viernes, 19 de octubre de 2012

"EL PRÍNCIPE QUE CRUZÓ ALLENDE LOS MARES", NUEVO LIBRO ILUSTRADO

Ya tengo en las manos mi nueva obra: el libro infantil ilustrado "El príncipe que cruzó allende los mares" (Nalvay, 2012), escrito por Roberto Malo y Francisco Javier Mateos e ilustrado magistralmente por David Guirao. La historia tiene 85 páginas, todas ellas ilustradas y a todo color.

"Era el tiempo del Gran Rey. ¡Oh, buen rey! El anciano rey sólo tenía una hija..." Así empieza esta aventura de un rey, una princesa, un visionario y un pequeño problemilla que requiere de un héroe sin igual... aunque también puede servir uno inexperto y despistado, si no hay más remedio. ¿Logrará algún príncipe salir airoso de este cuento? ¿Y tú? ¿Te atreves a navegar en estas páginas junto al príncipe que cruzó allende los mares? 

Podéis ver el trailer-book del libro en el siguiente enlace:
  
Al igual que "Tanga y el gran leopardo" (Comanegra, 2009) y "La madre del héroe" (OQO, 2011), "El príncipe que cruzó allende los mares" es un cuento del repertorio del Grupo Galeón, así que es un cuento que está muy vivo.

Y como se suele decir, ya disponible en las mejores librerías. 
Por cierto, el libro se presentará el viernes 26 de Octubre a las 19:00 horas en la librería zaragozana El pequeño teatro de los libros (Silvestre Pérez, 21) con la presencia de los tres autores: Roberto Malo, Francisco Javier Mateos y David Guirao. Presentará el evento el escritor Pepe Serrano. ¡Nos vemos!

lunes, 15 de octubre de 2012

FOTOS DE LA HISPACÓN (PREMIOS NOCTE E IGNOTUS)

El sábado 13 de octubre, en la Cena de Gala de la XXX Hispacón, celebrada en Urnieta, tuvo lugar la entrega de los Premios Nocte e Ignotus. En los premios Nocte, Juan Ángel Laguna Edroso (presidente de Nocte) y Roberto Malo actuaron como maestros de ceremonias. 

Había un buen ambiente en la entrega de premios, como refleja la fotografía.

El Nocte al Mejor relato extranjero fue para "Venganza", de Liudmila Petrushévskaia (Érase una vez una mujer que quería matar al bebé de su vecina, Atalanta). Recogió el premio Fernando Martínez, como refleja la fotografía. El Nocte al Mejor libro extranjero fue para "Now we are sick", VV.AA. (23 escalones). Y el Nocte honorifíco fue para Diego Laguarta, por la organización de los Liter Imaginarius. Los tres trofeos les llegarán a las personas galardonadas. Los demás los recogieron en mano. Ahora los vemos.

El Nocte al Mejor relato nacional fue para "La necesidad del dolor", de José María Tamparillas (Carne de mi carne, Saco de huesos).

El Nocte a la Mejor Antología nacional (nueva categoría de este año) fue para "Abismos", de David Jasso (Grupo Ajec).

Y el Nocte a la Mejor novela nacional fue para "Cuerpos descosidos", de Javier Quevedo Puchal (NGC Ficción!). Mi enhorabuena a todos. Podéis ver los premios Nocte de este año en el siguiente enlace: http://www.nocte.es/blog 2/es/2012/10/15/premios-nocte-2012.

Y luego llegarían los Premios Ignotus. El Ignotus a la mejor revista fue para Calabazas en el trastero. En la fotografía, Juan Ángel Laguna Edroso (que volvería a pisar el escenario) flanqueado por Carlos L. Hernando y Míchel Laguna.

El Ignotus al Mejor cuento fue para "Mytolític", de Sergio Mars (Catarsi 6). 

