martes, 13 de marzo de 2012

CUENTACUENTOS DE "TANGA Y EL GRAN LEOPARDO" EN EL ARMADILLO ILUSTRADO

Sábado 17 de Marzo
12:15 horas
Cuentacuentos de "Tanga y el gran leopardo"
por Roberto Malo
El armadillo ilustrado
C/Las Armas, 74
Zaragoza

¡Nos vemos!

viernes, 9 de marzo de 2012

ANTOLOGÍAS HONRADAS CON MI PRESENCIA (49)

“Especial Nitecuento Día del Libro” (Nitecuento, 2003) contiene relatos de los siguientes autores: Agustín Mañero, Santiago Alba, Sandra Miralles, Rafael Novoa, Miguel Esteba Zurbrügg, Elena Román, Silvia Vaello, Luis Astolfi, Ángel Andrés Frigols, Adriana Alarco, Javier Álvarez Mesa, César García, Víctor Alós, Juan José Castillo, Félix Toshi Arakaki, Manuel Román, McDyver, Rafael Pinedo, Óscar Camarero, Aster Navas, Noemí Expósito, Fabio Ferreras, Alejandra de Negueruela, Alberto Moreno, Francisco Rodríguez, Susana García, Aranzazu Ferrero, Joseph Ruiz Hierro, San Agustín Gonzales, Rosa Chover, José María Cumbreño, Roberto Malo, Sergio Ayala y Jesús A. Marcos.

Yo participo con el relato “En el fin”.

martes, 6 de marzo de 2012

LA ESCENA DEFINITIVA


No nos solemos dar cuenta, pero a veces los detalles más nimios (como la enunciación a destiempo de una pregunta aparentemente inocente) llegan a producir terremotos y tempestades interiores. Cuando aquella noche de confidencias le hice la maldita pregunta a Félix Lozano, mi compañero de piso por aquel entonces (si bien dejaría de serlo, de alguna manera, un tiempo después), no sabía ni mucho menos lo que iba a provocar en él.
Estábamos hablando de cine porno, cosa bastante normal en el caso de Félix, ya que mi compañero de piso –hay que dejarlo claro de entrada- era todo un pajillero sin remedio. Mis amigas y novias, al conocerlo en persona –su higiene corporal dejaba bastante que desear- y escuchar además los gemidos que salían a todas horas de la enorme televisión de su cuarto, me decían escandalizadas que era un guarro, en todos los sentidos. Yo, por mi parte, a tener de compañero de piso a un adicto al porno no le veía más que ventajas. En su cuarto guardaba casi doscientas películas X y, por supuesto, me las dejaba ver sin ningún problema, cuando quisiera. No era nada celoso con sus tesoros fílmicos; es más, le encantaba compartirlos. Y poco a poco, lo cierto es que estaba aprendiendo un montón de cine gracias a él. Por lo demás, Félix no salía por las noches (por lo tanto, no llegaba a las tantas, como yo), no subía gente al piso (de eso ya me encargaba yo), no daba problemas (estaba todo el día pajeándose), no cocinaba y no limpiaba (pero yo tampoco, que eso eran mariconadas y nosotros dos hombres de verdad). En fin, que ni haciendo un exhaustivo casting hubiera encontrado un compañero de piso mejor.
El caso es que, como él era una enciclopedia humana del cine para adultos y yo un simple e incipiente aficionado en ese campo, le pregunté con la ingenua curiosidad del aprendiz ante el maestro que cuál era su escena de sexo favorita. Sí, esa fue mi pregunta fatal, desencadenante de todo lo que llegaría después. ¿Cuál es tu escena favorita?, le dije tontamente. Su polvo favorito, para entendernos. Félix se quedó pensativo, ensimismado, como si semejante cuestión no se le hubiera pasado nunca por la cabeza. Una buena pregunta, apuntó. Con todas las escenas de sexo que debía de tener grabadas a fuego en su mente, elegir una sola de ellas se le tenía que antojar, a buen seguro, bastante complicado. Aquella noche, molesto y enfadado consigo mismo, Félix no supo darme una respuesta definitiva; ya se había quedado con la mosca detrás de la oreja.

