Me encontraba en la Galería de la Academia de Florencia, visitando el David de Miguel Ángel. Sus cinco metros de altura siguen imponiendo como la primera vez que lo visité, hace ya más de treinta años. Noté la galería más luminosa que entonces, eso sí, y con más obras decorando las diversas salas, pero el impacto del David seguía siendo sobrecogedor. Mi primera vez ante el verdugo de Goliat fue con mi chica, de novios, y ahora volvíamos tres décadas después con nuestros hijos para que lo disfrutaran también. Nos sentamos arrobados a pocos metros y nos quedamos en silencio admirándolo, sopesando el tiempo transcurrido y la belleza esculpida en ese mármol blanco divino y eterno. Ver las caras boquiabiertas de todos los visitantes al descubrirlo ante sus ojos suponía también un espectáculo maravilloso. En estas, entró un joven turista y le comentó enfáticamente a su acompañante: “Merece la pena entrar a ver el David. Sale en muchos libros. Y sale en Instagram”. No pude evitar sonreír. Madre mía cómo está el patio. A veces me siento como un ladrón de frases huecas. “Sale en Instagram” da para titular de una columna, pensé para mis adentros. Un buen columnista nunca descansa, ni de vacaciones, y siempre lleva los altavoces encendidos para escuchar cualquier ocurrencia. Y de hecho no dejaban de llegarme a mis oídos comentarios en todo tipo de idiomas. Actualmente, la gente no se calla ni debajo del agua. Una pobre trabajadora de la galería se veía obligada a pedir silencio cada cinco minutos. Una nueva ocupación de nuestro tiempo: silenciador de turistas ruidosos. Hay museos en que esa figura humana —la funcionaria que pone el índice sobre los labios y susurra Shhhh de forma disuasoria— ha sido sustituida por una voz pregrabada que demanda silencio entre intervalos de pocos minutos. Recuerdo perfectamente, aunque hayan pasado más de treinta años, el silencio reverente de todos los asistentes ante esta obra magna de Miguel Ángel. Enmudecías de golpe, sacudido por la belleza. Ahora el impacto puede ser el mismo, pero la gente creo que ha perdido cierto respeto ante el milagro artístico. No solamente un mar de móviles rodea a la obra de arte en todo momento, también un océano de murmullos y comentarios banales la envuelven por todas partes. La magia permanece, pero la trivialidad se hace fuerte a su alrededor.
"Sale en Instagram", mi columna semanal en El Periódico de Aragón de hoy sábado 12 de septiembre.
Asimismo, podéis leer la columna "Sale en Instagram", de Roberto Malo, en el enlace de la web del Periódico de Aragón que pongo a continuación:
https://www.elperiodicodearagon.com/opinion/2026/09/12/sale-instagram-134193067.html
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