre.
Asimismo, podéis leer la columna "Sale en Instagram", de Roberto Malo, en el enlace de la web del Periódico de Aragón que pongo a continuación:
https://www.elperiodicodearagon.com/opinion/2026/09/12/sale-instagram-134193067.html
19:00 horas
PRESENTACIÓN DE LA EDITORIAL "EL ECO DE LOS LIBRES" EN MADRID
PRESENTACIÓN DE "SIN PIES NI CABEZA", "VOLARÉ PARA QUE ME VEAS (MARIELA)", "CEMENTERIO DE ASTRONAUTAS Y OTROS POEMAS" Y "LA SEDA DE NUESTROS CUERPOS", CON SUS AUTORES: ROBERTO MALO, ASUN PORTA, ALFONSO ORTIZ REMACHA Y LOURDES ALHAJAS.
Librería Ortiz Marcos
Libros Antiguos
C/Sta. Hortensia, 9
Chamartín, 28002, Madrid
Entrada por C/Baeza
¡Nos vemos en Madrid!
12:30 horas
"LOS GUARDIANES DE LOS CUENTOS", CON DANIEL TEJERO Y ROBERTO MALO
El Olivar
Zaragoza