A la mañana siguiente, sin embargo, Félix se levantó de excelente humor. Alfonso, ya lo tengo, me anunció mientras desayunábamos. ¿El qué?, le dije, todavía algo dormido. La respuesta, declaró, mi escena favorita.
Me explicó que no había sido nada fácil el decidirse por una en concreto; existían –literalmente- miles de escenas que le volvían loco. Sin embargo, había sido metódico y reflexivo en su decisión final. Había elegido la escena con la que a lo largo de los años (y a ojo de buen pajero) se había hecho más pajas.
Me contó que dicha escena pertenecía a “Culos increíbles“, película dirigida por John Stagliano, alias Buttman, como no podía ser de otra manera. Félix tenía montones de películas de semejante elemento (un cachondo integral que, como ya indicaba su nombre de guerra, era un auténtico obseso de los culos); yo mismo había visionado varias películas del bueno de Buttman (según Félix, el mejor director porno de toda la historia) y, desde luego, tenía que reconocer que nadie filmaba las escenas de sexo como él. Era un monstruo; en los largos preámbulos se recreaba en los traseros de las chicas como nadie y los polvos resultaban incendiarios y muy divertidos. ¿Quieres verla?, me dijo Félix blandiendo la carátula del DVD. ¿Ahora mismo?; casi me atraganté con la galleta que me estaba comiendo. Bueno, cuando quieras, sonrió, y depositó la película sobre la mesa. La carátula, llena de culos impresionantes, resaltaba vivamente entre mi tazón de leche y una bolsa de magdalenas. Es la segunda escena, la del gimnasio, indicó Félix con un guiño y se marchó a la facultad. Yo entonces supongo que tendría que haber hecho lo mismo, irme a la facultad. En lugar de eso, cómo no, me puse la película.

Una televisión enorme de pantalla plana, con vídeo y DVD, presidía el cuarto de Félix. Era su altar y (junto a sus películas) su bien más preciado. En verdad, mi compañero de piso no necesitaba ir al cine; lo tenía dentro de casa. Y yo, cual único y privilegiado espectador, tuve allí mi buena sesión de cine matinal. ¿Qué mejor que una película porno para empezar el día?
Me gustaría decir que vi fríamente la escena favorita de mi compañero, calibrando su calidad como buen crítico, pero lo cierto es que me casqué con ella una de las mejores pajas de mi vida. Buf, menuda hembra la que salía... Una checa de rompe y rasga, guapísima, con un culazo de infarto. Ella y un tío cachas se marcaban todo un recital del mejor sexo por los diversos aparatos de un acogedor gimnasio, filmados con mano firme por el viejo zorro de John. Una pasada, la verdad. Un festín carnal de primera clase. Mi compañero de piso, desde luego, tenía un gusto exquisito.
Cuando regresó de la universidad, le informé de que ya había visto la gran escena y alabé entusiasmado su buen criterio. Félix acogió mis encendidos comentarios con una amplia sonrisa. Estaba visiblemente encantado. Pero lo que me soltó a continuación me dejó descolocado. Es una escena que roza la perfección, ¿verdad?, sentenció con un extraño brillo en la mirada, y creo que eso es lo que inconscientemente he estado buscando durante todos estos años, añadió, una escena perfecta. Y gracias a ti me he dado cuenta de que no tengo que buscar más, no tengo que ver más películas; ¿para qué?, ya la tengo. Es mi escena. Para siempre.
En ese momento no comprendí el alcance de sus palabras. Pensé que bromeaba, que jugaba a interpretar su papel favorito: el de erotómano excéntrico. Pero no se trataba de ninguna broma. Félix dejó de golpe de ver otras películas. Sólo veía la escena del gimnasio, una y otra vez. En cuanto finalizaba, se la ponía de nuevo, como un bucle sin fin. Si yo estaba en el piso, escuchaba de fondo los mismos diálogos y los mismos gemidos y jadeos, día sí, día también. Félix no hacía más que ver una vez tras otra la misma y maldita escena. Era exasperante, una pesadilla sin fin. No nos engañemos; la escena estaba bien, y la tía tenía un morbo increíble y un culo de campeonato, pero escenas similares había a centenares, a miles, seguramente. Quedarse prendado de una sola escena no podía ser sano, de ninguna manera. Esto se lo comenté, me vi en la obligación de hacérselo ver, si bien en el fondo no le daba mucha importancia a su comportamiento. Pensaba que antes o después se le pasaría su obsesión y volvería a ser el que era.
Por supuesto, fue a peor.

