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miércoles, 12 de agosto de 2026

EL VAMPIRO

 


El vampiro

alzó el vuelo

cuando la noche

cayó.

Pronto ardió

y se fue al suelo

cuando el eclipse

terminó.


domingo, 26 de julio de 2026

EL CUENTISTA Y EL REY

Había una vez un rey al que le encantaban los cuentos. Y como le gustaban tanto, convocó a todos los cuentistas de todos los reinos para que vinieran a contarle historias, anunciando que al que le contara el mejor cuento le entregaría una bolsa llena de monedas de oro.

En consecuencia, de todos los lugares partieron cuentistas para probar fortuna. El primero en llegar fue un joven narrador de un reino cercano. A pesar de su juventud era un gran contador de historias, conocido por todos. En cuanto llegó al palacio real, los guardianes del rey lo llevaron ante éste. Tras unas reverencias y unos cruces de palabras, el cuentista empezó su cuento sin ayudarse de laúd ni de instrumento alguno, sólo de su voz y de sus gestos.

Tenía una voz profunda, trabajada, y el cuento fluía de su boca con fuerza, como la lava que sale de un volcán. El rey y sus siervos lo escuchaban admirados, callados, paralizados por el cuento. Las manos y el rostro del cuentista gesticulaban perfectamente, saliendo cada uno de sus ademanes como algo natural, no pudiéndose concebir el cuento de otra manera.

Las palabras del cuentista volaban, volaban hasta el mismísimo techo del palacio; después bajaban, como mariposas llenas de poesía e imaginación, sobre los oídos de los cortesanos y del rey.

Pero cuando el cuentista hizo una pausa para dar intensidad a una frase, el rey le dijo de pronto: “Se me ha olvidado deciros algo. Si no me gusta vuestro cuento, haré que os corten la cabeza”.

El cuentista tragó saliva, y se formó un nudo de terror en su garganta. Sorprendido, asustado, miró al rey. ¿Hablaba en serio? ¿Se estaba burlando de él? No, no parecía que estuviera bromeando. ¿Y por qué no le había avisado antes?

Se quedó callado, aterrado, sin saber cómo continuar, sintiendo que no sólo estaba contando un cuento, sino que estaba intentando salvar su vida. ¿Serían capaces de matarlo?, parecía pensar.

Decidió que lo único que podía hacer era seguir contando la historia lo mejor que pudiera, intentando no pensar demasiado en la amenaza del rey. Así pues, siguió con el cuento, aunque su voz ya no sonaba tan profunda, sino que tenía cierto tono de miedo y nerviosismo; su lengua se trababa de vez en cuando, sus manos se movían torpemente y el sudor empezaba a cubrir su rostro poco a poco. No podía dejar de pensar que un hacha se alzaría sobre su cuello si su cuento no conseguía contentar al rey. No obstante, a pesar de su miedo su mente volaba hasta el cielo intentando arrancar de allí las palabras más bellas, las más dulces, las que consiguen ablandar al corazón más duro, las que hacen ver al ciego, oír al sordo, ésas que forman los grandes libros de las bibliotecas de los sueños.

Y así, poco a poco, el contador de historias se dio cuenta de que se estaba acercando al final del cuento, y pensó que quizás también se estaba acercando al final de su vida. Y decidió entonces alargar el relato, hacerlo seguir, coronándolo de detalles, de historias enlazadas, como aferrándose a la vida, como pensando que el tiempo que le restaba de cuento podría ser el tiempo que le restaba de vida. Y así lo fue alargando y alargando, y parecía no tener fin.

Los cortesanos se empezaron a dormir. El rey empezó a bostezar. El cuentista sudaba y sudaba, y su mente seguía como loca en busca de palabras, en busca de ideas, en busca de una manera de continuar su cuento, en busca de una manera de continuar su vida.

Sus palabras salían con lentitud, acariciando el tiempo, sin prisa, y los minutos pasaban y pasaban. El cuentista parecía pensar que así arrancaba valiosos minutos de vida a su muerte.

Casi todos los cortesanos se habían quedado dormidos. El rey parecía algo enojado. Pero el cuentista no les prestaba atención alguna, y seguía y seguía hablando, pensando que lo mejor que le podía pasar era que lo echaran de allí por pesado.

