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sábado, 26 de septiembre de 2026

"SIGO SIENDO UN IGNORANTE", MI COLUMNA SEMANAL EN EL PERIÓDICO DE ARAGÓN

Aunque pasan los años, y uno espera ir aprendiendo algo siempre por el camino, sigo siendo un ignorante en muchos aspectos de la vida. Por ejemplo, soy un ignorante total en el mundo de los videojuegos. Nunca he jugado a ninguno, en ningún momento de mi existencia. Mis hijos controlan bastante el tema, por ejemplo, me dan mil vueltas, pero yo soy un zote absoluto en ese particular. No creo que sea una cuestión de la edad, tengo muchos amigos de mi quinta que han jugado y juegan a diversos videojuegos. Creo más bien que se debe a una cuestión de en qué ocupar el tiempo de ocio. Prefiero leer, escribir, ir al cine, al teatro, a un concierto, qué sé yo, cualquier cosa antes que ponerme con un pasatiempo digital. No me llama, como se suele decir, para nada. Solamente tuve un momento de dudas hace ya unos cuantos años cuando uno de mis escritores favoritos, Clive Barker, creó un videojuego de terror. ¿Sería como sus relatos y novelas? Sin embargo, finalmente me dio pereza, la verdad, y nunca llegué a jugar. Y tal vez me esté perdiendo algo, soy consciente. Como escritor, quizás tendría que dedicarme a escribir guiones para videojuegos. Igual estoy descuidando una posible carrera al éxito y la gloria. Uno es un mercenario, no lo voy a negar, pero dedicarme a escribir para un medio que ni conozco ni anhelo no es lo más aconsejable, me digo a mí mismo como excusa. Y ojo, ya sé que los videojuegos conforman un negocio que mueve millones. Cuando saco una novela, suelo bromear que mi sueño es que se lleve al cine, y si la película es un éxito, que luego hagan de ella el videojuego (ahí está la pasta de verdad). Pero no me agrada ser un ignorante total, de ningún tema, así que me gusta ver películas y series basadas en videojuegos, y así por lo menos me llega algún dato para alimentar mi cultura popular. Tal vez por ello fui a ver el otro día la nueva de Resident Evil. Bueno, ¿a quién quiero engañar? La fui a ver porque estaba escrita y dirigida por Zach Cregger, autor de Barbarian y Weapons, películas que me encantaron, y haga lo que haga este hombre allí me tendrá el mismo día del estreno. Supone un festín sangriento y divertidísimo, una montaña rusa que no da ni un respiro. Zach declara que quería trasladar a la gran pantalla las sensaciones que experimenta un jugador al ponerse a los mandos. Y yo me lo pasé tan bien que volví a pensar: ¿Me estaré perdiendo algo?


"Sigo siendo un ignorante", mi columna semanal en El Periódico de Aragón de hoy sábado 26 de septiembre.

Asimismo, podéis leer la columna "Sigo siendo un ignorante", de Roberto Malo, en el enlace de la web del Periódico de Aragón que pongo a continuación:

https://www.elperiodicodearagon.com/opinion/2026/09/26/sigo-ignorante-134694444.html


lunes, 21 de septiembre de 2026

PARÁLISIS

          una mosca

una mosca se ha posado en mi brazo

es grande

grande y negra

quiero matarla

quiero aplastarla

pero no puedo

estoy paralizado

tengo todo el cuerpo paralizado

la mosca se mueve

yo no

la odio

la envidio

ella morirá pronto

yo no


"Parálisis" es uno de los veinte relatos incluidos en "Sin pies ni cabeza" (El Eco de los Libres, 2025), libro escrito por Roberto Malo e ilustrado primorosamente por Miquel Zueras. 


Puedes adquirir el libro en el siguiente enlace: 


sábado, 19 de septiembre de 2026

"EL MARIDO CELOSO", MI COLUMNA SEMANAL EN EL PERIÓDICO DE ARAGÓN

 