Félix iba poco a la universidad, pero poco a poco dejó de ir lo poco que iba. Félix tampoco salía mucho del piso, pero pasó a no salir casi nunca. Incluso sacarlo de su cuarto (con esa televisión eternamente “encendida”) era ya una hazaña que me dejaba exhausto para el resto del día.
Félix era un vago, un dejado, pero era joven y físicamente no estaba demasiado mal (no era un horror, para entendernos). No tenía ningún sentido que a su edad se encerrara en su cuarto para ver una película que además, sin duda, se la tenía que conocer sobradamente, fotograma a fotograma. Tenía que vivir la vida, coño, salir y correrse una juerga de verdad.
Estás arruinando tu vida, le dije una noche en la que no pude aguantarme más, ¿no te das cuenta? Félix asintió tristemente. Tienes razón, reconoció. Toda mi vida he sido un espectador. ¿Sabes?, ahora quiero ser actor.
Así se habla, sonreí, Esta misma noche nos vamos tú y yo a ligar un buen par de... pedos. Félix esbozó una sonrisa. No, gracias, rebatió, No me apetece salir. Y te recuerdo que tienes novia. Así que no hagas el idiota por mí y vete con ella.
Tú también tendrías que echarte novia, le dije, sin darme cuenta de que de alguna forma ya tenía.

A la mañana siguiente regresé al piso derrengado, con la satisfacción de haber pasado una maratoniana noche de sexo con Alicia. Félix se encontraba desayunando en la cocina, con cierta placidez en el rostro. Nuestras miradas se encontraron y hubo un reconocimiento tácito, como si al verle a él me observara a mí mismo en un espejo.
Coño, tú has echado un polvo, me asombré. Así es, se sonrió, Veo que no se pueden tener secretos contigo. Y veo que tú también, remarcó. ¿Con quién has follado?, le pregunté picado por la curiosidad. Me dijo el nombre, pero no lo entendí; extranjero, seguramente. Un segundo después caí en la cuenta. ¿La actriz? ¿La actriz de la película?, barboteé incrédulo. Félix asintió. Pero..., ¿cómo has contactado con ella?, intenté entender, ¿A través de Internet...?
No, a través de la pantalla, me explicó llanamente. De repente, estaba a su lado, en el gimnasio, y no veas cómo nos lo montamos. Sonrió de oreja a oreja, evocando el encuentro, y yo sentí un nudo en la garganta. ¿Qué estás diciendo?, farfullé. Ya sé que parece increíble, se explicó, los ojos delirantes y redondos como platos, pero es cierto. De algún modo, he conseguido saltar a la película.
Tú estás loco, exploté, sin poderme callar, Has visto tantas veces esa escena que tu mente ya no distingue lo que es real de lo que no. Estás embotado, estás gilipollas perdido, eso es lo que pasa. ¡Que no!, me gritó, ¡Ha sido real, completamente real! Lo fulminé con la mirada y salí resoplando de la habitación. Alfonso, ¿cómo no puedes creerme?, chilló desesperado, ¡Tú tendrías que creerme! Ya, y tú tendrías que salir más y dejarte de películas, repliqué.

