10:00 horas
"CUENTOS A PARES", CON ROBERTO MALO Y DANIEL TEJERO
Colegio de Boquiñeni
(Zaragoza)
Miércoles 4 de Febrero
12:00 horas
"CUENTOS A PARES", CON ROBERTO MALO Y DANIEL TEJERO
Colegio de Luceni
(Zaragoza)
blog del escritor
10:00 horas
"CUENTOS A PARES", CON ROBERTO MALO Y DANIEL TEJERO
Colegio de Boquiñeni
(Zaragoza)
Miércoles 4 de Febrero
12:00 horas
"CUENTOS A PARES", CON ROBERTO MALO Y DANIEL TEJERO
Colegio de Luceni
(Zaragoza)
10:00 horas
"CUENTOS A PARES", CON ROBERTO MALO Y DANIEL TEJERO
Colegio de Bárboles
(Zaragoza)
Martes 3 de Febrero
12:00 horas
"CUENTOS A PARES", CON ROBERTO MALO Y DANIEL TEJERO
Colegio de Grisén
(Zaragoza)
10:00 horas
"CUENTOS A PARES", CON ROBERTO MALO Y DANIEL TEJERO
Colegio de Cabañas de Ebro
(Zaragoza)
Lunes 2 de Febrero
12:00 horas
"CUENTOS A PARES", CON ROBERTO MALO Y DANIEL TEJERO
Colegio de Alcalá de Ebro
(Zaragoza)
La bruja Anacleta es una historia divertida y encantadora que juega con la magia, el humor y la imaginación de los más pequeños.🧙✨
https://www.holamonstruo.com/producto/la-bruja-anacleta/
Siendo sólo un niño, Adolfito asombraba ya a todos con
sus estornudos. Cuando estornudaba, parecía que sacudiera a la tierra un
terremoto. El estornudo resonaba como una explosión (más de una copa de cristal
había estallado en mil añicos por el sonido) y los objetos pequeños se
tambaleaban ligeramente, como tocados por el seísmo producido. Sus padres no se
preocupaban en modo alguno; más bien, se divertían con ello. “Estornuda,
hijito”, le decían, “que vea este señor cómo sacudes todo”. No fue hasta que cumplió
veinte años cuando Adolfito —ya Adolfo— tomó conciencia de su peligroso poder.
Fue en una noche de abril, en el interior de un bar de mala muerte. Allí,
Adolfo y sus amigos tuvieron una discusión con el camarero, y él con cierto
enojo estornudó. Todos los vasos, copas y espejos del bar explotaron en
pedazos. El estruendo fue impresionante. Entonces, Adolfo se echó a reír y se
burló del camarero. Y el camarero, que era grande como un armario, salió de la
barra y se lanzó a golpearle. Adolfo era pequeño y delgado; no tenía nada que
hacer contra él. O mejor dicho, tenía algo que hacer. Y lo hizo. Estornudó
hacia el camarero, con todas sus fuerzas, como nunca había estornudado antes.
El miedo y el odio le dieron las fuerzas suficientes. El camarero salió despedido
hacia atrás, volando materialmente, y se estrelló por fin contra la barra. La
noticia se propagó como la pólvora por todo el pueblo. “Lo tumbó de un
estornudo”, decían todos. Esto le dio a Adolfo en qué pensar. Su extraña
capacidad le podía servir como medio de defensa. Sin embargo, también podría
tener otros fines su poder. Por la noche tuvo un extraño sueño. Se aparecía
ante él Thos, el dios bárbaro del viento que mataba a sus enemigos a base de
toses y espasmos, y le decía con aire solemne: “Dejo en ti mi poder”. Adolfo se
despertó en ese momento, resonando esas palabras en su mente. “Sí, tengo un
poder”, pensó. Pero ¿cómo sacarle provecho? Si Adolfo hubiera sido una mala
persona, habría sabido qué hacer. Por ejemplo, entraba en el banco del pueblo y
decía: “¡La pasta o estornudo!”. Sin embargo, esos pensamientos no pasaban por
su cabeza. Lamentablemente, era una persona sin imaginación, y nunca se le
llegó a ocurrir nada. Murió al tiempo de un fuerte resfriado, en el que sepultó
toda su casa sobre sí mismo, sin llegar a sacarle provecho a su maravilloso
poder.
