domingo, 13 de mayo de 2012

"LA MADRE DEL HÉROE", FINALISTA DEL PREMIO KIRICO



Estimados amigos,
Los libreros del grupo Kirico han escogido, a lo largo del año 2011, los libros que más les han gustado para la franja de edad de 6 a 8 años. El ganador de esta segunda edición del Premio Libro Kirico ha sido El cuento del carpintero, de Iban Barrenetxea, publicado por A buen paso.

Junto al ganador, hay otros nueve títulos que han quedado finalistas y los hemos recogido en esta guía que os hacemos llegar, en la que se encuentra  La madre del héroe (OQO).

La tirada de la guía es de 20.000 ejemplares que se distribuirán en las 90 librerías Kirico y en la Feria del libro de Madrid, donde tendrá lugar la entrega del premio. Además, las librerías montarán escaparates para dar todo el protagonismo a estos 10 libros y en algunos casos se harán sesiones de narración para destacar algunos títulos.
  
Adjuntamos aquí la guía, que también está disponible en http://www.clubkirico.com/gtk_archivos/premio_KIRICO_2012.pdf

Un cordial saludo,
Club Kirico


 
La desmitificación de los héroes, tan propia de la modernidad, se ve reflejada en los libros infantiles a través de los cambios en los roles tradicionales de los personajes de los cuentos. Aquí nos encontramos con un héroe cuya madre, posesiva y mandona, le salva de varios trances. Con un lenguaje muy coloquial y anacrónico se logra el humor necesario para que resulte divertido.

Una sutil sátira sobre la madre hiperprotectora que intenta resolver cualquier obstáculo que se interponga en la felicidad de sus hijos.
Librería Diógenes

Homenaje a las madres que siempre sacan fuerza y valor para ayudar y proteger a sus hijos.
Librería El Búho lector

Refleja muy bien a las madres de hoy en día, un héroe que de vez en cuando te gustaría tener cerquita.
Librería Qüentum


jueves, 10 de mayo de 2012

EL MONSTRUO DE LAS NARICES



Jacinto se peinaba a conciencia ante el espejo del baño (era primavera), cuando creyó ver algo rojo que se movía en las ventanas de su nariz.
Sorprendido, se fijó en su reflejo y, fuera lo que fuese lo que le había parecido ver, desapareció.
¿Se movía algo dentro de su nariz? ¿Y el qué era? ¿Acaso un moco algo inquieto?
No, no; era rojo lo que había creído ver. ¿Un coágulo de sangre acaso?
Elevando el cuello, Jacinto se volvió a fijar en los orificios de su tabique nasal. ¿Había algo ahí dentro?
Sonrió al espejo, pensando que sin duda había sido una absurda visión, un falso reflejo, y siguió peinándose despreocupadamente.
Pero de pronto, sin saber cómo, sintió que algo caminaba sin pies por el interior de su napia. Alzó el cuello, alarmado, y volvió a observar con atención los dos agujeros. Y vislumbró algo rojo que se escondió apresuradamente en las profundidades de sus fosas nasales.
¡Dios!, ¿qué era aquello?
Sacó rápidamente un pañuelo del bolsillo del pantalón y empezó a sonarse con rabia, intentando expulsar a toda costa aquello que anidaba en su interior.
Se sonó con fuerza, varias veces, pero nada salió. Lo que fuera, se aferraba con tesón.
Desesperado, Jacinto hurgó con un dedo en su busca; y su dedo sintió algo, algo que se escapó velozmente, alejándose como un travieso y agitado moco. Hurgó asimismo por el otro orificio, buscándolo enérgicamente, metiendo el dedo todo lo que la nariz le daba de sí. Después se volvió a sonar con todas sus fuerzas, soplando briosamente por los orificios, sacando tormentosos huracanes de aire.
Pero todo era en vano. El ser rojo que habitaba en las cavernas de la nariz se aferraba a las paredes como una lapa.
Encolerizado, Jacinto tomó su cepillo de dientes. Con furia y determinación, lo metió por la parte que acaba en punta. Al hacerlo notó cómo el plástico del cepillo aplastaba algo en el interior de las fosas nasales.
¿Lo habría matado?
Jacinto se sacó el cepillo con sumo cuidado. A modo de respuesta, empezó a manar sangre de los agujeros de su nariz.
¿Sería sangre del monstruo rojo?
“Sí, lo he matado. He acabado con él”, pensó Jacinto con optimismo, mirándose en el espejo y apoyándose con las manos en el lavabo.
Pero de súbito sintió que algo escalaba velozmente por los conductos internos de su nariz.
Y entonces sintió su cabeza estallar. Y la sangre empezó a manar de sus ojos, de sus oídos, de su boca...
Horrorizado, se miró en el espejo, viendo su rojo reflejo; sus ojos veían todo escarlata.
Pero pronto dejaron de ver. Su cabeza cedió, explotando por mil puntos internos, y se derrumbó –doblándose su cuerpo como si fuera de papel- sobre el espejo, quebrándolo con la frente y cayendo después al lavabo, llenándolo de cristales rotos y agua roja. Acabó tendido por fin sobre el suelo del baño, sintiendo que, aunque su vida se apagaba como la efímera llama de una vela, algo vivo seguía latiendo y agitándose en su interior.