Se podría decir que Sara y Jaime formaban un matrimonio feliz... si no fuera porque Jaime era demasiado celoso. Jaime estaba obsesionado con la idea de que Sara se la pegaba con otro. Y no lo podía soportar. “¿Hay otro hombre?”, le preguntaba temeroso. “¡Claro que no!”, respondía ella, tronchándose de risa. Jaime no aguantaba que les sonriera a sus amigos, detestaba que hablara sola con otro hombre y, sobre todo, no toleraba estar sin ella. Estaba convencido de que le engañaba, pero no había ninguna prueba, ningún miedo en la expresión de ella, nada que le hiciera dudar de su fidelidad. Estuvo a punto de pagar a un detective para que la espiara, pero no lo hizo porque pensó: “¿Y si me la pega con el detective?”. Y debido a sus continuos celos, que como todos saben no traen nada bueno, empezó a sufrir unos terribles dolores de cabeza. El médico le recetó reposo absoluto, lo que agravó todavía más su dolor de cabeza, pues al tener que estar constantemente dentro de la cama no podía controlar a su mujer. “No me dejes solo”, le decía, simulando estar peor. Sin embargo, una desgraciada mañana se despertó y vio que ella no estaba. Encima de la mesilla de noche había una nota que decía: “Me voy a ver a mi madre. Volveré mañana sin falta”. Jaime se sintió morir. “Mentira. Estará con otro, aprovechando que estoy enfermo”, pensó. Y su cabeza ardió de manera increíble, formándose un calor craneal impresionante, que se acentuaba en dos puntos, uno a cada lado de la cabeza. Se levantó trabajosamente de la cama y se miró en el espejo. Se habían formado dos diminutos bultos en la cabeza. “¡Me están saliendo los cuernos!”, gritó asombrado. Pero necesitaba una confirmación, así que llamó a un vidente que le habían recomendado en una ocasión. “Siempre sospeché que mi mujer me engañaba”, le señaló al adivino en cuanto llegó, “Ahora, como puede ver, me han salido los cuernos. Quiero saber cuántas veces me ha engañado”, exigió Jaime. “De acuerdo”, accedió el adivino, conforme. Se sentó en la cama plácidamente, acarició las sábanas con delicadeza extrema y cerró los ojos. El adivino se estremeció de pronto y abrió los ojos. “Lo he visto claro”, empezó a decir, “Su mujer... nunca le ha engañado. Los cuernos que le han salido se deben a otra cosa. Le han salido porque en usted se está reencarnando un demonio”. “¡Buf!”, resopló Jaime, “No sabe el peso que me ha quitado de encima”.


"El marido celoso", mi columna semanal en El Periódico de Aragón de hoy sábado 19 de septiembre.

Asimismo, podéis leer la columna "El marido celoso", de Roberto Malo, en el enlace de la web del Periódico de Aragón que pongo a continuación:

https://www.elperiodicodearagon.com/opinion/2026/09/19/marido-celoso-134439138.html


miércoles, 16 de septiembre de 2026

TREINTA Y TRES PUNTOS

 Todos tenemos alguna cicatriz. La mía, de treinta y tres puntos, tiene su historia. A mis tiernos cuatro años, empujé la puerta de cristal del portal de mi casa por el centro, en vez de girar el pomo como una persona con sentido común, y me la llevé por delante, rompiéndola. Al sacar el brazo de golpe, sin talento, los cristales me rajaron la muñeca por varias partes. De hecho, me cortaron la arteria radial y de la muñeca me empezó a brotar un chorro de sangre monumental. Parecía una fuente sanguinolenta. “Vaya bronca me va a caer”, recuerdo que pensé. Me acerqué a mi madre, que estaba en la calle de espaldas a mí, y le dije como si nada: “Mamá, mira”. Mi madre se volvió y, al observar la parábola de sangre que salía de mi muñeca, chilló aterrada. En ese momento, al ver su cara de horror, me eché a llorar comprendiendo que lo mío era algo gordo. Mis padres pararon un taxi al momento y marchamos a toda prisa hacia el hospital. (Pese a que me cubrieron el brazo como buenamente pudieron, el salpicadero del pobre taxista quedó perdido de sangre.) Los médicos les dijeron a mis padres que me tenían que operar de inmediato y que la cosa no pintaba nada bien. O perdía la mano o me quedaría la mano inútil, les dijeron todo optimistas. Afortunadamente, la operación salió de maravilla y sigo con mi mano derecha, y con una preciosa cicatriz de treinta y tres puntos; una cicatriz muy sexy (para aquellos que ven atractivas las cicatrices, claro). Estando en el hospital, me regalaron unas figuritas de indios y vaqueros (cómo me gustaban). Y ahora, viendo en el cine Toy Story 4 con mis hijos, he recordado nítidamente cuando tenía cuatro años y jugaba con indios y vaqueros. Ay, cómo pasa el tiempo. Sigamos jugando.


