Hoy en día con los móviles se pierde
mucho el tiempo. Te pones a mirar alguna noticia, saltas a la siguiente y pasan
minutos y minutos sin que te des apenas cuenta. El tiempo se diluye, se expande
sin remedio. Los móviles tienen mucho peligro. Te enganchas a su influjo y flujo
de información torrencial de la manera más tonta. Hay que apagarlos, hay que
alejarse de ellos. Hay que ponerlos en modo avión, aunque no vayamos en un avión.
Ya me gustaría a mí ir en un avión, ya, con sus turbulencias y todo. En un
avión el tiempo pasa volando, que es una maravillosa forma de pasar el tiempo.
Nada que ver con el tiempo que se tira uno mirando como un bobo el móvil. Con
los móviles se pierde mucho el tiempo, ya digo. De hecho, creo que hemos
perdido el tiempo, literalmente, desde que usamos los móviles. Ya no usamos
relojes de pulsera, por ejemplo. ¿Para qué llevar un reloj encima, siendo que
el móvil lleva la hora incorporada? Hemos perdido los relojes en favor de los móviles.
Lo que no tiene mucho sentido si lo piensas un poco, pero es lo que hay. A ver,
el móvil, como teléfono, está bien; como pantalla, tiene su aquel; pero como
reloj, sinceramente, es feo, no tiene el encanto de un reloj de verdad. Sin
embargo, le ha ganado la batalla por goleada. Yo mismo abandoné el reloj hace ya
muchos años, al igual que lo hicieron los demás miembros de mi familia. Para
empezar, en mi casa todos los despertadores fueron reemplazados por los móviles.
¿Quién se compra un despertador en estos tiempos? Para eso están los móviles, ¿verdad?
El primero en sonar por la mañana es el de mi hija, por cierto, que nos
despierta a todos (menos a ella, que duerme como un lirón). Me levanto, le
enciendo la luz, le digo que se levante, que está sonando el despertador, pero
ella apenas logra abrir los ojos pese a la matraca de la alarma del móvil sonando
a todo trapo. Acabo sacándola de la cama casi a rastras, en el mejor de los
casos, así que un servidor es el auténtico despertador de la casa, y no el inútil
móvil. Quince minutos después suena el móvil de mi hijo, que tampoco consigue
sacarlo de la cama. Le enciendo la luz también y le anuncio que ya es la hora,
momento que aprovechan las gatas para saltar sobre él maullando. Con sus carantoñas
y maullidos logran sacarlo de la cama sin problemas, así que ellas son las verdaderas
despertadoras de la casa. Bravo por su energía y movilidad.
"Los despertadores", mi columna semanal en El Periódico de Aragón de hoy sábado 7 de noviembre.
Asimismo, podéis leer la columna "Los despertadores", de Roberto Malo, en el enlace de la web del Periódico de Aragón que pongo a continuación:
https://www.elperiodicodearagon.com/opinion/2026/11/07/despertadores-136169896.html
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