Al cabo de dos horas, Jacinto se había desangrado por completo. Toda su sangre había salido ya al exterior. En el interior del baño no había ni una gota de sangre. Ahora, sus casi cinco litros de sangre avanzaban por el pasillo como una mancha compacta, deslizándose como una ola, como un mar, como un ejército rojo, guiados por un gran coágulo de sangre que parecía ser su jefe, sintiéndose felices, dichosos, libres ya de la cárcel de carne del hombre.


lunes, 7 de mayo de 2012

FOTOS DE LA FERIA DEL LIBRO DE CALATAYUD

Este sábado 5 de Mayo estuve en la I Feria del Libro de Calatayud, disfrutando y firmando un montón. En la fotografía, David y Roberto, llevando "Asesinato en el club nudista" (Nalvay) a lo más alto.

En la fotografía, con Javi y Antonio, en el stand de Mira, firmando "Maldita novela", "La luz del diablo" y "Nuevas leyendas aragonesas".

En la fotografía, Roberto Malo y Amaya Felices, que acabó agotando sus existencias. 

En la fotografía, José Ángel Monteagudo, Roberto Malo y Javier Aguirre, compañeros de la Colección Cantela de Certeza.

En la foto, Blanca Langa y Roberto Malo. 

Luis Zueco, María Dolores Tolosa y Roberto Malo en el stand de Mira.

En la imagen, Trinidad Marcellán, Maite Diloy y Roberto Malo.

En la fotografía, el editor José Vicente Zalaya y Roberto Malo firmando la quinta reimpresión del libro de relatos "Malos sueños".

Por la tarde estuve contando el cuento de "Tanga y el gran leopardo".

El público asistente al cuento en la Feria.

Y luego aprovecharía para firmar Tangas. Qué bien queda eso de gritar al librero "¡Cóbrame un tanga!", creando ambiente de mercadillo.

La verdad es que agoté las existencias de Tangas... Me encanta que se siga vendiendo bien.

En la fotografía, con Chesús Yuste, que tuvo la amabilidad de tirar alguna foto en el momento de las firmas.

En la foto, con José Antonio Videgaín, arrasando con el Curso Oregonés para foranos, y un sonriente (no es para menos) Joaquín Casanova.

En la foto, el gran Ángel Guinda y Roberto Malo, esclavos de la promoción.

En la foto, Roberto Malo y Kristina Martínez, el alma de la Feria. ¡Viva Donde los Libros! Mil gracias por todo, estuvo genial (y qué bien comimos). El próximo año más. ¡Hasta otra!


viernes, 4 de mayo de 2012

RESEÑAS DE "TANGA Y EL GRAN LEOPARDO" (19)

Reseña de "Tanga y el gran leopardo" (Comanegra, 2009) en Orienta Tierra. Pongo el enlace a continuación:


El pasado Día del Libro estuve firmando Tangas sin parar. En la fotografía, Sandra Andrés y Roberto Malo.

Hace unos días estuve contando "Tanga y el gran leopardo" en el colegio Alfredo Muiños de Remolinos. 

Detalle de los dibujos que realizaron los alumnos sobre el libro. Las fotografías son cortesía de Ainhoa Perales. Mil gracias.

Original acróstico que realizaron a partir de mi nombre.

Momento del casting con la chiquillería. Podéis ver más fotos y un comentario de la actividad en el siguiente enlace:


Asimismo, la semana pasada estuve contando "Tanga y el gran leopardo" en la biblioteca de Alfaro (La Rioja).

Un momento de la representación del cuento con los chavales.