Un inciso. En la antología "Abismos" tuve el honor de escribir el texto de la contraportada. Lo acababa de la siguiente manera (parodiando a Stephen King): "He visto el futuro ganador del Ignotus a Mejor Antología y Mejor Novela Corta, y su nombre es David Jasso". Y así ha sido, soy un buen visionario. David Jasso no me dejó mal y se llevó los dos Ignotus, derrotando a "Nuevas leyendas aragonesas" y "Asesinato en el club nudista" en sus categorías correspondientes con la antología "Abismos" y la novela corta, incluida en ella, "La textura de tu piel". Lo cierto es que me alegró un montón que ganara (a veces la derrota es dulce). Mi enhorabuena a todos los premiados. Los podéis ver en el siguiente enlace: http://www.stardustcf.com/noticias.asp#5028

Y para acabar, un excelente trío de Premios Nocte: Javier Quevedo Puchal, José María Tamparillas y David Jasso, posando con sus "cucarachos". Ha sido una gran Hispacón, como refleja esta última foto. ¡Hasta otra!


lunes, 8 de octubre de 2012

LLEGA LA HISPACÓN 2012

Se acerca la Hispacón de Urnieta, del 12 al 14 de Octubre. Yo estaré por allí el sábado 13 y el domingo 14, participando en una mesa redonda de Nocte y asistiendo a todos los eventos que pueda, como otros años. Toda la información y la programación completa en el siguiente enlace: www.espadaybrujeria.com

Por cierto, en la Cena de Gala del sábado 13 se fallarán los Premios Nocte e Ignotus. Como ya comenté en una entrada anterior, "Asesinato en el club nudista" (Nalvay, 2011) es candidata al Premio Ignotus de Mejor Novela Corta. A ver si hay suerte...

Y "Nuevas leyendas aragonesas" (Mira, 2011) es asimismo finalista al Premio Ignotus en la categoría de Mejor Antología. Crucemos los dedos...

¡Nos vemos en Urnieta!

jueves, 4 de octubre de 2012

"LOS GUIONISTAS", YA EN EPUB


En Literatúrame (https://literaturame.net/), maravilloso rincón para la literatura digital en la red, han tenido a bien publicar y ofrecer a precio muy accesible (3,03 euros) en formato epub el libro "Los guionistas" (Eclipsados, 2009).
Os invito a dar una vuelta por esta indispensable web literaria y, quienes así lo deseen, descubrir "Los guionistas" (https://literaturame.net/libro/los-guionistas).

Sinopsis

Roberto Malo: "Los guionistas" es una novela-guión de humor. Sus protagonistas son Julián Gordillo y Raimundo Chueca, la pareja de guionistas más relevante del actual cine porno español. El libro refleja las eternas quejas de los guionistas (que no se les reconoce, que no se les paga lo que se merecen), pero, para que hagan gracia estas quejas, a través del cine en el que se da menos importancia al guión: el porno. Espero arrancar sonrisas e incluso carcajadas.

Carlos E. Gracia: aunque en “Los guionistas” se escriba de cine porno, se habla de mucho más: de cine convencional, nuestro a veces endogámico cine patrio y de cómo en todo sistema caduco de castas cuesta hacer valer el talento o de cómo éste es rechazado cuando se extralimita del estándar aplaudido. Por eso, personajes inventados en “Los guionistas”, como Suxy, Ivana o Toni son reconocibles… incluso entre la fauna autóctona. Y no sólo en el cine de género, sino en ese arco de oropeles que abarca la cinematografía española, desde lo más caduco a lo más moderno, pasando por lo casposo, lo trillado, lo atrevido…
Formato ePub ¿cómo leer ePubs?
Género Narrativa
Editorial Eclipsados
ISBN: 978-84-15666-29-5

 

Reseñas

Estrellas del retoce en color saturado (por Elena Medel) - Calle20

Hay quinto (de Roberto) Malo. Dos libros de relatos y dos novelas conformaban el historial bibliográfico de este narrador zaragozano, que en Los guionistas nos presenta un libro libre en cuanto a su argumento sin tapujos, género sin límites y técnica sin orden, concierto ni plantilla. Malo —una revelación de buen humor bien entendido— erige un monumento al hecho mismísimo de pasarse las convenciones por el forro: con estructura de guión cinematográfico y espíritu de novela viva y dinámica, nos cuenta las peripecias de Raimundo Chueca y Julián Gordillo, «la pareja de guionistas más relevante del actual cine porno español». Sin embargo, el prestigio en el mundo del jadeo no impide que su familia muera de vergüenza después de una entrevista en la televisión local, ni les libera de sus obligaciones laborales: Raimundo regenta junto a su novia un negocio mitad copistería, mitad frutería, y Julián trabaja en la mercería de su madre, mientras sueña con la llamada de alguna actriz que iguale su poder con el del productor. En su tiempo de ocio, los amigos imaginan qué escenas deberán tejer un polvo con el siguiente, hasta que un encargo de su productor habitual —que desea «mandarla al Festival de Cannes»— les anima a escribir «el mejor guión porno de todos los tiempos». Así pues, gitanas quirománticas, secretarias avezadas, libreras que hacen ojitos, estrellas del retoce y miembros de la tercera edad se asoman a Los guionistas como extras: en color saturado y con música de ascensor, una buena dosis de amor, sexo, desengaños y —sobre todo— risas suministradas con buena —¿cuál?— mano. 