Los minutos se convirtieron en horas, en días, y el cuento parecía ya sin duda el cuento de nunca acabar.

Sin embargo, la sed, el hambre y el sueño empezaron a atacar al cuentista; y éste decidió que, tarde o temprano, tendría que acabar el cuento. Así pues, empezó a enfocar sus palabras hacia un final apoteósico, aunque, al acercarse, se volvía a alejar del final, como quien se intenta alejar de la muerte.

Tras varias tentativas, llegó hasta el final auténtico, acercándose lentamente, con miedo, con sigilo, y lo terminó, y se terminó el cuento a sí mismo, resonando el silencio que se formó al acabar de hablar como una explosión inaudible de color blanco.

El rey, al observar que había terminado, se levantó de su trono y expresó: “No ha estado del todo mal. Pero a mí me gustan los cuentos cortos. ¡Que le corten la cabeza!”.

 

"El cuentista y el rey" es uno de los veinte relatos incluidos en "Sin pies ni cabeza" (El Eco de los Libres, 2025), libro escrito por Roberto Malo e ilustrado primorosamente por Miquel Zueras. 


Puedes adquirir el libro en el siguiente enlace: 

sábado, 25 de julio de 2026

"CINE DE VERANO", MI COLUMNA SEMANAL EN EL PERIÓDICO DE ARAGÓN

El verano es un buen momento para viajar. Y una manera barata de viajar es a través de un libro o de una película. Y si el libro o la película narra un viaje, pues viajamos doblemente. El director británico Christopher Nolan lo sabe muy bien; no en vano tiene una arraigada querencia por estrenar sus películas siempre en verano. Al fin y al cabo, sus filmes se prestan a ello: son obras marcadamente comerciales, blockbusters de autor que arrasan en taquilla en la época estival. Consigue convertir en un evento cinematográfico cada estreno suyo, y lo ha vuelto a lograr con La Odisea, su último y esperado trabajo. Como bien nos han publicitado hasta la exasperación, ha supuesto la primera película filmada en su totalidad con cámaras IMAX de 70 milímetros. Un formato que ofrece hasta un 40% más de imagen y una nitidez alucinante. Y para que la podamos visionar casi tal y como el propio director quisiera, estamos de enhorabuena: se ha creado una sala IMAX en los cines Palafox de Zaragoza. Y el día del estreno, en versión original, por supuesto, allá que me fui a conocer esta nueva sala IMAX. Momentos antes de que los espectadores pudiéramos pasar, había una gran expectación, la verdad; uno no inaugura una nueva sala de cine todos los días. Y tengo que decir que las butacas son comodísimas, grandes y espaciosas, y se pueden reclinar levemente. Les pregunté a los espectadores que estaban detrás si suponía un problema o una molestia que la reclinase hacia atrás, y nada, no suponía ningún problema, había espacio de sobra. La pantalla era enorme, mucho más alta de lo normal, pero no tan ancha como la de la sala grande de los Palafox, la 4, esa sigue como siempre, se puede ver la película de Nolan en 70 mm a la perfección. También se puede ver la película en 70 mm en una sala de los Aragonia, así que en Zaragoza no nos podemos quejar. Nolan, de alguna manera, ya había contado versiones de La Odisea en otras películas suyas, así que encaja perfectamente en su filmografía. Al formar parte del imaginario colectivo, muchos artistas han querido contar el poema homérico, cada uno a su estilo. Por ejemplo, el gran Javier Krahe cantaba en su canción Como Ulises toda La Odisea con sus estupendas rimas: “Yo, como Ulises, he sido / de Penélope el marido, / y me alejé de esa joya / por unirme a Agamenón, / que iba a la guerra de Troya, / me pedía el cuerpo acción”.


"Cine de verano", mi columna semanal en El Periódico de Aragón de hoy sábado 25 de julio.