También estuve contando el cuento en la Casa de Cultura de Arnedo. En la fotografía, un momento de la representación con los chiquillos.

La compañía improvisada saludando al público y recibiendo una merecida ovación.

También la semana pasada estuve contando "Tanga y el gran leopardo" en Cornago. 

Un momento de la representación con los actores seleccionados.

El baile final, como brillante cierre de la actuación.

En la fotografía, Roberto Malo contando "Tanga y el gran leopardo". La fotografía es obra de Verónica Leonetti.


miércoles, 2 de mayo de 2012

EN LA FERIA DEL LIBRO DE CALATAYUD

El sábado 5 de Mayo estaré firmando mañana y tarde en la I Feria del Libro de Calatayud, en el stand de editorial Nalvay. Asimismo, a las 18:00 horas realizaré un cuentacuentos de "Tanga y el gran leopardo".

En la fotografía, Roberto Malo contando el cuento de "Tanga y el gran leopardo". La fotografía es obra de Verónica Leonetti.

¡Nos vemos!


sábado, 28 de abril de 2012

LA FIESTA



Caminaba por la calle de noche cuando me di cuenta de que iba descalzo. Sí, miré al suelo y vi mis pies desnudos.
Caray, qué despistado estaba últimamente. Ya me había olvidado otra vez de ponerme los zapatos. Sin embargo, no le di demasiada importancia a semejante contrariedad y seguí avanzando sin prisa alguna, sintiendo el frío de la noche en las plantas de mis pies.
No había nadie por la calle.
Dejé de andar.
¿Adónde iba?
Vaya, eso sí que era más preocupante. No recordaba adónde me dirigía.
¿A mi casa? No, mi casa estaba detrás. Iba en dirección contraria.
Miré a la luna llena pidiéndole consejo y la vi botar en el cielo hacia arriba y hacia abajo como si fuera una pelota.
¿Qué le pasaba a la luna? Nunca la había visto tan inquieta.
¿Y qué me pasaba a mí? ¿Estaba borracho? No, no estaba borracho. No había probado una copa desde... ¿Desde cuándo? Vaya, ni me acordaba.
En fin, observé que el semáforo que tenía enfrente estaba verde y crucé.
Y nada más cruzar vi que pasaba por el cruce mi buen amigo Fernando, montado en una gran moto roja.
-¡Eh, Fernando! –le grité desde la acera.
Sin embargo, al mirarlo otra vez me di cuenta de que no era Fernando; era en realidad un tanque, un tanque rojo y enorme.
Giró su torreta y su cañón apuntó hacia el jardín de una casa.
No obstante, al observarlo bien me di cuenta de que no era un cañón, sino dos brazos que llevaban unas enormes tijeras de podar.
Las tijeras cortaron una rosa del jardín, una rosa roja, y vi que las manos pertenecían a un apuesto galán, quien le entregó la rosa al momento a la mujer que lo acompañaba en el asiento de su coche rojo. Después aceleraron, alejándose rápidamente de allí.
Suspiré, seguí caminando por la calle desierta y distinguí una mancuerna en el suelo, a un par de metros. Me acerqué sin pensarlo y la tomé levantándola del suelo sin problemas. Sólo pesaba treinta kilos. Llevaba dos discos de quince kilos, uno a cada lado. Alguien la habría perdido; seguramente, a alguien se le habría caído del bolsillo o algo así.
Sonreí y pensé en imitar a los que levantan pesas. Era algo que no había hecho nunca. La tomé con mi mano derecha y la llevé hasta mi hombro, doblando el codo, y volví a estirar el brazo; así unas cuantas veces.
Pronto noté que mi bíceps estaba creciendo. Sí, todo mi brazo se estaba hinchando. Vaya, no sabía que uno hacía músculos tan rápido. Dejé de levantar la pesa y la volví a dejar en el suelo. Mi brazo derecho estaba tan ancho que parecía una pierna de elefante.
Miré mi delgado brazo izquierdo. No se podía quedar así, muriéndose de envidia de ver al otro. Y cogí otra vez la pesa del suelo, esta vez con la izquierda, y empecé a hacer bíceps rápidamente, parando al quedarse el brazo izquierdo hinchado como el derecho. Luego dejé la pesa en el suelo. Con suerte, su dueño volvería a por ella.
Volví a mirar al cielo, en busca de la luna, y vi que ya no estaba (seguramente habría conseguido dar un gran bote y salir de su órbita); ahora, en su lugar, había varias nebulosas y auroras boreales preciosas llenando el cielo con sus tonos rojos, naranjas, verdes, azules, amarillos y morados.
Era una imagen hermosa, pero de pronto las nebulosas se esfumaron y se precipitaron sus cenizas sobre la tierra.
¿Habían sido fuegos artificiales? No, no, desde luego que no. Habían sido nebulosas, nebulosas de colores.
Me encogí de hombros y seguí caminando.
Entonces una enana salió de un callejón oscuro y vino hacia mí.
Al verle el rostro, me estremecí. Su cara era horrible, asquerosa; la tenía poblada de granos morados y de cicatrices rojas; tenía el pelo lleno de barro y, al sonreírme, pude apreciar sus dientes negros.
Di un paso hacia atrás, muerto de miedo. Mis brazos se deshincharon, volviendo al tamaño original sin duda del susto.
-Hola, muchacho –me saludó con voz gutural, acercándose.