Por aquel entonces las vacaciones de Semana Santa estaban al caer y mi novia y yo decidimos aprovechar esos días para hacer un viaje juntos. Me voy con Alicia a Lisboa, le informé a Félix, que llevaba dos días bastante callado y lacónico conmigo. Yo también voy a salir, asintió para mi sorpresa, Voy a hacerte caso. Me voy a Praga.
¿A Praga? Coño, no está mal. ¿Con quién te vas?, le pregunté, aunque me imaginaba la respuesta. Solo, respondió. Bueno, pásatelo muy bien, le dije sin saber qué añadir. Lo haré, descuida.
Al despedirnos, tras titubear los dos ligeramente, nos dimos un efusivo abrazo, como sellando así nuestras diferencias.

Cinco días después, tras disfrutar de lo lindo por Lisboa (tanto a Alicia como a mí nos había encantado la ciudad), regresamos. En primer lugar dejé a mi novia en casa de sus padres y luego acudí a mi piso. Félix no se encontraba allí, lo cual no me extrañó demasiado, ya que todavía quedaban unos días de vacaciones. Mientras sacaba la ropa de mi bolsa de viaje, escuché los mensajes del teléfono. Había un par de los padres de Félix. Le decían que no sabían nada de él. ¿Acaso no sabían que su hijo se había ido a Praga?
Por hacer algo, entré en la habitación de Félix. Bueno, ¿a quién quiero engañar? Me apetecía ver una de sus pelis y ya que él no estaba... El reproductor de DVD estaba encendido, así que pulsé play para ver si había dentro alguna película porno. Apareció en pantalla el título, “Culos increíbles” (cómo no), los nombres de las actrices, luego los de los actores... y entonces, cuando iba a sacar la película para poner otra, lo vi. Apareció borroso el nombre del actor cachas, parpadeó, se difuminó y apareció en su lugar, con el mismo tipo de letra, FÉLIX LOZANO. Sí, vi durante un segundo el nombre de mi amigo y desapareció. ¿Había sido un espejismo? ¿Una ilusión? ¿O es que el iluso de Félix había trucado la película para hacerse la ilusión de que él era un actor porno? No pude esperar. Un absurdo pensamiento se había instalado en mi mente. La película, ahora caía, estaba rodada en Praga. Aceleré hasta el momento de la gran escena, cuando aparecía el actor cachas por vez primera levantando unas pesas. Y allí vi a Félix, en la primera imagen un poco borroso, como si estuviera entrando en la película y le costara un poco suplantar a la otra imagen, pero un segundo después se le veía claramente, sin ninguna duda. Era él, estaba en la película, y no quedaba ni rastro del otro actor. Por lo demás, se comía a la actriz con la mirada, con una mirada de salido para nada fingida. Dios mío, Félix estaba dentro de la película. Estaba allí. No podía ser un truco. No, desde luego; se notaría si fuera una imagen retocada, se notaría de alguna manera. Aquello que veían mis ojos era real. Real. Aunque el término “real” lo estaba cuestionando seriamente. La actriz, tras lo que me pareció un instante de vacilación nada más ver a su nuevo partenaire, actuaba como yo recordaba. Decía sus frases, Félix también decía las suyas (se las sabía de memoria, por supuesto, y creo que no metía morcillas, aunque me puedo equivocar). Sentí cierta vergüenza cuando empezaron a besarse, sentí más vergüenza cuando la chica desnudó a Félix (que en pelotas no estaba nada cachas, era más bien fofo, pero, por otro lado, tampoco estaba mal dotado, ya me entienden) y sentí muchísima más vergüenza cuando empezaron a hacer el amor y tuve una erección incontrolable. Repetían las posturas y las diversas posiciones sexuales tal y como yo las recordaba, como si los dos conocieran el guión a seguir y se ajustaran perfectamente a él. Y lo cierto es que Félix seguía la estela prefijada como un profesional, con una fogosidad ejemplar. Cuando eyaculó finalmente, sobre el rostro de la actriz, miró a la cámara y me guiñó un ojo. Sí, sentí que el guiño iba dirigido a mí (el otro actor, estaba seguro, no guiñaba a la cámara). En ese instante, al ver su cara de satisfacción, supe que Félix no volvería nunca de Praga.