Asimismo, podéis leer la columna "Cine de verano", de Roberto Malo, en el enlace de la web del Periódico de Aragón que pongo a continuación:

https://www.elperiodicodearagon.com/opinion/2026/07/25/cine-verano-132783003.html


jueves, 16 de julio de 2026

DEJANDO TODO A MEDIAS

 Era un caso imposible; no conseguía acabar nada de lo que empezaba. Dejaba siempre todo a medias. Siendo muy pequeño, dejó el colegio a los pocos cursos, alegando que no había nacido para estudiar. Empezó a trabajar, pero a los pocos días lo abandonó, decidiendo que pasaba de currar. Quiso ser pintor, pero nunca logró terminar un cuadro. Quiso escribir un libro, pero nunca lo empezó. Quiso plantar un árbol, pero nunca se decidió. Se echó algunas novias, pero con ninguna llegó al altar; las dejaba a los pocos días de empezar a salir, pues se cansaba de ellas enseguida. Estaba terriblemente delgado, ya que nunca conseguía terminar las comidas, aunque éstas no fueran muy abundantes. Por las mañanas solía estar de muy mal humor, pues se despertaba bruscamente, justo cuando el sueño parecía llegar al final; ni siquiera los sueños lograba terminar. Era un caso perdido; si empezaba a leer un libro, lo dejaba antes de acabarlo. Si empezaba a ver una película, se salía del cine antes de que finalizase. Si entraba en un museo, nunca llegaba a todos los lugares de la exposición. Si se compraba un disco, nunca llegaba a escucharlo enteramente. Mantener una conversación con él era una locura, pues empezaba a decir algo y al poco se callaba: dejaba todas las frases a medias. Llegó a crearse algunos enemigos, pues nunca terminaba de pagar sus deudas, y si empezaba a jugar alguna partida —ya fuera de cartas, de dados, o de dardos— siempre se iba antes de que acabara. Un día, empezó a cruzar un paso de cebra y —normal en él— no lo terminó de cruzar. Un coche lo embistió, llevándoselo por delante. Aquel día, por primera vez, consiguió terminar algo que había empezado: su vida. Aunque hubo quien opinó que simplemente dejó la vida a medias.

"Dejando todo a medias" aparece en "Malas firmas" (Interludio, 2020). Toda la información del libro en el siguiente enlace:


sábado, 11 de julio de 2026

"LA COLUMNA DEFINITIVA", MI COLUMNA SEMANAL EN EL PERIÓDICO DE ARAGÓN

El otro día me preguntaron que cuál era mi columna favorita, de entre todas las que había escrito. Y respondí (por decir algo, lo admito) que mi mejor columna todavía está por escribir. Y me quedé tan ancho. Sin embargo, también me quedé con la mosca detrás de la oreja, ciertamente. Era una buena pregunta. Tal vez tendría que pensar bien la respuesta. Así que una vez en casa le di unas cuantas vueltas a una posible respuesta sincera, pero no llegué a ninguna conclusión plenamente satisfactoria. En honor a la verdad, le tengo mucho cariño a algunos de los primeros artículos que escribí, con esa inconsciencia y emoción de los inicios (hay que ser muy inconsciente para aceptar escribir columnas en un periódico, desde luego), y en estos siete años y medio que llevo como columnista hay unas cuantas de las que me siento bastante orgulloso, pero tampoco como para tirar cohetes. Estimo que es difícil destacar alguna en concreto, en resumidas cuentas. Supongo que uno siempre busca escribir la mejor columna del mundo, pero nunca se consigue. Escuché decir hace unas semanas a Juan José Millás que él en una entrevista comentó que anhelaba escribir la columna perfecta, para así con ella acabar con el columnismo, pero que, debido a su lengua de trapo, la periodista publicó al día siguiente la transcripción de la siguiente manera: “Espero escribir la columna perfecta, para así acabar con el comunismo”. Millás sonreía explicando que él nunca querría acabar con el comunismo, por favor, nada más lejos de su intención. Y nada más lejos de mi intención el escurrir el bulto, pero es como cuando te preguntan que a qué hijo quieres más. A ver, uno quiere a todas sus criaturas por igual, cada una tiene su historia, su intrahistoria dentro de la historia. Me ocurre lo mismo cuando me preguntan por mi novela favorita de entre todas la que he escrito, o mi libro de relatos favorito, o mi cómic favorito o mi cuento infantil favorito. Resulta casi imposible escoger a uno en particular; en mi caso suelo esgrimir que le tengo más cariño tal vez a las primeras publicaciones que he tenido en cada género literario, por eso de la novedad y del valor sentimental de los iniciales pasos en el proceloso mundillo editorial. Pero mi columna definitiva, me repito y me reafirmo tras darle esta vuelta, está todavía por escribir.