No dije nada. No podía decir nada.
-Hay una gran fiesta esta noche. Debes venir.
-No... no puedo –acerté a decir.
-Debes venir –repitió-. Será una fiesta maravillosa. Habrá vírgenes para sacrificar y niños sabrosos para devorar –dijo sonriendo lóbregamente y cayendo baba viscosa de sus labios agrietados.
-No, no... –dije caminando hacia atrás.
-¿Tienes miedo? ¿Por qué? ¿Acaso te doy miedo?
No tuve que responder. Mi cara asustada respondía sin abrir la boca.
-¿Te da miedo mi cara? –dijo riendo-. Pero ¡si es sólo una careta!
Y, dicho esto, tomó sus asquerosos cabellos y tiró de ellos quitándose así su horrible máscara.
-Ésta es mi cara auténtica –reveló.
La contemplé, a punto de gritar. Tenía toda la cara quemada, un ojo encima del otro, la boca en un lado y no había nariz, sólo un gran hueco en el centro.
-Dios... –dije observándola con repulsión, sin poder apartar la vista de su rostro demacrado.
-¡Es otra máscara! –bramó riendo y se la quitó rápidamente con una mano.
Miré con asco su nueva cara, la que se escondía debajo de sus dos anteriores máscaras; tenía que ser otra máscara, desde luego: era de color verde, con cortes por todo el rostro de los que salían lenguas rojas diminutas, como serpientes, y no había ojos, sólo dos agujeros de los que salían dos lenguas rojas más grandes que las demás, y también de su boca salía otra lengua, que parecía la madre de todas.
-Ésta es mi cara –dijo la enana-. Y ya no hay más máscaras.
No parecía mentir.
¿Cómo podía tener un rostro así? ¿Quién era ella?
Sin esperar una respuesta, di media vuelta y me eché a correr.
-¡Eh! ¡Debes venir a la fiesta! –gritó al momento, echándose a correr tras de mí-. ¡Debes venir!
Lanzaba sus palabras con fuerza. Me golpeaba duramente con ellas en mi espalda, como si fueran piedras. Yo entretanto corría tan rápido como podía; tenía que alejarme a toda costa de aquel demonio.
-¡No puedes faltar a la fiesta! –gritó detrás de mí acercándose cada vez más.
Maldiciéndola, seguí corriendo a todo correr, pensando que ella era tan sólo una puta enana y que no podría seguir el paso de mis zancadas, pero la muy miserable iba pegada a mis talones como si fuera mi sombra.
-Ven a la fiesta, por favor –me susurró con una voz con la que no hubiera convencido ni a un niño sordo.
Mierda. Quise gritar que se fuera, que me dejara, que se muriese y si ya estaba muerta que se volviera a morir, pero no podía, no podía decir nada: mi propia respiración me estaba ahogando; corría con mis últimas fuerzas.
A lo lejos vi mi casa. Tenía que llegar, tenía que llegar a ella cuanto antes.
Sin embargo, la enana parecía que me fuera a atrapar de un momento a otro con sus cortos y horribles brazos.
¡Jesús!, quería correr, quería volar hasta mi casa, pero no podía, no podía. El tiempo pasaba despacio, terriblemente despacio, como si caminara sobre una tortuga muerta. Mi cuerpo se movía a cámara lenta, a cámara lentísima, y yo quería acelerar mis movimientos pero no podía, me era imposible; el aire era sólido, a veces líquido, y yo tenía que apartarlo a duras penas con mis brazos, rasgándolo con mi cuerpo. Asimismo, mis piernas no tocaban el suelo, estaba como suspendido en el aire, dándome impulso con las puntas de los pies, a una pierna como un bailarín; y veía por el rabillo del ojo cómo la enana se echaba sobre mí, y yo la esquivaba echándome hacia mi casa. Pero mi casa parecía alejarse cada vez más, parecía escaparse de mí, hacia el infinito. Pero yo tenía que llegar hasta el infinito si hacía falta; tenía que llegar.
-Tienes que ir a la fiesta –me repitió la enana de nuevo, como si yo no la hubiera oído todavía.
Giré entonces mi cabeza y vi cómo las serpientes rojas de su cara salían hacia mí, alargándose.
Grité horrorizado, pero ni yo mismo me escuché. Los sonidos, los ruidos, habían desaparecido. No se oía nada, absolutamente nada, ni siquiera nuestras pisadas, ni siquiera nuestra respiración; estaba dentro de una película muda de terror.
Pero me acercaba a mi casa. Corría más rápido que mi casa.
Y la enana seguía pegada a mi espalda, como un monigote en el día de los inocentes.
¿Sería todo esto una broma?
No, no podía serlo. Era una pesadilla, una pesadilla horrible.
De pronto sentí que mi cuello era mordido por varios sitios, sintiendo un mal rojo, un mal de serpiente. No tenía que volverme; sabía perfectamente lo que me estaba mordiendo en el cuello.
No obstante me volví, y le di un fuerte puñetazo a la enana en toda la cara, aplastándose contra su rostro sus serpientes asquerosas.
Cayó al suelo sorprendida, conmocionada, y cayó redonda. No se levantó.
Y yo me eché a correr hacia mi casa, que ya la veía casi tan grande como era en realidad.
Llegué rápidamente, saqué las llaves y abrí la puerta.
Y al entrar y ver las horribles personas que había dentro me di cuenta de que la fiesta se celebraba en mi casa.