Meses después, a todos los efectos, Félix seguía desaparecido del mapa. Nadie sabía absolutamente nada de él. Era como si se hubiera esfumado por completo. Como si se lo hubiera tragado la tierra... o una película porno.
Nunca tuve el valor de decirles ni una palabra a sus padres. De alguna manera, no me sentía con fuerzas de intentar explicarles la increíble verdad, ya que, por el bien de mi cordura, era una verdad que me negaba a aceptar a cualquier precio. No obstante, lo cierto es que todavía no lo había conseguido del todo. Mientras sus padres andaban como locos buscándolo, yo, por mi parte, andaba también bastante loco (paradójicamente, al tenerlo localizado).
Por si volvía Félix del limbo del porno (o por si él o yo entrábamos en razón), no alquilé su habitación. En lugar de eso decidí que Alicia se viniera a vivir conmigo. Creo que fue una decisión muy acertada, si bien ocultas razones (o quizás no tan ocultas) me impulsaron a ello. De momento, por lo menos, nos iba a los dos bastante bien e incluso la idea del matrimonio empezaba a sobrevolar nuestras cabezas. Sólo un pensamiento turbaba mi mente; el único secreto que tenía para ella: la película. La maldita película.
Cada cierto tiempo, cuando me encontraba a solas, la ponía. En ella (ahora entendía lo de la inmortalidad del cine) Félix aparecía siempre contento, eternamente feliz, como la primera vez que lo vi. Supongo que resultaba normal que se encontrara siempre excitado y alegre: a fin de cuentas, vivía su fantasía. Y yo, por mi parte, creo que vivía la mía: tener como amigo a todo un actor porno.
Sin embargo, no me decidía a hacerle una visita.


sábado, 3 de marzo de 2012

ANTOLOGÍAS HONRADAS CON MI PRESENCIA (48)

"El libro de los quinientos" (Egido Editorial, 1998) contiene 500 relatos de 500 autores que por pereza y desidia no voy a enumerar.

Yo participé con el relato "Cuenta atrás".

miércoles, 29 de febrero de 2012

EN EL CONFESIONARIO


El asesino con remordimientos se arrodilla ante el confesionario y musita un ave maría purísima. Se aclara la garganta (mientras el sacerdote asiente con un sin pecado concebida) y con voz firme y serena declara que es un asesino a su pesar, y de los mejores además. El sacerdote se queda de una pieza.
-¿Cómo, hijo mío? –atina a decir.
-Como lo oye, padre, soy un asesino, pero me arrepiento, me arrepiento muchísimo.
-¿Y a cuántos has matado? –pregunta el sacerdote, casi por decir algo.
-He matado a doce hombres –dice el asesino.
-¿Doce? ¿Y por qué los mataste?
-Porque eran sacerdotes –aclara el asesino-, y yo odio a muerte a todos los sacerdotes.
-¿Qué? –musita el siervo de Dios, con un nudo en la garganta.
-Perdóneme, padre, porque voy a pecar –susurra el asesino.

lunes, 27 de febrero de 2012

RESEÑAS DE "TANGA Y EL GRAN LEOPARDO" (17)

María Sánchez reseña "Tanga y el gran leopardo" (Comanegra, 2009) en el IES SANTA ROSA DE LIMA. Pongo el enlace a continuación:

http://www.iessantarosadelima.com/index.php/component/content/frontpage/frontpage?start=15

En la fotografía, Roberto Malo y María José Menal, miembros del Grupo Galeón, representando el cuento de "Tanga y el gran leopardo" la semana pasada en el colegio Juan Pablo Bonet. La fotografía es cortesía de Ana Cristina Navarrete.