"La columna definitiva", mi columna semanal en El Periódico de Aragón de hoy sábado 11 de julio.

Asimismo, podéis leer la columna "La columna definitiva", de Roberto Malo, en el enlace de la web del Periódico de Aragón que pongo a continuación:

https://www.elperiodicodearagon.com/opinion/2026/07/11/columna-definitiva-132340170.html


viernes, 10 de julio de 2026

DELINCUENTE AFICIONADO

La mañana le sonreía a Luis. Había un agradable sol del verano y veía feliz cómo unas palomas blancas revoloteaban a su alrededor. En su trabajo iba muy bien, era uno de los mejores, y su mujer estaba embarazada por segunda vez.

La calle que recorría estaba iluminada por rayos dorados y muy concurrida por toda clase de gente. Todo esto cambió radicalmente al penetrar en un callejón angosto y sombrío. Tal vez, también cambiaba su suerte.

De detrás de un cubo de basura salió otra basura; un muchacho desarreglado pero no desarmado. Con una navaja en su mano derecha se lanzó sobre Luis; le aferró de un brazo y le acercó la navaja hasta la garganta.

—¡Venga, da-dame la pasta! ¡Todo el di-di-dinero que lleves! —dijo tartamudeando el residuo humano.

—No, si no llevo nada... —articuló Luis.

—¡Venga, ca-cabrón, no me tontees! ¡Da-dame todo o te mato!

—Pero si te he dicho que no...

—¡Calla! ¡Mi-mira esto, hijo de puta! —indicó el ladrón, y mostró su carnet de identidad—. Aquí po-pone: “Delincuente aficionado”, y también tengo la fi-fi-ficha de drogadicto, o sea que imagínatelo. No dudaré ni un se-segundo en rebanarte el cuello. ¡Soy un tipo muy pe-pe-peligroso y conmigo no se juega!

—Ya veo, ya...

—¡Venga, la ca-cartera! —exigió el joven.

Le echó la mano al pantalón y le quitó la cartera; al hacerlo, leyó la funda despreocupadamente. Al instante, la dejó caer al suelo y apartó la navaja.

—Pe-pe-perdona, yo no sabía...

Luis le apuntaba con una pistola.

—Ya sa-sabes, un error lo tiene cu-cu-cualquiera...

—Me das pena, muchacho —dijo Luis. Frunció el ceño y acarició el gatillo.

—¡No me ma-mates! Solamente quería un po-poco de dinero —dijo el ladrón, y arrojó la navaja al suelo—. Compréndeme...

—Te comprendo. Y es más, te voy a dar todo el dinero que llevo.

El delincuente lo miró con desconfianza.

—Y todo lo que llevo encima es esta moneda de cien créditos            —continuó Luis, mostrándosela—. ¡Y te la vas a tragar!

—Oye, por aquí pa-pasará alguien... y si me disparas te me-meterás en un buen lío —advirtió el muchacho ingenuamente.

—Defensa propia —sonrió Luis—. Me has atacado. Ya puedes abrir la boquita si quieres conservar tu mierda de vida.

El rostro del ladrón se tornó sudoroso.

—No di-dirás en serio lo de...

—¡Abre la boca! —exclamó Luis, y pegó la pistola al estómago del desdichado.

El ladrón abrió tímidamente la boca; Luis le metió la moneda con fuerza.

—¡Como la escupas te mato! —sentenció al ver que la intentaba expulsar con rabia, tapándole la boca al momento con una mano.

El ladrón se agitaba como un perro, presa del horror. De pronto Luis le propinó un rodillazo en el bajo vientre, y el golpe provocó que se tragara la moneda. Aterrado, sin poder hablar, el ladrón se señaló el cuello con una mano.

—Vaya, te la has tragado. Nunca pensé que lo conseguirías —dijo Luis irónicamente—. ¿Qué te pasa? ¿No puedes respirar?

El ladrón cayó de rodillas, retorciéndose.

—Pobre chico, te la tendré que sacar. Qué coño, cien créditos son cien créditos.

El muchacho intentó toser y expulsarla sin conseguirlo. Luis tomó la navaja del suelo y guardó la pistola.

