Salí a la calle con ganas de matar. Era primavera. Y la primavera me altera. Un sol radiante coronaba el cielo. Por la acera, un individuo caminaba hacia mí. Tenía la cara redonda, totalmente blanca, y dos ojos grandes y amarillentos: su cara parecía un huevo frito de dos yemas. Saqué un afilado tenedor de uno de los bolsillos de mi gabardina y se lo clavé en el corazón. El hombre, sobresaltado, cayó al suelo retorciéndose, intentándose desclavar el tenedor desesperadamente. Me agaché sobre él, le saqué sus dos asquerosos ojos con mis propias manos y los tiré al suelo. El hombre gritó como un perro, presa del dolor. Una mujer joven —que caminaba con dos niños pequeños— se abalanzó sobre mí gritándome que estaba loco y me golpeó con una barra de pan en la espalda. No me hizo nada; el pan era del día. Saqué un cuchillo del otro bolsillo y le corté el cuello a la mujer. Los niños que la acompañaban me miraron absortos, inmóviles, con la boca abierta. Me acerqué a uno de ellos y le di una patada en toda la cara. Mi bota quedó alojada dentro de su boca y sus dientes acabaron saliéndole por la nuca. Y al quedarse mi pie derecho descalzo, me quité el calcetín y con él le tapé al otro niño la nariz y la boca, asfixiándolo rápidamente. En esto, un policía gordo vino hacia mí, desenfundando su pistola. Pero yo fui más rápido. En cuestión de un segundo saqué mi pistola y le disparé con segura determinación, agujereándole la cabeza en la zona en la que la gorra y la frente se unen. Cayó muerto a unos metros de mí. Me acerqué a él, le quité su pistola y la guardé en mi cintura. También le quité la porra, y acabé metiéndosela por la boca al tipo que antes le había arrancado los ojos, pues no cesaba de gritar y me estaba empezando a poner nervioso. Otro hombre apareció por la calle. Miró los cadáveres y me miró a mí, como intentando averiguar lo que había sucedido. Se lo expliqué con mucho gusto, vaciando el cargador de mi pistola en su estómago. Se derrumbó sobre la acera, envuelto en sangre. Por otro lado, un anciano apareció. ¿Por qué aparecía tanta gente? Corrí hasta él, le tiré al suelo y le empecé a golpear la cabeza con la culata de mi pistola. Su cráneo se quebró sin ofrecer resistencia, como si fuera de arcilla, y empezó a escupir sangre por todos los lados. Me puse perdido de sangre. Entonces miré al suelo y vi una boca de alcantarilla. Levanté la tapa de acero y con ella aplasté la cabeza del viejo. Me puse de pie, encima de la tapa, y salté con fuerza varias veces. Me aparté y levanté la tapa. Si no fuera porque había un cuerpo tras el amasijo de sangre, carne y huesos, nadie hubiera adivinado que eso había sido una cabeza alguna vez. En ese momento escuché el familiar sonido de una sirena policial. Cogí la tapa de metal y entré en la alcantarilla; la volví a poner en la boca desde dentro y bajé por la escalera que había adosada a la pared. Al llegar al suelo, la oscuridad y un olor bastante desagradable me rodearon. Saqué una linterna de uno de mis bolsillos; estaba preparado para todo. La encendí y empecé a caminar. El fluir del agua llena de mierda y el sonido que producían las ratas me acompañaban. Pronto llegué hasta unas escaleras que daban a otra salida. Subí por ellas y aparté lentamente la tapa. Asomé la cabeza