El otro día me preguntaron que cuál
era mi columna favorita, de entre todas las que había escrito. Y respondí (por
decir algo, lo admito) que mi mejor columna todavía está por escribir. Y me
quedé tan ancho. Sin embargo, también me quedé con la mosca detrás de la oreja,
ciertamente. Era una buena pregunta. Tal vez tendría que pensar bien la
respuesta. Así que una vez en casa le di unas cuantas vueltas a una posible
respuesta sincera, pero no llegué a ninguna conclusión plenamente satisfactoria.
En honor a la verdad, le tengo mucho cariño a algunos de los primeros artículos
que escribí, con esa inconsciencia y emoción de los inicios (hay que ser muy inconsciente
para aceptar escribir columnas en un periódico, desde luego), y en estos siete
años y medio que llevo como columnista hay unas cuantas de las que me siento bastante
orgulloso, pero tampoco como para tirar cohetes. Estimo que es difícil destacar
alguna en concreto, en resumidas cuentas. Supongo que uno siempre busca
escribir la mejor columna del mundo, pero nunca se consigue. Escuché decir hace
unas semanas a Juan José Millás que él en una entrevista comentó que anhelaba
escribir la columna perfecta, para así con ella acabar con el columnismo, pero
que, debido a su lengua de trapo, la periodista publicó al día siguiente la
transcripción de la siguiente manera: “Espero escribir la columna perfecta,
para así acabar con el comunismo”. Millás sonreía explicando que él nunca
querría acabar con el comunismo, por favor, nada más lejos de su intención. Y
nada más lejos de mi intención el escurrir el bulto, pero es como cuando te
preguntan que a qué hijo quieres más. A ver, uno quiere a todas sus criaturas
por igual, cada una tiene su historia, su intrahistoria dentro de la historia.
Me ocurre lo mismo cuando me preguntan por mi novela favorita de entre todas la
que he escrito, o mi libro de relatos favorito, o mi cómic favorito o mi cuento
infantil favorito. Resulta casi imposible escoger a uno en particular; en mi
caso suelo esgrimir que le tengo más cariño tal vez a las primeras
publicaciones que he tenido en cada género literario, por eso de la novedad y del
valor sentimental de los iniciales pasos en el proceloso mundillo editorial. Pero
mi columna definitiva, me repito y me reafirmo tras darle esta vuelta, está
todavía por escribir.
"La columna definitiva", mi columna semanal en El Periódico de Aragón de hoy sábado 11 de julio.
Asimismo, podéis leer la columna "La columna definitiva", de Roberto Malo, en el enlace de la web del Periódico de Aragón que pongo a continuación:
https://www.elperiodicodearagon.com/opinion/2026/07/11/columna-definitiva-132340170.html
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