"Treinta y tres puntos" aparece en "Malas firmas" (Interludio, 2020). Toda la información del libro en el siguiente enlace:


sábado, 12 de septiembre de 2026

"SALE EN INSTAGRAM", MI COLUMNA SEMANAL EN EL PERIÓDICO DE ARAGÓN

Me encontraba en la Galería de la Academia de Florencia, visitando el David de Miguel Ángel. Sus cinco metros de altura siguen imponiendo como la primera vez que lo visité, hace ya más de treinta años. Noté la galería más luminosa que entonces, eso sí, y con más obras decorando las diversas salas, pero el impacto del David seguía siendo sobrecogedor. Mi primera vez ante el verdugo de Goliat fue con mi chica, de novios, y ahora volvíamos tres décadas después con nuestros hijos para que lo disfrutaran también. Nos sentamos arrobados a pocos metros y nos quedamos en silencio admirándolo, sopesando el tiempo transcurrido y la belleza esculpida en ese mármol blanco divino y eterno. Ver las caras boquiabiertas de todos los visitantes al descubrirlo ante sus ojos suponía también un espectáculo maravilloso. En estas, entró un joven turista y le comentó enfáticamente a su acompañante: “Merece la pena entrar a ver el David. Sale en muchos libros. Y sale en Instagram”. No pude evitar sonreír. Madre mía cómo está el patio. A veces me siento como un ladrón de frases huecas. “Sale en Instagram” da para titular de una columna, pensé para mis adentros. Un buen columnista nunca descansa, ni de vacaciones, y siempre lleva los altavoces encendidos para escuchar cualquier ocurrencia. Y de hecho no dejaban de llegarme a mis oídos comentarios en todo tipo de idiomas. Actualmente, la gente no se calla ni debajo del agua. Una pobre trabajadora de la galería se veía obligada a pedir silencio cada cinco minutos. Una nueva ocupación de nuestro tiempo: silenciador de turistas ruidosos. Hay museos en que esa figura humana —la funcionaria que pone el índice sobre los labios y susurra Shhhh de forma disuasoria— ha sido sustituida por una voz pregrabada que demanda silencio entre intervalos de pocos minutos. Recuerdo perfectamente, aunque hayan pasado más de treinta años, el silencio reverente de todos los asistentes ante esta obra magna de Miguel Ángel. Enmudecías de golpe, sacudido por la belleza. Ahora el impacto puede ser el mismo, pero la gente creo que ha perdido cierto respeto ante el milagro artístico. No solamente un mar de móviles rodea a la obra de arte en todo momento, también un océano de murmullos y comentarios banales la envuelven por todas partes. La magia permanece, pero la trivialidad se hace fuerte a su alrededor.


"Sale en Instagram", mi columna semanal en El Periódico de Aragón de hoy sábado 12 de septiembre.

Asimismo, podéis leer la columna "Sale en Instagram", de Roberto Malo, en el enlace de la web del Periódico de Aragón que pongo a continuación:

https://www.elperiodicodearagon.com/opinion/2026/09/12/sale-instagram-134193067.html


domingo, 23 de agosto de 2026

ANGUSTIA

Estoy sumergido en una profunda oscuridad. No veo nada, absolutamente nada; o mejor dicho: veo todo negro. Eso no es todo; estoy con el agua al cuello y floto como buenamente puedo. Llevo aquí bastante rato y no sé si resistiré. Es un sitio pequeño, no toco fondo y palpando he sabido que hay cuatro paredes curvadas, como formando una especie de círculo. No puedo subir por ellas; son totalmente lisas y muy resbaladizas.

No sé cómo he llegado hasta aquí, ya ni me acuerdo, pero eso es algo que no me preocupa demasiado en estos momentos. Ahora sólo pienso en aguantar flotando como sea. No obstante, la angustia que siento se incrementa al paso de cada segundo. ¡Maldita sea!, tengo que salir de este maldito agujero; es una trampa sin escapatoria, como concebida por el mismísimo demonio. No me puedo sujetar en ningún sitio, no puedo subir por las paredes, de ninguna manera, y, aunque estoy cansadísimo, no me debo dormir, ya que sería mi muerte.

