El otro día me propusieron prologar
una antología. Y al día siguiente, curiosamente, me propusieron prologar otra
publicación. También es casualidad; es como si en el ambiente flotara mi nombre
como posible e ideal prologuista. En los dos casos dije que sí. Ay, tendría que
aprender a decir que no. Hay que decir que “no” mucho más. Hace poco el actor
Antonio Banderas comentaba en una entrevista que un agente que tuvo en Estados
Unidos le dijo que las carreras de los grandes actores no estaban marcadas por
los síes que habían dado sino por los noes. El propio Banderas reconocía que
dicho agente tenía razón en esa apreciación pero que él asumía que se había
visto en la necesidad de decir que sí a muchos trabajos porque básicamente tenía
que comer. En el fondo, me imagino, le costaba mucho decir que no a un trabajo.
A mí me sucede igual, me cuesta mucho decir que no, aunque en este caso en
concreto de los prólogos no estemos hablando de un trabajo propiamente. Sin embargo,
si te lo piden los amigos, ¿cómo vas a decirles que no? Para eso está la
amistad, caramba. Al fin y al cabo, escribir un prólogo tampoco te lleva mucho
tiempo, se escribe en un momento en la mayoría de las ocasiones. Y por otro
lado, como casi todo el mundo tiende a saltarse los prólogos, tampoco tienes
mucha presión a la hora de escribirlo. La gente no suele esperar nada del
prologuista. Y me encanta, por cierto, la palabra prologuista. Creo que tendría
que añadir este “ista” a mi currículum: cuentista, guionista, columnista,
letrista… y ahora prologuista, claro que sí. Si eres escritor, antes o después
te va a tocar escribir un prólogo, esto es así, y si no eres escritor, pues es
muy fácil que también te toque hacerlo, así que esta columna te interesa,
querido lector. ¿Cómo escribir un buen prólogo si te encargan uno? Bueno, tienes
total libertad para hacerlo a tu manera, como mejor veas o entiendas. Colar un
cuento como prólogo, por ejemplo, siempre queda la mar de bien. Ayuda también
leer antes el libro, pero a veces no es necesario siquiera. ¿Y de qué te puede
servir el haber escrito muchos prólogos? Bueno, luego puedes juntarlos todos y
publicar un libro con ellos, como hizo Jorge Luis Borges con su obra Prólogos con un prólogo de prólogos,
donde reunió cuarenta prólogos que había escrito para diversos libros. Si
alguien se anima a hacer algo parecido, le escribo el prólogo.
"El prologuista", mi columna semanal en El Periódico de Aragón de hoy sábado 21 de febrero.
Asimismo, podéis leer la columna "El prologuista", de Roberto Malo, en el enlace de la web del Periódico de Aragón que pongo a continuación:
https://www.elperiodicodearagon.com/opinion/2026/02/21/prologuista-127082731.html
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