martes, 24 de abril de 2012

FOTOS DEL DÍA DEL LIBRO

Ayer fue un Día del Libro brillante e intenso. Por la mañana estuve firmando en el puesto de la librería Wodan. En la fotografía, Sandra Andrés y Roberto Malo.

Roberto Malo y Alfredo Moreno.

Javier López Clemente y Roberto Malo.

Sandra Andrés, Chabi Angulo y Roberto Malo.

Roberto Malo, Andrea Sanz y Pedro Popker.

Marian Carrera, Roberto Malo y Raúl Garcés.

Felipe Moreno, Roberto Malo y Dulce Guallar.

David González, Roberto Malo e Isabel Peralta, en el puesto de la editorial Nalvay.

Y ya por la tarde estuve en el puesto de la librería París. En la fotografía, Blanca Bk y Roberto Malo.

Marcos Callau, Amaya y Roberto Malo.

Pepe Serrano y Roberto Malo.

Conchita Mocé y Roberto Malo.

En la fotografía, Isabel Soria, Roberto Malo y David Guirao. Fue sin duda un día estupendo. Mil gracias a todos los que os pasasteis. ¡Hasta el próximo año!

viernes, 20 de abril de 2012

FIRMAS EN EL DÍA DEL LIBRO

Este lunes 23 de Abril, día de San Jorge y día de Aragón, se celebra en Zaragoza el Día del Libro y yo estaré firmando mañana y tarde en el Paseo Independencia en los siguientes puestos:

Por la mañana estaré firmando toda mi obra en la Librería Wodan. Estaremos los autores ROBERTO MALO y SANDRA ANDRÉS.

En la fotografía, Sandra Andrés y Roberto Malo el día del Libro del 2011.

Y por la tarde estaré firmando toda mi obra en la Librería París. Estaremos los autores FERNANDO LALANA, PEPE SERRANO, ISABEL SORIA, DAVID GUIRAO, ROBERTO MALO, MAGDALENA LASALA, JUAN BOLEA y JOSÉ ANTONIO VIDEGAÍN.

En la fotografía, José Antonio Videgaín, Roberto Malo, Fernando Lalana y César Muñío de Librería París, el día del Libro del 2010.

En la fotografía, Magdalena Lasala, Roberto Malo, César Muñío de Librería París y Juan Bolea, el Día del Libro de 2009.

¡Nos vemos!

(Por cierto, esta es la entrada número 500 de este blog. Me voy a celebrarlo...).