Los guionistas. Roberto Malo (por Paula Miró) - Prótesis

En un mundo donde el consumo de cine porno está siendo sustituido por la descarga de videos “a la carta” en Internet, Roberto Malo se atreve a refrescarnos con una sátira plagada de guiños sobre este género cinematográfico en decadencia.
Por todos es sabido la importancia que el diálogo tiene en este tipo de películas: en realidad, ninguna. El cine X siempre ha sido, digamos, más de actores y situaciones que de trama, diálogo o realización. Con perdón por los directores porno que realmente dan relevancia a ciertos planos, demostrando tener una serie de constantes temáticas, y, en definitiva, un mundo propio.
Julián Gordillo y Raimundo Chueca se convierten en guionistas tras haber escrito un par de cuentos para un fanzine. Cinéfilos y creativos, no saben decir que no cuando les proponen convertir uno de sus relatos en un corto. Y cuando introducen a una tía buena en su historia y, de paso, un buen polvo sin tapujos. A partir de ese momento son requeridos y encumbrados como los guionistas de moda del cine porno.
Resulta original la forma que tiene Malo de contarnos la historia, en forma de guión. Los diálogos son fluidos y las acotaciones llegan a ser muy divertidas. La historia se va desmadrando progresivamente y, como no podría ser de otra forma, acaba a lo grande. De la forma más rocambolesca.

Curioso. Los guionistas son protagonistas de un guión, en el que se narra la creación y el rodaje del libreto que les da el éxito definitivo. Una ligera reflexión sobre la persistencia de la censura, pero no con la connotación tradicional, sino con la imposición comercial. Los guionistas aceptan cambios que desvirtúan la historia original dejándose llevar por la promesa del éxito. La historia del mundo.

Pero esa es parte de la gracia. Una historia ligera y cómica, pero con sorna y dobles sentidos, con personajes interesantes. Mientras algunos resultan funcionales, otros –y esto es información confidencial– están basados en estrellas mediáticas.

Julián y Raimundo son la personificación de la inocencia. Ellos creen en lo que hacen y su éxito les reafirma. Aunque en sus películas se salten los diálogos para pasar a la acción, ellos se toman en serio su trabajo. Un guión original para la película porno del año es lo que se les encomienda. Y consiguen el mejor final posible.

Ciertamente, la película porno “El armario”, esa que ellos escriben con tanta dedicación, debería ser rodada. ¿Alguien se presta a protagonizarla?

 

Los guionistas, de Roberto Malo (por Alfredo Álamo) - Los guionistas, de Roberto Malo

Lo primero que te viene a la cabeza cuando sopesas en la mano el libro que ha publicado Roberto Malo es “años setenta”, tanto por el formato elegido, la textura del papel y esa foto en la cubierta que recuerda a una novelita pulp de señoras ligeras de ropa.
Los Guionistas no es un título al azar, está claro. Además de contar la historia de dos guionistas de cine, el propio libro está escrito, aparentemente, en forma de guión. Digo aparentemente porque en realidad es un falso guión americano, fácil de leer y más cerca del teatro valleinclanesco que a una película.
Pero el libro, como no podía ser de otra manera, habla de cine, del mundo del cine, pero de un cine del que no es habitual tratar, el cine porno. Por poner un referente cinematográfico, que vendría al pelo, sería como la película Boogie Nights, solo que… diferente.
Diferente porque la pareja protagonista de Los Guionistas no es a su vez protagonista de las películas, se dedican a realizar los guiones -los mejores guiones- de la industria del porno. Y de eso va la novela: de los andares y circunstancias de la producción de la mejor película porno española de la historia.
El libro se lee con rapidez, su estructura de guión basado en diálogos hace que pases las páginas a toda velocidad mientras otro gran referente de nuestra cultura popular te pasa por la cabeza y hace que te des cuenta de que estás leyendo una obra perdida del bizarrismo pop, el último guión perdido de Pajares y Esteso, la obra definitiva sobre el destape si este hubiera continuado hasta convertirse en porno hardcore. Y es que pese a todo, el lenguaje que usa Malo no es explícito en absoluto, no hay descripciones sexuales detalladas, apenas nada que pudiera escandalizar a amas de casa acostumbradas a su dosis diaria de telebasura.