con cuidado. El sonido de los coches llegó a mis oídos. Estaba en mitad de un carril. Vi un coche venir hacia mí. Me erguí, sacando medio cuerpo fuera, saqué la pistola del policía de mi cintura y disparé sobre el conductor. Tuve el tiempo de ver cómo mi bala atravesaba el cristal del coche y la cabeza del conductor. Después me dejé caer al fondo de la alcantarilla y desde el suelo escuché el estrépito del choque del coche contra otros. Sonreí y seguí avanzando por el alcantarillado. No tardé en llegar a otra salida. Subí por ella y, al asomarme y mirar, mis ojos se iluminaron de satisfacción. Veía la entrada de un colegio, y los niños salían en tromba. Saqué una granada de mano de uno de los bolsillos de mi gabardina y la lancé con precisión. Una docena de niños volaron en pedazos. Sonriendo, volví a bajar a mi mundo subterráneo. Me quité la bota que llevaba en mi pie izquierdo y la tiré al agua; andaba algo mal con sólo una bota. Seguí caminando, ya con mayor facilidad. Mis pies descalzos sentían el sucio suelo. Al rato llegué a otra salida. Me enfoqué mi gabardina con la linterna; estaba perdida de sangre. Me la quité y la dejé caer al suelo, ensuciándola todo lo que pude. También ensucié mis manos, que estaban rojas de sangre. Después me volví a poner la gabardina y miré mis pies descalzos: sólo uno de ellos llevaba calcetín. Desde luego, parecía un pordiosero. Subí por las escaleras, aparté la tapa y miré el exterior. Sonreí; un barrio pobre. Salí de mi agujero, volviendo a sentir la luz del sol, y llegué hasta unos cubos de basura. Me senté en el suelo; tenía que descansar. Era primavera. Y la primavera me altera.
miércoles, 25 de marzo de 2026
PRIMAVERA
martes, 24 de marzo de 2026
CUENTACUENTOS DE "EL ÚLTIMO ABORDAJE DE MORGAN EL INVENCIBLE" EN SANTA ENGRACIA
10:00 horas
CUENTACUENTOS DE "EL ÚLTIMO ABORDAJE DE MORGAN EL INVENCIBLE", CON ROBERTO MALO Y DANIEL TEJERO
Pabellón
Santa Engracia
(Zaragoza)
EN RUTAS MUDÉJARES
lunes, 23 de marzo de 2026
FOTOS EN LA FERIA DEL LIBRO DE CPI JULIO VERNE
domingo, 22 de marzo de 2026
FOTOS EN LA FERIA DEL LIBRO DE SALESIANAS
sábado, 21 de marzo de 2026
"UN ÓSCAR TRAS OTRO", MI COLUMNA SEMANAL EN EL PERIÓDICO DE ARAGÓN
La noche comenzó a lo grande, con el presentador Conan
O´Brien travestido como la tía Gladys de Weapons,
parodiando la persecución final de la cinta y metiéndose en las películas
nominadas a la manera de los vídeos espectaculares que se marcaba Billy Crystal
(el mejor anfitrión de la historia) para empezar las galas de los Óscar. Qué
maravilla de arranque, enérgico y descacharrante. Fue el preámbulo perfecto
para que poco después Amy Madigan (la auténtica tía Gladys) se llevara el Óscar
como mejor actriz de reparto, cuarenta años después de su anterior nominación. Hay
que aguantar, hay que resistir, está visto, que a veces a la larga llegan los
reconocimientos de la Academia. Y si no que se lo digan al gran triunfador de
la noche, Paul Thomas Anderson, que tras treinta años de carrera y un sinfín de
nominaciones sin premio, con su décima película, Una batalla tras otra, se llevó sus tres primeros Óscar: mejor
película, dirección y guión adaptado. Su cara lo decía todo cuando sopesó la
estatuilla que premiaba su guión adaptado; por fin en Hollywood lo coronaban.