Por otro lado, ya está en Youtube el fragmento en que apareció "Tanga y el gran leopardo" en La2 Noticias. Pongo el enlace a continuación:

http://www.youtube.com/watch?v=USaGbwj-sJw

martes, 21 de febrero de 2012

GALEÓN EN LA SALA MORRISSEY

SALA MORRISSEY
Gran Vía 33
Sábado 25 y Domingo 26 de Febrero
12:00 horas
CUENTACUENTOS DEL GRUPO GALEÓN

En la fotografía del cartel, Roberto Malo y María José Menal, miembros del Grupo Galeón, representando el cuento de "Tanga y el gran leopardo".

¡Nos vemos!

viernes, 17 de febrero de 2012

ESTORNUDOS



Siendo sólo un niñito, Adolfito asombraba ya a todos con sus ostentosos estornudos. Cuando estornudaba, parecía que sacudiera a la tierra un terremoto. Era algo increíble. El estornudo resonaba como una explosión (más de una copa de cristal había estallado en mil añicos por el sonido), los objetos pequeños se tambaleaban ligeramente, como tocados por el seísmo producido, y de hecho poco a poco era capaz de tumbarlos.
Sus padres no se preocupaban en modo alguno por sus estornudos; no les parecía que fuese nada malo. (Además, el médico les había dicho que estaba perfectamente.) Más bien, se divertían con ello. “Estornuda, hijito”, le decían, “que vea este señor cómo sacudes todo”.
No fue hasta que cumplió veinte años cuando Adolfito –ya Adolfo- tomó conciencia de su poder, de su peligroso poder. Fue en una noche de abril, en el interior de un bar de mala muerte. Allí, Adolfo y sus amigos tuvieron una discusión con el camarero, y él con cierto enojo estornudó. Todos los vasos, copas y espejos del bar explotaron en pedazos. (No hace falta decir la cantidad de vasos y copas que puede haber dentro de un bar.) El estruendo fue impresionante, y todo el mundo se quedó boquiabierto, sin poder reaccionar. Entonces, Adolfo se echó a reír y se burló del camarero. Y el camarero, que era un auténtico gorila, salió de la barra y se lanzó a golpearle.
Adolfo era pequeño y delgado; no tenía nada que hacer contra él. O mejor dicho, tenía algo que hacer. Y lo hizo. Estornudó. Estornudó hacia el camarero, con todas sus fuerzas, como nunca había estornudado antes. El miedo y el odio le dieron las fuerzas suficientes. Fue como si soplara el dios del viento. El camarero salió despedido hacia atrás, volando materialmente, y se estrelló por fin contra la barra.
Todo el mundo permaneció inmóvil, sin poderse creer lo que veían sus ojos. El camarero había quedado tumbado en el suelo de la barra, completamente abatido. Mientras varios pares de ojos con bocas abiertas de asombro les seguían, Adolfo y sus amigos salieron tranquilamente del bar.
La noticia se propagó como la pólvora por todo el pueblo. “Lo tumbó de un estornudo”, decían todos. Esto le dio a Adolfo en qué pensar. Su extraña capacidad de estornudar le podía servir como medio de defensa. Sin embargo, también podría tener otros fines su poder. Sí, habría que pensar bien esos fines.
Por la noche tuvo un extraño sueño. Se aparecía ante él Thos, el dios bárbaro del viento que mataba a sus enemigos a base de estornudos, y le decía con aire solemne: “Dejo en ti mi poder”.
Adolfo se despertó en ese momento, resonando esas palabras en su mente. “Sí, tengo un poder”, pensó. Pero ¿cómo sacarle provecho?
Si Adolfo hubiera sido una mala persona, habría sabido qué hacer. Por ejemplo, entraba en el banco del pueblo y decía: “¡La pasta o estornudo!”. Y le daban todo el dinero, no cabía duda. Pero Adolfo era una buena persona: esos pensamientos no pasaban por su cabeza. Además, tenía que tener cuidado. Si estornudaba demasiado fuerte, él mismo se podría reventar los tímpanos por el sonido. Sí, tenía que pensarlo bien. Algo habría que pudiera hacer. Para algo le tenía que servir su poder.
Pero Adolfo, lamentablemente, era una persona sin imaginación, y nunca se le llegó a ocurrir nada. Murió al tiempo de un fuerte resfriado, en el que sepultó toda su casa sobre sí mismo, sin llegar a sacarle provecho a su maravilloso poder.