En definitiva, un rápido entretenimiento, completamente atípico dentro del mundo literario en castellano, y que arrancará una sonrisa cómplice a cualquiera que haya crecido en la época de Los Energéticos, Los Bingueros y las películas de Rocco Sifredi reseñadas en la Cartelera Turia.


miércoles, 3 de octubre de 2012

ANTOLOGÍAS HONRADAS CON MI PRESENCIA (54)

“Voluntas” (Número 12, Septiembre, 2012) contiene textos de los siguientes autores: Laura Garcés, Luis Navarro, Enrique Salvo, Jorge Roy, Clara González, José Nogueras, Vanity Dust, Adrián Vázquez, Nacho Escuín y Roberto Malo.

Me hace mucha ilusión que pensaran en mí para la contraportada de este número dedicado al Postdestapismo. Podéis leer la revista en papel y en su web: www.revistavoluntas.com

lunes, 1 de octubre de 2012

FOTOS EN EJEA

Ayer domingo estuve firmando en la Feria del Libro de Ejea de los Caballeros, rodeado de gente bien maja. En la fotografía, con Sandra Araguás, que acaba de publicar en Nalvay "Amina quiere ser bruja", libro ilustrado por Blanca Bk.

En la caseta de Nalvay, Isabel Peralta, Roberto Malo y David González, con camisetas de "El libro de Oriana", "Asesinato en el club nudista" y "Amina quiere ser bruja". La promoción es la promoción.

En la fotografía, con el artistazo David Guirao, que cada libro que saca es una maravilla. No os perdáis su blog.

En la fotografía, con Nacho Escuín, grande entre los grandes, en la caseta de Eclipsados.

En la fotografía, Roberto Malo y César Muñío, en la caseta de Librería París. Mil gracias por contar conmigo una vez más. 
Y a todos los de Ejea, mil gracias de nuevo. ¡Hasta otra!

sábado, 29 de septiembre de 2012

ANTOLOGÍAS HONRADAS CON MI PRESENCIA (53)

“XII Concurso Literatura Epistolar Amorosa de Calamocha” (Sociedad Cultural de Calamocha, 2006) reúne los siguientes relatos ganadores de esta edición:

“Carta sin sal”, de María Victoria Trigo Bello
“En busca de nuevos horizontes”, de Isabel García Viñao
“Examen de biología”, de Lourdes Aso Torralba
“Cariño”, de Patricia García Deudero
“La última carta de Francisco Satué”, de Ramón García López
“Una carta para nadie”, de Carmen Quintanilla
“Cinco epístolas de amor en una”, de Amelia Agulló López