Mientras pienso esto alzo la vista y veo que de pronto entra luz por una especie de techo redondeado que se ha levantado como una tapa bastante grande. Miro hacia fuera y me quedo pasmado. Hay en el exterior una chica enorme. La veo como una gigante. No comprendo nada, y comprendo menos cuando veo que se desabrocha el pantalón... Se lo baja... Tiene unas bragas blancas preciosas. Estoy fascinado. Está buenísima esta chica. Momentáneamente me he olvidado de mis problemas. Tengo unas ganas enormes de que se las quite.

—¡Hazlo por mí, por favor!

Sé que no me escucha, pero lo hace... Está de pie, casi inmóvil, y observo su precioso culo. ¡Todo un culazo! Se sienta sobre lo que era el círculo por donde entraba la luz. Ahora se ve menos, pues su encantador culo lo ha tapado casi completamente; me doy cuenta de lo grande que es la chica, ya que para tapar todo ese hueco tiene que ser enorme. Ya solamente el trasero de la chica es bastante más grande que yo.

Empiezo a comprender algo cuando veo emerger de su culo... Pues sí, eso; parece mentira pero va a cagar. ¡Va a cagarse encima de mí!

La mierda continúa saliendo. Pende sobre mí como la espada de Damocles..., y cae.

Me intento apartar, pero es demasiado grande. Me cae encima, sumergiéndome por su propio peso.

Es horrible. Estoy lleno de mierda. Me la intento quitar, pero, al emerger la cabeza del agua, veo cómo otro excremento se abalanza sobre mí. El resultado es el mismo.

Antes me quejaba de que estaba con el agua hasta el cuello; pero ahora es peor, pues estoy como si me hubiera sumergido en una letrina de varios metros de espesor.

La chica se empieza a limpiar su trasero con papel higiénico. Papel que, como todo, es enorme. Lo deja caer y cubre casi toda la superficie. Está encima de mí y no puedo emerger. ¡Y no puedo respirar! Es como si estuviera en un lago helado, teniendo encima una fina capa de hielo que me impide salir. Mi angustia se acentúa. Creo que me estoy muriendo. Con rabia, golpeo el papel higiénico y lo rasgo, sacando por el hueco mi cabeza. Toso fuertemente; me había quedado sin oxígeno.

Otro papel higiénico me cae encima. Otra vez en las mismas. Pronto caen algunos más. Todo esto es absurdo. Estoy envuelto en papeles y mierda. Añoro los ratos que había sólo agua.

Me intento desprender de todos los papeles que me rodean, pero es casi imposible. Mientras tanto la chica se levanta, se pone las bragas blancas, el pantalón, se vuelve y me mira, o por lo menos mira hacia aquí abajo.

Presiento lo que va a hacer y le grito con todas mis fuerzas:

—¡No lo hagas!

Ella estira la mano lentamente...

—¡Maldita sea! ¡Nooooo! —sigo gritando, pero está claro que no me oye.

Desesperado, me callo. Me quedo en silencio esperando el fin. Este fin del que no me puedo librar. Me siento impotente frente a esto. Espero la muerte queriendo despertar; pero no, esto es real.

Su mano lo va a hacer...

Tira de la cadena.

Al oír el ruido sé que todo va a acabar.

El agua empieza a bajar lentamente. Al momento cae con fuerza enorme y se precipita sobre mí como un río desbordado. El agua me arrastra enérgicamente hasta el fondo. Por primera vez toco el suelo; desgraciadamente con la cabeza. El agua, por la misma fuerza y presión, me arrastra hacia arriba y se forma un remolino en el que doy vueltas. Parece el naufragio de un barco en el océano; dan vueltas maderas destrozadas que son los excrementos, velas que son los papeles, y el náufrago, yo.

Está todo oscuro de nuevo. La chica ha bajado la taza. Llevo bastante tiempo sin poder respirar y sé que no voy a poder hacerlo, pues avanzo hacia abajo y no hay aire. La angustia es inaguantable, pero ya no me preocupa; mi angustia va a desaparecer por completo, gracias a Dios, pues se acerca el fin, mi fin.


"Angustia" es uno de los veinte relatos incluidos en "Sin pies ni cabeza" (El Eco de los Libres, 2025), libro escrito por Roberto Malo e ilustrado primorosamente por Miquel Zueras. 