miércoles, 15 de febrero de 2012

GALEÓN EN LA BIBLIOTECA DE ARAGÓN

BIBLIOTECA DE ARAGÓN
Viernes 17 de Febrero
18:30 horas
CUENTACUENTOS DEL GRUPO GALEÓN

En la fotografía, María José Menal (a la pandereta), Jesús Cobos (a la dulzaina) y Roberto Malo (al bombo), miembros del Grupo Galeón.

lunes, 13 de febrero de 2012

RESEÑAS DE "ASESINATO EN EL CLUB NUDISTA" (17)

Mariano Villarreal reseña "Asesinato en el club nudista" (Nalvay, 2011) en Literatura Fantástica. Pongo el enlace a continuación:

http://literfan.cyberdark.net/2011/AsesinatoClubNudista.htm

En la fotografía, David González y Roberto Malo en la presentación de "Asesinato en el club nudista" en Donde los libros el pasado jueves.

En la fotografía, Blanca Langa, Roberto Malo, Maite Diloy y Kristina Martínez tras la presentación. Mil gracias a todos los que os pasasteis. ¡Hasta otra!

viernes, 10 de febrero de 2012

ANTOLOGÍAS HONRADAS CON MI PRESENCIA (47)

“Eclipse nº 11: el miedo” (Prensas Universitarias de Zaragoza, Diciembre, 2008) contiene textos de los siguientes autores (en orden alfabético): Alejandro Abián, Alberto Acerete, Jessica Aliaga, Esther Bonilla, Ernesto Clar, Ignacio Escuín, Eduardo Fariña, Alejandro Hernández, Pablo Lorente, Roberto Malo, María José Marcuello, Laura Martínez, Dolan Mor, Maite Noeno, Elena Pérez, Juan María Prieto, Miguel Serrano, Jesús Soria, Dan Tarodo y Almudena Vidorreta.

Yo participo con el relato “Oscuridad”.


Por otro lado, Raelana Dsagan ha reseñado "No tocar" (Saco de huesos, 2011), antología en la que participo, en Reseñas de libros. Pongo el enlace a continuación:

http://escritoenagua.blogspot.com/2012/02/no-tocar-vvaa.html

miércoles, 8 de febrero de 2012

PRESENTACIÓN DE "ASESINATO EN EL CLUB NUDISTA" EN DONDE LOS LIBROS

Jueves 9 de Febrero
19:00 horas
Presentación de "Asesinato en el club nudista" (Nalvay, 2011), de Roberto Malo, con el autor y los editores
Librería Donde los libros
Avda. Pascual Marquina, 3
Calatayud

El libro está ilustrado por Abraham Pérez.

En la fotografía, el editor David González y el escritor Roberto Malo.

¡Nos vemos!

sábado, 4 de febrero de 2012

RESEÑAS DE "LA MADRE DEL HÉROE" (11)

Reseña en italiano de "La madre del héroe" (OQO, 2011) en Le Letture di Biblioragazzi. Pongo el enlace a continuación:


En la fotografía, Ángel Vergara y Roberto Malo, miembros del Grupo Galeón, representando "La madre del héroe" en La Campana de los perdidos.