miércoles, 26 de septiembre de 2012

EL TREN




Estaba sentado en una mesa al fondo del bar, escuchando la romántica pieza que tocaba el pianista. Mi vista volaba de una mesa a otra del local en penumbra, estudiando los rostros de las personas y buscando en vano alguno interesante. Sin embargo, la puerta se iluminó y de pronto todo cambió. Una mujer imponente entró contoneándose como una diosa, como una gata sensual, y se sentó sola en una mesa cercana a la barra.
La observé maravillado. Sus ojos eran claros, tal vez azules o verdes. Su pelo también era claro, no sé si castaño o rubio, en tanto que los rasgos de su cara eran perfectos, como si la hubieran sacado de un molde sin ningún defecto. Por lo demás, su vestido negro se ajustaba a su cuerpo lleno de curvas como un guante, dejando poco margen a la imaginación.
Desde su asiento, cual esfinge, ella recorría con la vista el interior del bar. Repentinamente, sus ojos se posaron en mí, y al darme cuenta miré hacia otro lado, ruborizándome.
Un camarero alto y circunspecto se acercó a ella.
-¿Qué desea, señorita? –le preguntó.
-A ese hombre –dijo señalándome.
El camarero vino sin tardanza hasta mí.
-Esa señorita le desea, señor –me indicó.
-Gracias..., ahora mismo voy –acerté a decir.
Me levanté temblorosamente y empecé a caminar con manifiesta torpeza hacia su mesa. Mi pierna izquierda se golpeó con una silla donde estaba sentada una gorda con cara de hipopótamo, pasé de largo dos mesas más, a duras penas, y llegué por fin hasta ella.
-¿Puedo sentarme? –le pregunté, abrumado al verla a tan sólo un metro.
-Pruébalo –dijo ella con cierto tono de mujer fatal.
Me senté. Al hacerlo y mirarla me di cuenta de que de cerca era todavía mucho más hermosa. Me observaba sonriendo, estudiándome con sus penetrantes ojos, quizás esperando que hablara.
-¿Cómo te llamas? –me atreví a preguntarle.
-No me gusta que me hagan preguntas –me reprobó.
-De acuerdo, de acuerdo –asentí.
Me quedé callado, sin saber qué decir.
-Nunca te había visto por aquí –empezó a decir ella.
-Nunca había venido.
-Entonces es normal que nunca te haya visto.
-Sí, claro –asentí como un idiota.
-Me gustas –dijo fríamente.
La miré, aturdido, sin poder reaccionar.
-Me gustaría que vinieras ahora a mi casa –siguió diciendo.
-Creo que vas muy deprisa.
-No tenemos todo el tiempo del mundo, amor –dijo sonriendo. Se levantó-. ¿Vienes?
-Bueno, no me gusta que me hagan preguntas. Pero vamos allá.
Ella me dio la espalda y empezó a caminar hacia la salida del bar. Yo, cómo no, la seguí. Al salir a la calle y mirarla a la luz del sol me di cuenta de que era todavía más hermosa de lo que me había parecido en el interior del bar. Cuanto más la miraba más hermosa me parecía. Era como si fuera un dibujo animado y cada rato el dibujante la fuera mejorando.
Empezamos a recorrer la calle, y al caminar a su lado no pude evitar pasar mi mano por su hombro. Al hacerlo me miró sorprendida, y sentí algo muy extraño en su expresión y en su hombro: miedo.
Retiré la mano, confundido, y seguí caminando a su lado sin decir palabra. Pronto llegamos hasta un portal en penumbra. Ella abrió la puerta y pasamos los dos al interior. Recorrimos un lujoso salón, sin hablar, y entramos poco después en un no menos lujoso dormitorio.
Ella se sentó en la cama, serenamente, y empezó a quitarse los zapatos.
-¿Qué estás haciendo? –pregunté.
-¿No lo ves? Puedes desnudarte –dijo secamente.
La miré, contrariado, y estallé.
-No pienso desnudarme –dije desafiantemente.
-¿Por qué? ¿No me encuentras atractiva?
-Sabes que no es eso. Pero hay algo que no sé. ¿Por qué te muestras fría, distante e insensible? Y sobre todo –dije mirándola al fondo de sus ojos-, ¿por qué te doy miedo?
Me miró sorprendida, enojada.
-¡Vete! –gritó.