"Estornudos", mi columna semanal en El Periódico de Aragón de hoy sábado 31 de enero.
Asimismo, podéis leer la columna "Estornudos", de Roberto Malo, en el enlace de la web del Periódico de Aragón que pongo a continuación:
https://www.elperiodicodearagon.com/opinion/2026/01/31/estornudos-126271382.html
19:00 horas
"¡Eco, eco!", cuentos ecológicos, con Roberto Malo y Daniel Tejero
Ribaforada
(Navarra)
https://www.holamonstruo.com/producto/la-bruja-anacleta/
En este país la puntualidad no cotiza en bolsa. No se nos da nada bien. Debe de ser patrimonio de los británicos. Por ello, cuando llego a alguna reunión en punto, o´clock, suelo bromear diciendo “La puntualidad tiene un nombre”, dándome importancia ufanamente. Y ya sé que presumir de puntualidad está muy feo, es como presumir de ser guapo. Al fin y al cabo, la puntualidad y la hermosura nos vienen de nacimiento. Hay quien lo duda y pregunta: el puntual, ¿nace o se hace? Pues nace, claro que sí. Hay hasta una teoría que lo explica, según la cual el momento del alumbramiento marca nuestra vida. No es broma, no. El instante del nacimiento nos condiciona a todos. Pondré un ejemplo muy revelador, para aquellos escépticos por naturaleza: todos tenemos algún amigo —bendito sea— que siempre que quedas con él llega media hora antes al lugar de la cita. No lo tienes que esperar nunca. Siempre está ahí. Llega pronto a todos los sitios, y además no lo puede evitar. ¿Sabéis por qué? Porque nació sietemesino, nació antes de tiempo, y eso le marcará para siempre. Por el contrario, todos tenemos algún otro amigo —maldita sea su estampa— que siempre llega una hora tarde cuando quedamos con él. Como ya lo conocéis, ¿verdad?, cuando quedáis en grupo, a él le decís que habéis quedado media hora antes, para así por lo menos no tener que esperarle demasiado. No obstante, aun así, siempre llega tarde el muy desgraciado. ¿Sabéis la razón de su tardanza pertinaz? Preguntadle cuándo nació. Me juego una cena a que nació a los nueve meses y medio si me apuras. Tardó en nacer, sí, y eso le ha marcado la vida. Llegará tarde a todas partes. En mi caso nací a los nueve meses, como un clavo, y claro, la puntualidad tiene un nombre.
Recuerdo la primera reseña
cinematográfica que escribí. Fue en el periódico del colegio, en el año 1985.
La película elegida fue Jo, ¡qué noche!,
de Martin Scorsese, que había visto unos días antes. Siempre he sentido
debilidad por Scorsese, toda su filmografía es gloria bendita, pero a esa cinta
en concreto le tengo mucho cariño. Dura apenas hora y media (algo extraño en el
bueno de Martin) y, si bien no es de sus películas mejor valoradas, me parece una
comedia negra magistral, divertidísima y muy original, donde un pobre hombre
sufre toda una suerte de desgracias sin fin en una noche loca e inolvidable. No
conservo la crítica, pero creo recordar que me referí a ella como una “deliciosa
película pesadillesca”. Sí, el subgénero pesadillesco me encanta. Adoro las películas
delirantes, angustiosas, surrealistas, donde el humor más negro y el terror
psicológico se dan la mano y nos abren la mente por completo. A propósito de
todo esto, esta semana he ido al cine y he visto una gran película que también
podría entrar en ese peculiar grupo de obras pesadillescas. Se trata del filme Si pudiera, te daría una patada, escrito
y dirigido brillantemente por Mary Bronstein. La protagonista es una pobre
mujer cuya vida se derrumba literalmente (el techo se le cae encima como clara
metáfora) mientras intenta lidiar con la extraña enfermedad de su hija (que la
cámara deja siempre fuera de plano, por cierto, centrando el foco en el
sufrimiento de la cuidadora en vez de en la enferma). Por otro lado, el marido
está ausente, no le ofrece ninguna ayuda, y solamente escuchamos sus
recriminaciones y protestas a través del teléfono. Y para más inri, la mujer es
psicóloga y tiene que escuchar los problemas de otras mujeres en situaciones
muy parecidas a la suya, y, al mismo tiempo, rizando el rizo, ella tiene que
concertar sesiones con otro terapeuta para intentar superar sus propios
problemas. Todo el peso de la película cae sobre su protagonista, una
arrolladora y descomunal Rose Byrne en la mejor interpretación de su carrera.