Puedes adquirir el libro en el siguiente enlace: 

jueves, 20 de agosto de 2026

JUGADORES DE ROL

 “No zabez nada de mujerez, Zanti. La princeza Leia ez la mujer máz hermoza de la galaczia. Ezo lo zabe cualquiera”, sentencia Ramón con su ceceo habitual. “Clado. Pod que tú lo digas”, replica Santi con su pericia para pronunciar las erres, “Peddona, pedo Galaddiel es la cdiatuda más hedmosa de toda la Tiedda Media y de todo el univedso y con difedencia”. “Zí, zí, con ezaz orejaz...”. “Mida, Damón, pada el caddo, ¿quiedes? No te budles de Galaddiel, ni se te ocudda”. “¿Me amenazaz? Ya zabez que zoy un peligrozo ezpadachín. No querráz vértelaz con mi ezpada”. “Es ciedto. Edes un buen gueddedo, pedo te decueddo que nunca me has deddotado a las cadtas. Y pod ciedto, las odejas de mi amada son mucho más atdactivas que los dizos didículos de tu pdincesa”. “¿Qué dicez? Zuz rizoz zon lo que la hacen tan zenzual, tan zeczy...”. “Pues pada ti, pada ti”. “¿Zabez lo que paza? Que nunca haz zabido nada del zeczo femenino. Ezo ez lo que paza”. “Y una miedda. Pedo mida quién habla. El expedto en mujedes. El gdan conquistadod”. “Puez zí. Máz que tú dezde luego. El zábado, ¿zabez?, me llamó Mariza”. Santi se queda blanco. “¿Te llamó Madisa? ¿Madisa, mi amod?”. “Zí, y hemoz quedado para zalir”. “¡Vete a la miedda, cabdón!”, explota Santi, “Ya no quiedo jugad a dol contigo nunca más. Ni pintad figuditas de plomo. Se tedminó, y lo digo muy en sedio”. Ahora es Ramón quien se queda blanco. “¿Hablaz en zerio?”. “Muy en sedio”. “Entoncez, ¿qué zerá de nozotroz?”. “Me impodta una miedda”. “Zabía que laz mujerez noz acabarían zeparando”, medita Ramón tristemente.

"Jugadores de rol" aparece en "Malas firmas" (Interludio, 2020). Toda la información del libro en el siguiente enlace:


miércoles, 12 de agosto de 2026

EL VAMPIRO

 


El vampiro

alzó el vuelo

cuando la noche

cayó.

Pronto ardió

y se fue al suelo

cuando el eclipse

terminó.


domingo, 26 de julio de 2026

EL CUENTISTA Y EL REY

Había una vez un rey al que le encantaban los cuentos. Y como le gustaban tanto, convocó a todos los cuentistas de todos los reinos para que vinieran a contarle historias, anunciando que al que le contara el mejor cuento le entregaría una bolsa llena de monedas de oro.

En consecuencia, de todos los lugares partieron cuentistas para probar fortuna. El primero en llegar fue un joven narrador de un reino cercano. A pesar de su juventud era un gran contador de historias, conocido por todos. En cuanto llegó al palacio real, los guardianes del rey lo llevaron ante éste. Tras unas reverencias y unos cruces de palabras, el cuentista empezó su cuento sin ayudarse de laúd ni de instrumento alguno, sólo de su voz y de sus gestos.

Tenía una voz profunda, trabajada, y el cuento fluía de su boca con fuerza, como la lava que sale de un volcán. El rey y sus siervos lo escuchaban admirados, callados, paralizados por el cuento. Las manos y el rostro del cuentista gesticulaban perfectamente, saliendo cada uno de sus ademanes como algo natural, no pudiéndose concebir el cuento de otra manera.

Las palabras del cuentista volaban, volaban hasta el mismísimo techo del palacio; después bajaban, como mariposas llenas de poesía e imaginación, sobre los oídos de los cortesanos y del rey.

Pero cuando el cuentista hizo una pausa para dar intensidad a una frase, el rey le dijo de pronto: “Se me ha olvidado deciros algo. Si no me gusta vuestro cuento, haré que os corten la cabeza”.

El cuentista tragó saliva, y se formó un nudo de terror en su garganta. Sorprendido, asustado, miró al rey. ¿Hablaba en serio? ¿Se estaba burlando de él? No, no parecía que estuviera bromeando. ¿Y por qué no le había avisado antes?