-Sí, me iré, pero cuando me respondas a algunas preguntas, aunque eso te moleste. ¿Por qué te doy miedo? Soy más inofensivo que una mosca. ¿Crees que te puedo hacer daño?
-Todos los hombres podéis hacer daño.
-¿Sí?
-Sí. Todos me decís que me queréis, que me amáis, pero todos acabáis abandonándome. Todos acabáis marchándoos en el maldito tren.
-¿Qué estás diciendo?
-Ya sé que debe ser así, pero no puedo remediarlo. Temo acabar enamorándome de alguno, temo acabar enamorándome de ti, puesto que no tardarás apenas nada en dejarme, y no quiero que cuando lo hagas me rompas el corazón.
La escuché, perplejo.
-¿Por eso te muestras tan fría y distante? ¿Para que yo me comporte igual? ¿Para que nunca lleguemos a sentir afecto el uno por el otro? ¿Para hacer el amor como algo puramente sexual, sin sentimientos, sin amor? ¿Para que nuestros corazones nunca se lleguen a rozar?
Ella asintió con su silenciosa mirada.
-No te quiero seguir en el juego. Me parece algo despreciable –estimé-. Quiero salir de este dormitorio, y no quiero volver a él hasta que nuestros corazones nos lo pidan de verdad. Y quiero salir de aquí contigo, hablarte, hacerte preguntas, que tú me las hagas, caminar a tu lado, conocerte... Me gustaría quererte, de verdad, y me gustaría que tú me quisieras. Creo... creo que he tenido suerte de haberte conocido, pero quiero conocerte a fondo, llegar hasta el final. ¿Qué dices?
-No resultará –bufó.
-Bueno, déjame intentarlo. Déjame intentar abrirte mi alma, déjame charlar contigo, déjame reír contigo. Quiero conocerte y quiero que me conozcas. ¿Hay algo de malo en ello? Quiero salir de aquí contigo, ir a un bar y volver a empezar como si todo esto no hubiera pasado. Quiero otra oportunidad, pero de otra manera. Mostrarnos tal cual somos. Sin esconder los sentimientos, sin disfrazarlos. Sin hacer nada que no queramos hacer de verdad, sin engañarnos a nosotros mismos, dejándonos llevar por lo que sintamos.
-Eres un ingenuo –dijo ella sonriendo.
-Sí, lo soy.
-Y eres un niño.
-Sí, así es. Bien, ¿quieres saber más cosas de mí? ¿Quieres intentar caminar a mi lado?
-¿Sabes? –dijo calzándose los zapatos-, eres el primer hombre que rehúsa hacer el amor conmigo.
-Bueno, quiero pensar que sólo ha sido un aplazamiento –consideré.
Ella empezó a caminar.
-¿Dónde vamos, extranjero? –preguntó.
-Bueno, como bien has dicho, yo soy un extranjero en esta ciudad. Y tú eres de aquí, ¿no?
-Sí.
-Entonces supongo que tú debes elegir el lugar.
-De acuerdo. Sígueme.
Salimos de la casa y volvimos a la calle.
-Vamos allí –indicó ella, señalando un café-. Al “Penguin Café”.
-Me parece bien –convine.
Entramos. Era un café bastante amplio y agradable y estaba lleno de gente. Al fondo, una orquesta llenaba de música el ambiente. Nos acercamos a la barra, donde al momento un pingüino vino a atendernos.
-¿Qué quieres? –le dije a ella.
-Lo que quieras tú.
-Dos cervezas –le indiqué al pingüino.
El curioso camarero fue a ponérnoslas, caminando graciosamente por la barra.
-¿Habías estado en este sitio? –me preguntó ella.
-No, no. Acabo de llegar a la ciudad.
-¿Te gusta?
-Sí. ¿Sabes?, quiero que me enseñes lo más bonito de esta ciudad.
-Yo soy lo más bonito de esta ciudad –dijo ella riendo.
Desde luego, pensé que tenía razón.
-¿Desde cuándo vives aquí? –le pregunté.
-Desde siempre.
-¿Tienes aquí familia?
-Mi familia es la ciudad –dijo ella misteriosamente.
El pingüino nos sirvió las dos cervezas, en vasos de tubo.
-¿A qué no haces esto? –me dijo ella.
Echó las manos a las caderas, se agachó sobre el vaso de cerveza, lo tomó con la boca, lo levantó y se lo bebió de un trago sin derramar fuera ni una sola gota.
La observé asombrado.
Ella dejó el vaso vacío sobre la barra y me dedicó una sonrisa.
-¿Cómo...?
-Es fácil –dijo sin darle importancia.
-Vaya, me ha gustado –estimé, todavía sorprendido.
-Hago diabluras con mi boca –dijo ella sonriendo-. Si no te hubieras ido del dormitorio...