—Resiste, chico. Te la voy a sacar —dijo acercando la navaja al cuello del drogadicto.

Los ojos de éste reflejaban un horror incontenible. Intentó decir algo, pero no pudo...

Luis le clavó la navaja en la garganta. El desgraciado profirió un grito ahogado. La sangre brotó como de un surtidor.

—Bueno, a ver si te la encuentro —dijo Luis tranquilamente.

Partió la nuez en dos. Después rasgó hacia arriba hasta dar con el mentón.

—Por aquí no se ve —observó—. Tanta sangre me impide ver nada.

Rajó la faringe con el temple de un cirujano. La moneda estaba alojada ahí. La extrajo con mucho cuidado. Limpió metódicamente la sangre de la moneda y a continuación la guardó en su bolsillo. Después se agachó y tomó del suelo su cartera. En la funda ponía: “Luis Gómez. Asesino profesional”.

 

"Delincuente aficionado" es uno de los veinte relatos incluidos en "Sin pies ni cabeza" (El Eco de los Libres, 2025), libro escrito por Roberto Malo e ilustrado primorosamente por Miquel Zueras. 


Puedes adquirir el libro en el siguiente enlace: 


sábado, 4 de julio de 2026

"EL APELLIDO CONDICIONA", MI COLUMNA SEMANAL EN EL PERIÓDICO DE ARAGÓN

“No hay placer como el terror”, afirmaba Clive Barker. Y así es, el terror mola un montón. Y se encuentra en un gran momento. Andaba yo obsesionado con ver la película Obsession, que venía precedida de unas críticas entusiastas. Y una vez vista, no me extrañan para nada las encendidas alabanzas que está recibiendo por todo el mundo. Es un peliculón tremendo. En Hollywood, donde lo que genera titulares es la pasta, les ha llamado la atención que esta pequeña película independiente, rodada en veinte días y con un presupuesto irrisorio de 750.000 dólares, haya recaudado ya unos 400 millones de dólares. Una barbaridad, vaya. Aunque a mí personalmente las perras que haya costado o lo que recaude al final me da un poco igual. A mí lo que me interesa es que la película funcione, que sea buena, independientemente de lo que haya generado. Y en ese aspecto no hay dudas: es una auténtica maravilla. Sorprende que sea una ópera prima. Tanto el guion como la dirección son magistrales, y son obra de Curry Barker, un veinteañero con un gran futuro por delante; leo que ha firmado un acuerdo histórico de ocho cifras con Universal para crear varias películas del género de terror. Y al leerlo caigo en la cuenta. Un momento, se apellida Barker. ¿Será familia del gran Clive Barker? Lamentablemente, tras consultarlo constato que no les une ningún lazo familiar. Clive es británico, Curry es estadounidense. Uno tiene 73 años, el otro 26. Pero Curry, te entiendo perfectamente: si te apellidas Barker, y te gusta escribir y dirigir, está claro que te tienes que dedicar al terror. El apellido te condiciona. Pondré otro ejemplo de esta curiosa reflexión con otro miembro de la película Obsession, que también me tiene loco. La banda sonora del filme es uno de sus puntos fuertes: es una joya, inquietante y brutal, obra de Rock Burwell. Y al leerlo caigo en la cuenta. Un momento, se apellida Burwell. ¿Será familia del gran compositor Carter Burwell, autor de las bandas sonoras de las películas de los Coen? Os voy a ahorrar que lo busquéis en Google. No les une ningún vínculo familiar. Pero si eres músico, y te apellidas Burwell, está claro que tienes que componer bandas sonoras. ¿Casualidad? ¿Una simple coincidencia? No lo creo. El apellido marca, para bien o para mal. Por cierto, Curry y Rock tienen apellidos ilustres, pero también sus nombres son molones. ¿Cómo no van a triunfar?


"El apellido condiciona", mi columna semanal en El Periódico de Aragón de hoy sábado 4 de julio.