Se quedó callado, aterrado, sin saber cómo continuar, sintiendo que no sólo estaba contando un cuento, sino que estaba intentando salvar su vida. ¿Serían capaces de matarlo?, parecía pensar.

Decidió que lo único que podía hacer era seguir contando la historia lo mejor que pudiera, intentando no pensar demasiado en la amenaza del rey. Así pues, siguió con el cuento, aunque su voz ya no sonaba tan profunda, sino que tenía cierto tono de miedo y nerviosismo; su lengua se trababa de vez en cuando, sus manos se movían torpemente y el sudor empezaba a cubrir su rostro poco a poco. No podía dejar de pensar que un hacha se alzaría sobre su cuello si su cuento no conseguía contentar al rey. No obstante, a pesar de su miedo su mente volaba hasta el cielo intentando arrancar de allí las palabras más bellas, las más dulces, las que consiguen ablandar al corazón más duro, las que hacen ver al ciego, oír al sordo, ésas que forman los grandes libros de las bibliotecas de los sueños.

Y así, poco a poco, el contador de historias se dio cuenta de que se estaba acercando al final del cuento, y pensó que quizás también se estaba acercando al final de su vida. Y decidió entonces alargar el relato, hacerlo seguir, coronándolo de detalles, de historias enlazadas, como aferrándose a la vida, como pensando que el tiempo que le restaba de cuento podría ser el tiempo que le restaba de vida. Y así lo fue alargando y alargando, y parecía no tener fin.

Los cortesanos se empezaron a dormir. El rey empezó a bostezar. El cuentista sudaba y sudaba, y su mente seguía como loca en busca de palabras, en busca de ideas, en busca de una manera de continuar su cuento, en busca de una manera de continuar su vida.

Sus palabras salían con lentitud, acariciando el tiempo, sin prisa, y los minutos pasaban y pasaban. El cuentista parecía pensar que así arrancaba valiosos minutos de vida a su muerte.

Casi todos los cortesanos se habían quedado dormidos. El rey parecía algo enojado. Pero el cuentista no les prestaba atención alguna, y seguía y seguía hablando, pensando que lo mejor que le podía pasar era que lo echaran de allí por pesado.

Los minutos se convirtieron en horas, en días, y el cuento parecía ya sin duda el cuento de nunca acabar.

Sin embargo, la sed, el hambre y el sueño empezaron a atacar al cuentista; y éste decidió que, tarde o temprano, tendría que acabar el cuento. Así pues, empezó a enfocar sus palabras hacia un final apoteósico, aunque, al acercarse, se volvía a alejar del final, como quien se intenta alejar de la muerte.

Tras varias tentativas, llegó hasta el final auténtico, acercándose lentamente, con miedo, con sigilo, y lo terminó, y se terminó el cuento a sí mismo, resonando el silencio que se formó al acabar de hablar como una explosión inaudible de color blanco.

El rey, al observar que había terminado, se levantó de su trono y expresó: “No ha estado del todo mal. Pero a mí me gustan los cuentos cortos. ¡Que le corten la cabeza!”.

 

"El cuentista y el rey" es uno de los veinte relatos incluidos en "Sin pies ni cabeza" (El Eco de los Libres, 2025), libro escrito por Roberto Malo e ilustrado primorosamente por Miquel Zueras. 


Puedes adquirir el libro en el siguiente enlace: 