-Ya volveremos –me apresuré a decir.
Ella resopló.
-Te seré franca: no me pienso enamorar de ti. Y no me pienso enamorar de nadie. Ya he sufrido bastante. ¿Tú te has enamorado de alguien alguna vez?
-Sí, una vez –respondí.
-¿Fue la primera mujer?
-No, no fue la primera. Ni la segunda, ni la tercera, ni de las veinte o treinta primeras. Para mí, al principio, las mujeres eran sólo conejillos de indias con los cuales yo experimentaba. Iba de flor en flor, haciendo el capullo.
-¿Sí? –dijo ella riendo.
-Bueno, es una forma de hablar. Pero todo cambió cuando me enamoré perdidamente de una.
-¿Y la perdiste?
-Sí.
-¿Y te sentiste morir?
-Sí.
-Entonces puedes entender lo que me ocurre.
-No, no lo entiendo –repuse-. No hay que cerrarse a los demás por haber sufrido en el pasado. Hay que seguir adelante. Hay que seguir buscando.
-En tu caso es fácil. Eres un extranjero, y tienes todo un mundo en el que buscar. Pero yo vivo en esta ciudad, y todos los hombres que vienen a ella se van tarde o temprano, dejándome.
-No entiendo cómo te pueden dejar.
-El tren se los lleva.
-¿El tren? ¿Qué tren?
-¿No sabes de qué tren hablo?
-No. ¿De qué tren?
-Bueno, ya te enterarás. Antes o después, tú también te irás en el tren. Sí, tal vez, dentro de muy poco te irás en él de esta ciudad. Desde luego, estás malgastando tu tiempo al estar hablando conmigo.
-No creo que sea malgastar el tiempo el estar hablando contigo –consideré-. Y sé que no te vas a enamorar de mí. Por desgracia, ya sé que no soy nada excepcional. No puedo hacerme semejantes ilusiones. Pero lo que ahora quiero es estar a tu lado, charlar contigo, y el poder hacerlo me parece maravilloso.
-¿Lo dices en serio?
-Sí. Lo dice mi corazón –expresé, mirándola fijamente y pensando que estaba todavía más hermosa que hace un minuto.
-Voy un momento al baño –se excusó rápidamente, yéndose.
La vi perderse dentro del servicio femenino.
Aturdido, me acabé la cerveza. Después me entretuve observando las telarañas de espuma que habían quedado en el vaso.
Ella no tardó en salir del baño y volvió a mi lado. Observé que se había echado agua sobre la cara.
-¿Ocurre algo?
-Oh, nada –dijo con una mueca-. He sentido algo extraño, eso es todo. Hacía tanto tiempo que no...
Y dejó de hablar.
-¿Sabes lo que yo sentí cuando te vi entrar en el bar? –le dije-. Sentí que entraba la mujer de mi vida. Y ahora, con todo lo que ha pasado, sigo pensando lo mismo. Y sé que no te conseguiré, pero no por ello dejarás de ser la mujer de mi vida.
-¿Nos vamos a otro sitio? –dijo ella, nerviosamente.
-De acuerdo –asentí, y me acerqué a la barra para pagar al pingüino.
-¿Qué haces? –se extrañó ella.
-Voy a pagar las cervezas.
-¿Qué dices? Aquí no paga nadie, hombre. Vámonos.
-¿De verdad?
-De verdad.
-Vaya...
Caminé entre la gente y llegué hasta la puerta del bar. La empujé y salí a la calle. Sin embargo, mientras salía, una mujer saludó a mi acompañante y se pusieron a charlar animadamente.
Decidí esperarla en la calle. Estaba anocheciendo; el azul del cielo daba paso al negro y las estrellas empezaban a despuntar.
Veía a las dos mujeres a través de la puerta del bar, ya que era de cristal transparente, aunque las veía un poco difuminadas, pues el cristal estaba empañado en sudor, polvo y humo. Aun así, pude apreciar que su amiga era bastante extraña; su pelo era de color plateado y emitía destellos como las esferas de las discotecas, sus labios estaban pintados de color verde oliva y las uñas de sus manos tenían cada una un color diferente. Sin embargo, pronto dejé de mirar a su amiga y me concentré en ella. A pesar de verla como entre nubes, me parecía todavía más hermosa que antes. Era, sin duda alguna, lo más bonito de la ciudad.
Me acerqué a la puerta de cristal y escribí con un dedo “Te quiero” al revés.