El libro está ilustrado por Marjorie Pourchet. Por cierto, se puede ver una exposición de sus ilustraciones para "La madre del héroe" en la Galería Lithos de Saint-Restitut:

La Madre del Héroe

Marjorie Pourchet
Du 18 janvier au 8 février
Centre d’art contemporain Lithos, passage de la Cure, Saint-Restitut

La galerie Lithos expose une vingtaine d’originaux de l’album La Madre del Héroe de Roberto Malo, Francisco Javier Mateos et Marjorie Pourchet, paru chez OQO Editions, en espagnol. Parallèlement, la galerie expose un travail photographique réalisé avec une classe de CE1 de Saint-Paul-Trois-Châteaux sur le thème d’un autre regard.
Mardi, mercredi, jeudi, vendredi de 15 h à 17 h 30 (et sur rendez-vous)
Samedi, dimanche de 10 h à 12 h / 15 h-17 h 30
Renseignements : 04 75 01 02 91

http://www.ville-saintpaultroischateaux.fr/-les-expositions-.html

jueves, 2 de febrero de 2012

ANTOLOGÍAS HONRADAS CON MI PRESENCIA (46)


“Mujer, su mundo y vivencias. Relatos breves Día de la Mujer 2006” (Ayuntamiento de Navalmoral de la Mata, 2007) contiene relatos de los siguientes autores: Juana del Álamo Martínez, Josefina Solano Maldonado, Jesús Carrasco Manzano, Pilar del Monte Sánchez, María Pinto Balsera, Juan L. Rincón Ares, Amparo de Vega Redondo, Raúl Castañón del Río, Carlos Fernández Salinas, Lucía Torres Regalado, Inés Gallego Belón, Mª Fernanda Trujillo León, José Luis Navajo Ayora, Rosa Navarro Lara, Eva María Peribáñez Pobo, Pilar Manzanares García, Eduardo Laporte Miqueléiz, Fernando Fabián Sánchez, Juan Lorenzo Collado Gómez, Marina Gutiérrez Tajada, Patricio Rubio Sánchez, Eva Olivé Sales, David Martínez Suárez, Luis Pliego Iñiguez, Georgina Burgos Gil, Eumelia Sanz Vaca, Juan Carlos Menéndez Gijón, Ernesto Ortega Garrido, Rosario de la Cruz Casas, José Manuel Moreno Pérez, María Laura Massolo, Juan Ruiz Serrano, Faustino García Chaves, José Manuel Blázquez Carrasco, Agustín Benito Gutiérrez, José María Gómez de la Torre, Cristina Félix Santamaría, Salvador Peña Fernández, Julián Villamarín Rodríguez, Mª José Toquero del Olmo, Felisa Fernández Cabañas, Mª Ángeles Padilla Sánchez, Beatriz Burdman, Juan Carlos Fernández León, Francisca Gata Amate, Manuel Terrín Benavides, María Celestial Brizuela, Eloisa Martínez Santos, Pola Gutiérrez Alegre, Ada Alonso García, Francisco Javier Pérez Fernández, Eva Barro García, Concha Fernández González, Manuel Luque Tapia, Javier Vázquez Losada, Rosa Natalia Vilar Fernández, Ana María Pastrana González, Puri Álvarez Hernández, Inés Arteta, Alfredo Macías Macías, Antonio García de la Rosa, Ricardo Gustavo Creimer, Herminia Dionis Piquero, Antonio Savinelli Piscitelli, Margarita Borrero, Lourdes Otero León, Mónica Díaz-Ponte Penedo, Mariano Velasco Lizcano, Manuel Domínguez Senra, Roberto Malo, Patricia Suárez, Marceliano Galán Morcillo y María Laura Gargarella.

Yo participo con el relato “La viejecita que recogía piedras”.