Le había costado lo suyo. “Escribí esta película para mis hijos”, explicó,
“para pedirles perdón por el mundo que les vamos a dejar. Pero espero que ellos
puedan aportar sentido común y decencia”. La película se llevaría otros tres
premios: montaje, actor de reparto para Sean Penn (que no acudió a recogerlo,
menudo es él) y dirección de casting, nueva categoría largamente reclamada por
la industria. Soy muy fan de PTA, así que salté de alegría con cada galardón
que se llevó la película; disfruté casi tanto como la actriz Teyana Taylor
durante la ceremonia. Me alegró también que Valor
sentimental, de Joachim Trier, ganara en película internacional el primer
Óscar para Noruega en un año en el que todas las finalistas en esa categoría
eran sobresalientes. Y el momento más emotivo de la noche fue el In Memoriam, donde Billy Crystal recordó
a su viejo amigo Rob Reiner, y tras repasar su filmografía aparecieron cerca de
una veintena de actores de sus películas cogidos de la mano como sentido
homenaje. La actriz Rachel McAdams habló de Claudia Cardinale, Diane Ladd,
Catherine O´Hara y Diane Keaton. Y Barbara Streinsand, como brillante colofón, recordó
a Robert Redford y cantó una estrofa de Tal
como éramos, arrancándonos alguna lágrima a los más sensibleros. Una
magnífica gala.
"Un Óscar tras otro", mi columna semanal en El Periódico de Aragón de hoy sábado 21 de marzo.
Asimismo, podéis leer la columna "Un Óscar tras otro", de Roberto Malo, en el enlace de la web del Periódico de Aragón que pongo a continuación:
https://www.elperiodicodearagon.com/opinion/2026/03/21/oscar-128225813.html
https://www.elperiodicodearagon.com/opinion/2026/03/21/oscar-128225813.amp.html
miércoles, 18 de marzo de 2026
NOVEDADES DE EDITORIAL PREGUNTA
Estas son nuestras novedades en lo que llevamos de 2026:
· El libro infantil 'Un cuento de regalo', de Roberto Malo y Beatriz Barbero-gil, que es un cuento dentro de un cuento dentro de un cuento.
· 'La inconfundible cicatriz de mi deseo', una antología con los mejores poemas de amor de Begoña Abad.
· El clásico 'Monsieur Teste', del escritor francés Paul Valéry (1871-1945), con traducción y prólogo de Manuel Martínez-Forega. Una indagación filosófica en la identidad y el yo.
· La novela 'Malaria', de José Luis Esteban, una 'road movie' trepidante y divertidísima repleta de personajes inigualables.
· Y, en el sello Frecuencia, 'David Bowie y el espíritu oculto', del editor David Francisco, un viaje por la filosofía y la espiritualidad del famoso cantante inglés.
¿Habéis leído alguno? ¿Qué os han parecido? ![]()
EN LA FERIA DEL LIBRO SALESIANAS
martes, 17 de marzo de 2026
EN LA FERIA DEL LIBRO DE CPI JULIO VERNE
lunes, 16 de marzo de 2026
FOTOS DEL TALLER DE ESCRITURA CREATIVA Y ADAPTACIÓN AL CUENTACUENTOS EN SAN ESTEBAN DE LITERA
domingo, 15 de marzo de 2026
RESEÑAS DE "MALAS IDEAS" (2)
Hay libros que cuentan una historia… y hay otros que te hacen detenerte en mitad del día para pensar.
Malas ideas, de Roberto Malo, pertenece a esos segundos.
No es una novela al uso. Son pequeños textos, casi como chispas: escenas cotidianas, pensamientos inesperados, situaciones que empiezan siendo normales y, de repente, te hacen sonreír o mirar la realidad desde otro ángulo.
Lo curioso es que cada página se lee rápido… pero la idea se queda contigo más tiempo del que imaginas.
En un mundo donde todo va deprisa (es mi caso), encontrar un libro que te invite a parar unos minutos, reflexionar y hasta reírte de lo absurdo de la vida cotidiana, se agradece.
Quizá por eso funcionan tanto estos textos: porque hablan de nosotros, de lo que vivimos cada día, de lo que recordamos, de lo que a veces pasamos por alto.
Si te gustan las lecturas diferentes, breves pero con personalidad, este libro es para ti.
A veces, las mejores historias no necesitan muchas páginas. Solo una buena idea.
Y en este libro… hay muchas.
Porque a veces lo que necesitamos no es una historia muy larga, sino muchas buenas ideas.
Malas ideas forma parte de una colección muy especial junto a Malas firmas y Mala temporada. Para que lo tengáis en cuenta

















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