Asimismo, podéis leer la columna "El apedillo condiciona", de Roberto Malo, en el enlace de la web del Periódico de Aragón que pongo a continuación:

https://www.elperiodicodearagon.com/opinion/2026/07/04/apellido-condiciona-132093130.html


sábado, 27 de junio de 2026

"EN EL TRANVÍA", MI COLUMNA SEMANAL EN EL PERIÓDICO DE ARAGÓN

Subir al tranvía supone siempre una aventura. Te puedes encontrar cualquier cosa en su interior. Por ejemplo, una improvisada pasarela de moda. El otro día, cinco modelos desfilaron por el pasillo del vehículo ante el asombro de los viajeros, mostrando el talento y la creatividad de los alumnos del Centro Superior de Diseño Hacer Creativo, entre las paradas de Gran Casa y Parque Goya. No había muchos pasajeros en ese momento en el tranvía, así que se pudo realizar el desfile con cierta comodidad y elegancia. Yo aprovecho el trayecto en el tranvía para leer, siempre llevo algún libro encima, pero hay veces en que lo que te encuentras sin venir a cuento hace que pospongas la lectura para otro momento. Yo mismo participé hace unos años en el programa Para, mira, lee, una colaboración entre el Ayuntamiento de Zaragoza y el Patronato de Bibliotecas y Educación, donde las paradas de los tranvías se transformaban en pequeñas bibliotecas ambulantes, ofreciendo a los ciudadanos la oportunidad de disfrutar de un buen libro durante los viajes en tranvía y en casa, y donde dentro del tranvía varios animadores realizábamos juegos y contábamos cuentos para pasmo y regocijo de los ocasionales pasajeros. Qué bien lo pasamos, madre mía, animar a leer en cualquier lado es muy satisfactorio, y la gente lo cierto es que se lo tomaba muy bien. Supongo que es algo normal. A mí mismo me encanta ver trabajar a la gente en el tranvía, realizando labores cuando menos curiosas. Y no me refiero a los revisores, no, que ejercen su función diligentemente y con gran profesionalidad. Me refiero a otro tipo de labores, que a veces pasan más desapercibidas. Por ejemplo, el otro día vi a un contador de pasajeros, que apostado al lado de una de las puertas del tranvía contabilizaba en una carpeta el número de pasajeros que entraban y salían en cada parada. No pude evitar acercarme y charlar con él. Era todo un artista, en los márgenes de la hoja tabulada dibujaba un galeón pirata, añadiéndole detalles entre parada y parada. Los números de los pasajeros que subían y bajaban los trazaba con una caligrafía preciosa, daba gusto verlo anotar. No le molesté demasiado; al fin y al cabo, estaba trabajando y no le quería importunar mientras contaba a los viajeros, pero me despedí de él cuando me tocó bajar. “Me bajo aquí”, le dije, “Cuéntame”.


"En el tranvía", mi columna semanal en El Periódico de Aragón de hoy sábado 27 de junio.

Asimismo, podéis leer la columna "En el tranvía", de Roberto Malo, en el enlace de la web del Periódico de Aragón que pongo a continuación:

https://www.elperiodicodearagon.com/opinion/2026/06/27/tranvia-131851657.html


viernes, 26 de junio de 2026

FOTOGRAFÍAS

El hombre busca en su estantería algún libro para leer, ve el lomo de uno de los más divertidos, su álbum de fotos, y lo toma decidido, se sienta plácidamente en el sofá, lo abre y sonríe al empezar a hojearlo; las primeras fotos son de él recién nacido, en blanco y negro, en una está en brazos de su madre, en otra en brazos de su sonriente abuela, en la siguiente aparece totalmente desnudo, tumbado en la cuna, hay varias fotos del bautizo, el cura sonriendo a la cámara como un profesional, sigue una foto muy graciosa en la que se ve rodeado de muñecos, él es un muñeco más, en otra tiene delante una tarta con dos velas, en la siguiente tiene la tarta en la cara, en otra aparece jugando con su hermano mayor, los dos disfrazados de indios, en otra está en el pueblo, con dos gatos, llegan las fotos de la primera comunión, de blanco y con cirio, y las de las vacaciones en la playa, entre olas y castillos de arena, y otras con sus amigos y compañeros de clase; a partir de estas hojas las fotos son ya en color, hay una foto que a él le gusta mucho, está de pie, de puntillas, en medio de sus padres, en otra sale jugando a balonmano, y en otras se ve enredando con su hermana pequeña, llegan fotos en el campo, fotos con árboles de Navidad, fotos con familiares, fotos con amigos y amigas; siguen varias instantáneas del viaje de estudios a Italia, en una, cómo no, sosteniendo la torre de Pisa, y un par de la cena de fin de curso, corriendo el champán entre las mesas blancas, llegan más fotos familiares, otros bautizos, otras bodas, fotos en la universidad, muchas fotos con una preciosa universitaria, que llegaría a ser su mujer, fotos de la cena de fin de carrera, y un montón de su boda, él vestido impecablemente de smoking y su mujer con un traje de carnaval, fotos del banquete de bodas, entrando a matar el toro blanco que es la tarta, y algunas del viaje de novios con París de telón de fondo, y después de París, es natural, una foto de él y su mujer emocionados mientras sostienen a su hijo recién nacido, todo un angelito, en otra aparece él dándole la papilla al bebé y es difícil decir quién de los dos tiene la cara con más papilla, en otra él posa sonriendo, conduciendo hábilmente el cochecito de bebé, de pronto, el hombre se extraña cuando ve una foto, aparentemente, es una foto normal, pero hay algo que no resulta normal, la fotografía consiste en él sentado en el sofá, hojeando el álbum de fotos, pero en la foto lleva la misma ropa que lleva ahora y luce la misma barba de cinco días y el mismo peinado, ¿quién ha hecho la foto? ¿su mujer? ¿no está su mujer fuera?, lo tiene que averiguar, se levanta del sofá, da dos pasos hacia la puerta y no puede dar más pasos, ha chocado contra una barrera invisible, imposible de cruzar, retrocede y a los tres pasos sucede lo mismo, choca contra otra barrera inasible, salta hacia el techo con la mano en alto y su mano es frenada de golpe, antes de llegar al techo, incomprensiblemente, sí, ahora está seguro, está atrapado dentro de un cuadrado, está atrapado dentro de una fotografía, él sólo es una fotografía, o una parte de la misma, se siente mal, se siente totalmente impotente; apesadumbrado, se deja caer en el sofá;  abatido, resignándose, sigue hojeando el álbum de fotos. 

"Fotografías" aparece en el Magazine fotográfico FOCOS (Nº 8, Junio 2026, Especial 4º Aniversario). Fantástico magazine dirigido, coordinado y diseñado por  Miguelón Sanz. Un lujoso volumen de 438 páginas. Con trabajos de 40 fotógrafos y de 3 escritores. ¡No os lo perdáis!


sábado, 20 de junio de 2026

"FIEBRE DE MUNDIAL", MI COLUMNA SEMANAL EN EL PERIÓDICO DE ARAGÓN

Enciendo la televisión, veo que juegan Uzbekistán y Colombia y me quedó embobado, sin poder dejar de mirar el partido. Me pierden los mundiales de fútbol, lo confieso. Cada cuatro años me engancho sin remedio a ver todos los lances que puedo del campeonato. Ya me pasaba de niño, pero hoy en día me sigue sucediendo. Hay costumbres que son para siempre, está visto. ¿A qué se debe esta fascinación por los mundiales? No lo tengo muy claro, pero me siento como los personajes de Forges 82, enfermos de fútbol mundialista. Con ese mítico cómic por entregas aprendimos la historia de todos los mundiales (de forma harto divertida) y aprendimos a perder, una vez más. Sí, entonces España siempre perdía (eran otros tiempos). Sin embargo, con los mundiales de balompié también aprendes mucha geografía. Por ejemplo, en este mundial he descubierto dónde está Curazao. Ya puedo situar a esa preciosa isla del Caribe en un mapa sin dudar. Por otro lado, un mundial te da muchas lecciones de vida. Descubres, aunque suene a tópico, que no hay enemigo pequeño. Cualquier equipo te puede ganar. Juegas contra Cabo Verde y no pasas del empate a cero; te hacen ver que tu selección está todavía muy verde. Mejor. Así nos ponen con los pies en la tierra y dejamos de creérnoslo demasiado. No olvidemos nunca cuando en el mundial de Sudáfrica, nuestro mundial para la historia, en el primer partido perdimos con Suiza. Menudo bajón de inicio. Así que ya sabéis, si se empieza regular, o mal, luego se puede ir a mejor. (También se puede ir a peor, vale, pero seamos optimistas de momento.) En ese mundial, por cierto, Shakira cantó el Waka Waka, canción talismán que nos llevó a la gloria. Y en este mundial, como claro paralelismo con aquel, la artista colombiana ha sacado el tema Dai Dai; canción muy parecida (cortada por el mismo patrón) que esperemos nos dé una suerte similar. Un mundial también es un espejo: te refleja lo mayor que está Modric, lo mayor que está Cristiano Ronaldo… y que Messi sigue siendo una leyenda y se marca un hat-trick sin despeinarse. Qué animal. Creo que vamos a disfrutar bastante. Y a todas horas, nunca mejor dicho. A las seis de la tarde. A las nueve de la noche. A las dos de la mañana. A las cinco de la mañana. Madre mía, nos va a tocar trasnochar un montón de días. Pero cuando tienes fiebre de mundial, nada te puede detener.


