sábado, 27 de junio de 2026

"EN EL TRANVÍA", MI COLUMNA SEMANAL EN EL PERIÓDICO DE ARAGÓN

Subir al tranvía supone siempre una aventura. Te puedes encontrar cualquier cosa en su interior. Por ejemplo, una improvisada pasarela de moda. El otro día, cinco modelos desfilaron por el pasillo del vehículo ante el asombro de los viajeros, mostrando el talento y la creatividad de los alumnos del Centro Superior de Diseño Hacer Creativo, entre las paradas de Gran Casa y Parque Goya. No había muchos pasajeros en ese momento en el tranvía, así que se pudo realizar el desfile con cierta comodidad y elegancia. Yo aprovecho el trayecto en el tranvía para leer, siempre llevo algún libro encima, pero hay veces en que lo que te encuentras sin venir a cuento hace que pospongas la lectura para otro momento. Yo mismo participé hace unos años en el programa Para, mira, lee, una colaboración entre el Ayuntamiento de Zaragoza y el Patronato de Bibliotecas y Educación, donde las paradas de los tranvías se transformaban en pequeñas bibliotecas ambulantes, ofreciendo a los ciudadanos la oportunidad de disfrutar de un buen libro durante los viajes en tranvía y en casa, y donde dentro del tranvía varios animadores realizábamos juegos y contábamos cuentos para pasmo y regocijo de los ocasionales pasajeros. Qué bien lo pasamos, madre mía, animar a leer en cualquier lado es muy satisfactorio, y la gente lo cierto es que se lo tomaba muy bien. Supongo que es algo normal. A mí mismo me encanta ver trabajar a la gente en el tranvía, realizando labores cuando menos curiosas. Y no me refiero a los revisores, no, que ejercen su función diligentemente y con gran profesionalidad. Me refiero a otro tipo de labores, que a veces pasan más desapercibidas. Por ejemplo, el otro día vi a un contador de pasajeros, que apostado al lado de una de las puertas del tranvía contabilizaba en una carpeta el número de pasajeros que entraban y salían en cada parada. No pude evitar acercarme y charlar con él. Era todo un artista, en los márgenes de la hoja tabulada dibujaba un galeón pirata, añadiéndole detalles entre parada y parada. Los números de los pasajeros que subían y bajaban los trazaba con una caligrafía preciosa, daba gusto verlo anotar. No le molesté demasiado; al fin y al cabo, estaba trabajando y no le quería importunar mientras contaba a los viajeros, pero me despedí de él cuando me tocó bajar. “Me bajo aquí”, le dije, “Cuéntame”.


"En el tranvía", mi columna semanal en El Periódico de Aragón de hoy sábado 27 de junio.

Asimismo, podéis leer la columna "En el tranvía", de Roberto Malo, en el enlace de la web del Periódico de Aragón que pongo a continuación:

https://www.elperiodicodearagon.com/opinion/2026/06/27/tranvia-131851657.html


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