Por este papel ha ganado el Oso de Plata a la mejor interpretación en el
Festival de Cine de Berlín, el premio a la Mejor Actriz en el Festival de Cine
de Sitges y el Globo de Oro a la Mejor Actriz de Comedia o Musical. Y por
supuesto está nominada al Óscar. No es la favorita, pero sin duda su
interpretación es de Óscar. No se la pierdan.
"Película pesadillesca", mi columna semanal en El Periódico de Aragón de hoy sábado 24 de enero.
Asimismo, podéis leer la columna "Película pesadillesca", de Roberto Malo, en el enlace de la web del Periódico de Aragón que pongo a continuación:
https://www.elperiodicodearagon.com/opinion/2026/01/24/pelicula-pesadillesca-126011334.html
Hoy he recogido en mi buzón una extraña e inquietante carta. Un sobre
blanco sin dato alguno en cuyo interior había una sola hoja que decía así: TE VOY A INVADIR. No aparecía nada
más, ni firma ni explicación alguna. Las letras estaban realizadas a mano, con
bolígrafo de tinta negra y un tipo de letra de palo bastante impersonal, y
ocupaban el centro del folio como para que el mensaje quedara bien claro. Y lo
cierto es que me había llegado bien claro. Si alguien quería asustarme, lo
había conseguido con creces. Tras releer el mensaje, sintiendo un sudor frío en
la nuca, había observado la calle a través del portal, por si la persona que
había dejado la nota me estuviera vigilando. Aparentemente, nadie de la calle
reparaba en mí, o al menos eso me pareció en un primer vistazo. Observé
asimismo los demás buzones de mi bloque, con la vana esperanza de que otros
sobres blancos aparecieran en ellos también, como una broma colectiva para
todos los vecinos o algo así, pero no tuve semejante suerte. Al parecer,
solamente el mío había cobijado el maldito sobre con su alarmante mensaje
interior. Y el mensaje iba dirigido a mí, sin ninguna duda, ya que vivo solo y
lógicamente sólo figura mi nombre en el buzón. Rafael García Costa, 3º
B. Así figuro en mi buzón. Así me llamo ahora. Antes tenía otro nombre.
Antes. Parece que haya pasado toda una vida desde entonces. Y de alguna manera,
así ha sido. En mi otra vida fui un testigo inoportuno. Presencié un asesinato,
de una persona muy importante. Y testifiqué. Entré en un programa de protección
de testigos, y cambié de identidad y de ciudad y de país. Me dejé barba, me
dejé el pelo largo, me dejé de cuidar… Me eché a perder. Me abandoné,
literalmente. Aprendí a olvidar, a empezar de cero. Conseguí otro trabajo, hice
nuevos amigos, nuevas relaciones. Sin embargo, de vez en cuando no puedo evitar
mirar atrás y observar con recelo el horizonte, temiendo que me descubran en
cualquier momento. ¿Me habrán reconocido? ¿Estaré en peligro? Seguro que sí, me
habrán reconocido y ahora vienen a por mí. Antes o después, el destino viene a
por nosotros. A veces avisa, a veces no. Bueno, si avisa por lo menos me da la
oportunidad de estar preparado. Aunque para según qué asuntos uno nunca está
preparado. Me armaré de paciencia, y de lo que haga falta, y esperaré la
invasión.
"Nota amenazante", mi columna semanal en El Periódico de Aragón de hoy sábado 17 de enero.
Asimismo, podéis leer la columna "Nota amenazante", de Roberto Malo, en el enlace de la web del Periódico de Aragón que pongo a continuación:
https://www.elperiodicodearagon.com/opinion/2026/01/17/nota-amenazante-125759113.html