"Fiebre de mundial", mi columna semanal en El Periódico de Aragón de hoy sábado 20 de junio.

Asimismo, podéis leer la columna "Fiebre de mundial", de Roberto Malo, en el enlace de la web del Periódico de Aragón que pongo a continuación:

https://www.elperiodicodearagon.com/opinion/2026/06/20/fiebre-mundial-131599319.html


sábado, 13 de junio de 2026

"NO ME DA LA VIDA", MI COLUMNA SEMANAL EN EL PERIÓDICO DE ARAGÓN

No sé si es el signo de estos tiempos, pero no me da la vida para todo lo que me apetece hacer. Intento llegar a todo, pero resulta una misión imposible. Por ejemplo, Bad Bunny me invita a su casita, pero no puedo acudir porque tengo muchos cuentacuentos estos días. Bueno, como ya se imaginarán, esto no es realmente cierto. Sí que tengo muchos cuentacuentos (todos los colegios piden cuentacuentos en estos últimos días de curso), pero no acudo a la casita porque Bad Bunny me invita por teléfono y no entiendo lo que me dice. Y eso que me invita cantando, para que sepa que es él de verdad, pero no pillo nada, solamente que tiene muchas novias o algo así. Le cuelgo sin dudar, los malos somos legión, los malos nos apoyamos entre nosotros, pero bueno, seguro que Benito tampoco me echará demasiado en falta. Otra vez será. También me piden ejercer de ayudante y guardaespaldas del Papa León XIV en su visita a España, básicamente para acompañarlo en el Papa Móvil, caminando al trote a su lado, protegiéndolo de rimas zafias (“Papa León, molas mogollón”) y pasándole los bebés al vuelo y devolviéndolos a sus progenitores tras la bendición papal. Y me apetece el trabajo, no lo voy a negar, me veo como Clint Eastwood en la película En la línea de fuego, pero estoy con mucho lío estos días en varias ferias del libro y tengo que declinar la atractiva propuesta. Por cierto, hablando del bueno de Clint, me llamó para invitarme a su cumpleaños: 96 años le han caído nada menos. Me dijo: “Anda, alégrame el día”. Pero me venía mal por lo mismo, qué desastre. “Tengo muchas ferias, muchos cuentacuentos”, le canté por teléfono para disculparme por mi ausencia. No se lo tomó nada bien, me temo. No sé si por mi ausencia, o por mi imitación lamentable del Conejo Malo, pero anunció despechado al día siguiente que se retiraba del cine, que se le habían ido las ganas de seguir. Me sentí responsable, la verdad. ¿Cómo le había podido fallar de semejante manera? Que uno a los 96 años ya no aguanta muchos desplantes, y más con el genio y carácter que siempre ha tenido. Pero es cierto, voy a tope de ferias y cuentacuentos, no es una excusa barata. Por ejemplo, mañana domingo mismo estoy firmando en la Feria del Libro de Madrid. Ya verás cómo Bad Bunny, que tiene su penúltimo concierto en la capital, se pasa por la feria a echarme la bronca. Ya lo estoy viendo.


"No me da la vida", mi columna semanal en El Periódico de Aragón de hoy sábado 13 de junio.

Asimismo, podéis leer la columna "No me da la vida", de Roberto Malo, en el enlace de la web del Periódico de Aragón que pongo a continuación:

https://www.pressreader.com/spain/el-periodico-aragon/20260613/281633901931421