Hoy he recogido en mi buzón una extraña e inquietante carta. Un sobre
blanco sin dato alguno en cuyo interior había una sola hoja que decía así: TE VOY A INVADIR. No aparecía nada
más, ni firma ni explicación alguna. Las letras estaban realizadas a mano, con
bolígrafo de tinta negra y un tipo de letra de palo bastante impersonal, y
ocupaban el centro del folio como para que el mensaje quedara bien claro. Y lo
cierto es que me había llegado bien claro. Si alguien quería asustarme, lo
había conseguido con creces. Tras releer el mensaje, sintiendo un sudor frío en
la nuca, había observado la calle a través del portal, por si la persona que
había dejado la nota me estuviera vigilando. Aparentemente, nadie de la calle
reparaba en mí, o al menos eso me pareció en un primer vistazo. Observé
asimismo los demás buzones de mi bloque, con la vana esperanza de que otros
sobres blancos aparecieran en ellos también, como una broma colectiva para
todos los vecinos o algo así, pero no tuve semejante suerte. Al parecer,
solamente el mío había cobijado el maldito sobre con su alarmante mensaje
interior. Y el mensaje iba dirigido a mí, sin ninguna duda, ya que vivo solo y
lógicamente sólo figura mi nombre en el buzón. Rafael García Costa, 3º
B. Así figuro en mi buzón. Así me llamo ahora. Antes tenía otro nombre.
Antes. Parece que haya pasado toda una vida desde entonces. Y de alguna manera,
así ha sido. En mi otra vida fui un testigo inoportuno. Presencié un asesinato,
de una persona muy importante. Y testifiqué. Entré en un programa de protección
de testigos, y cambié de identidad y de ciudad y de país. Me dejé barba, me
dejé el pelo largo, me dejé de cuidar… Me eché a perder. Me abandoné,
literalmente. Aprendí a olvidar, a empezar de cero. Conseguí otro trabajo, hice
nuevos amigos, nuevas relaciones. Sin embargo, de vez en cuando no puedo evitar
mirar atrás y observar con recelo el horizonte, temiendo que me descubran en
cualquier momento. ¿Me habrán reconocido? ¿Estaré en peligro? Seguro que sí, me
habrán reconocido y ahora vienen a por mí. Antes o después, el destino viene a
por nosotros. A veces avisa, a veces no. Bueno, si avisa por lo menos me da la
oportunidad de estar preparado. Aunque para según qué asuntos uno nunca está
preparado. Me armaré de paciencia, y de lo que haga falta, y esperaré la
invasión.
"Nota amenazante", mi columna semanal en El Periódico de Aragón de hoy sábado 17 de enero.
Asimismo, podéis leer la columna "Nota amenazante", de Roberto Malo, en el enlace de la web del Periódico de Aragón que pongo a continuación:
https://www.elperiodicodearagon.com/opinion/2026/01/17/nota-amenazante-125759113.html
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