Ella lo leyó, embobada, y se despidió de su amiga.
Abrió la puerta y vino hacia mí.
-Eres un tonto... –dijo sonriendo.
Me abrazó y me besó en la boca, y mis labios sintieron algo indescriptible que invadió todo mi cuerpo.
-Era una amiga mía –dijo ella como si nada, refiriéndose a la mujer del bar-. Vive aquí en la ciudad, como yo.
No la escuché. Decidí repetir el beso. Esta vez fue más largo.
Cuando nuestros labios se separaron, vi en el cielo un cerdo volando.
-¡Mira, un cerdo! –señalé.
-¡Oh, un cerdo volando! –exclamó ella, muy emocionada-. Pide un deseo.
-¿Qué?
-Pide un deseo, rápido. Cuando se ve pasar un cerdo volando, es costumbre pedir un deseo.
-De acuerdo –asentí.
Y seguí con la vista al cerdo hasta que se perdió en el cielo. La fantasía se fue volando. Se esfumó.
-¿Has pedido tú también un deseo? –le pregunté a ella.
-Sí.
-¿Y qué has pedido?
-Supongo que lo mismo que tú. Aunque no creo que se cumpla. Bueno, supongo que se deben pedir deseos difíciles de realizar...
De pronto, un atronador sonido chirriante se escuchó en toda la ciudad, como una explosión.
Y a continuación, de los bares de la calle empezaron a salir personas y más personas, y más y más, y empezaron a recorrer la calle apresuradamente, todas en la misma dirección.
Miré aturdido al gentío.
-Es el final –dijo ella tristemente.
-¿Qué?
-Es el final –repitió.
-¿Qué final? Yo no veo que acabe nada –dije extrañado.
-Bueno, a veces no hace falta leer THE END para saber cuándo ha terminado la película –dijo ella funestamente.
-¿Qué quieres decir? ¿Y adónde va toda esa gente?
-Van al tren.
-¿A qué tren?
-Al tren que les lleva al mundo real –explicó-. Al tren que los conduce de la ciudad del Sueño a su mundo real. Al tren que los conduce a su despertar.
Me quedé callado, sin poder reaccionar.
Vi cómo salía gente de todos los sitios, de todos los bares, de todas las calles, y distinguí al fondo, donde se dirigían, un inmenso y resplandeciente tren de plata, aguardándoles con las puertas abiertas.
-Debes ir tú también, con ellos.
-¿Vienes conmigo? –le pregunté.
-No puedo.
-¿Por qué?
-Yo soy un sueño, y no puedo salir de la ciudad del Sueño. No soy real como tú.
La miré, tristemente, y me pareció todavía más hermosa que hace un instante.
-Corre –dijo ella-. Debes irte. Y date prisa. No me gustan las despedidas.
-No voy a coger ese tren.
-¿Qué dices?
-No me voy a ir de aquí.
-Pero... ¡no puedes hacer eso! –dijo ella, exaltada-. Si no coges ahora ese tren... no podrás volver nunca al mundo real. No verás nunca más a tu familia, a tus seres queridos...
-¡Al diablo el mundo real! –exclamé.
-No sabes lo que dices. No sabes lo que estás haciendo...
-Ahora sólo sé una cosa: te quiero. Y me voy a aferrar a eso.
-Pero... no entiendes que...
Entonces sonó el silbato del tren, como aviso de que iba a partir; y sonó, curiosamente, de una manera muy parecida a la alarma de un despertador. Temblé, pensando que me iba a despertar. Pero no; seguí igual, donde estaba.
-¡Corre! ¡Corre! –exclamó ella-. ¡El tren se va!
-¡Que se vaya! –grité.
El tren empezó a recorrer la vía.
-Quiero vivir aquí, contigo –le dije-. No quiero saber nada de un mundo en el que tú no existas. ¿Es que no lo entiendes?
-Oh, ¿me quieres? ¿Me quieres de verdad? –dijo ella, abrazándome.
-Claro que te quiero –asentí, sintiendo su corazón cerca del mío-. ¿O es que te lo tengo que escribir otra vez?
La miré; aunque tenía los ojos a punto de llorar, me pareció más hermosa que nunca.
Nuestras bocas se unieron con fervor, nuestros cuerpos se buscaron con pasión.
Mientras, el tren de plata se empezaba a perder en el crepúsculo.


lunes, 24 de septiembre de 2012

EN LA FERIA DEL LIBRO DE EJEA

El domingo 30 de Septiembre estaré todo el día firmando (es un decir) en la VII Semana del Libro de Ejea de los Caballeros.

¡Nos vemos!