sábado, 25 de julio de 2026

"CINE DE VERANO", MI COLUMNA SEMANAL EN EL PERIÓDICO DE ARAGÓN

El verano es un buen momento para viajar. Y una manera barata de viajar es a través de un libro o de una película. Y si el libro o la película narra un viaje, pues viajamos doblemente. El director británico Christopher Nolan lo sabe muy bien; no en vano tiene una arraigada querencia por estrenar sus películas siempre en verano. Al fin y al cabo, sus filmes se prestan a ello: son obras marcadamente comerciales, blockbusters de autor que arrasan en taquilla en la época estival. Consigue convertir en un evento cinematográfico cada estreno suyo, y lo ha vuelto a lograr con La Odisea, su último y esperado trabajo. Como bien nos han publicitado hasta la exasperación, ha supuesto la primera película filmada en su totalidad con cámaras IMAX de 70 milímetros. Un formato que ofrece hasta un 40% más de imagen y una nitidez alucinante. Y para que la podamos visionar casi tal y como el propio director quisiera, estamos de enhorabuena: se ha creado una sala IMAX en los cines Palafox de Zaragoza. Y el día del estreno, en versión original, por supuesto, allá que me fui a conocer esta nueva sala IMAX. Momentos antes de que los espectadores pudiéramos pasar, había una gran expectación, la verdad; uno no inaugura una nueva sala de cine todos los días. Y tengo que decir que las butacas son comodísimas, grandes y espaciosas, y se pueden reclinar levemente. Les pregunté a los espectadores que estaban detrás si suponía un problema o una molestia que la reclinase hacia atrás, y nada, no suponía ningún problema, había espacio de sobra. La pantalla era enorme, mucho más alta de lo normal, pero no tan ancha como la de la sala grande de los Palafox, la 4, esa sigue como siempre, se puede ver la película de Nolan en 70 mm a la perfección. También se puede ver la película en 70 mm en una sala de los Aragonia, así que en Zaragoza no nos podemos quejar. Nolan, de alguna manera, ya había contado versiones de La Odisea en otras películas suyas, así que encaja perfectamente en su filmografía. Al formar parte del imaginario colectivo, muchos artistas han querido contar el poema homérico, cada uno a su estilo. Por ejemplo, el gran Javier Krahe cantaba en su canción Como Ulises toda La Odisea con sus estupendas rimas: “Yo, como Ulises, he sido / de Penélope el marido, / y me alejé de esa joya / por unirme a Agamenón, / que iba a la guerra de Troya, / me pedía el cuerpo acción”.


"Cine de verano", mi columna semanal en El Periódico de Aragón de hoy sábado 25 de julio.

Asimismo, podéis leer la columna "Cine de verano", de Roberto Malo, en el enlace de la web del Periódico de Aragón que pongo a continuación:

https://www.elperiodicodearagon.com/opinion/2026/07/25/cine-verano-132783003.html


jueves, 16 de julio de 2026

DEJANDO TODO A MEDIAS

 Era un caso imposible; no conseguía acabar nada de lo que empezaba. Dejaba siempre todo a medias. Siendo muy pequeño, dejó el colegio a los pocos cursos, alegando que no había nacido para estudiar. Empezó a trabajar, pero a los pocos días lo abandonó, decidiendo que pasaba de currar. Quiso ser pintor, pero nunca logró terminar un cuadro. Quiso escribir un libro, pero nunca lo empezó. Quiso plantar un árbol, pero nunca se decidió. Se echó algunas novias, pero con ninguna llegó al altar; las dejaba a los pocos días de empezar a salir, pues se cansaba de ellas enseguida. Estaba terriblemente delgado, ya que nunca conseguía terminar las comidas, aunque éstas no fueran muy abundantes. Por las mañanas solía estar de muy mal humor, pues se despertaba bruscamente, justo cuando el sueño parecía llegar al final; ni siquiera los sueños lograba terminar. Era un caso perdido; si empezaba a leer un libro, lo dejaba antes de acabarlo. Si empezaba a ver una película, se salía del cine antes de que finalizase. Si entraba en un museo, nunca llegaba a todos los lugares de la exposición. Si se compraba un disco, nunca llegaba a escucharlo enteramente. Mantener una conversación con él era una locura, pues empezaba a decir algo y al poco se callaba: dejaba todas las frases a medias. Llegó a crearse algunos enemigos, pues nunca terminaba de pagar sus deudas, y si empezaba a jugar alguna partida —ya fuera de cartas, de dados, o de dardos— siempre se iba antes de que acabara. Un día, empezó a cruzar un paso de cebra y —normal en él— no lo terminó de cruzar. Un coche lo embistió, llevándoselo por delante. Aquel día, por primera vez, consiguió terminar algo que había empezado: su vida. Aunque hubo quien opinó que simplemente dejó la vida a medias.

"Dejando todo a medias" aparece en "Malas firmas" (Interludio, 2020). Toda la información del libro en el siguiente enlace:


sábado, 11 de julio de 2026

"LA COLUMNA DEFINITIVA", MI COLUMNA SEMANAL EN EL PERIÓDICO DE ARAGÓN

El otro día me preguntaron que cuál era mi columna favorita, de entre todas las que había escrito. Y respondí (por decir algo, lo admito) que mi mejor columna todavía está por escribir. Y me quedé tan ancho. Sin embargo, también me quedé con la mosca detrás de la oreja, ciertamente. Era una buena pregunta. Tal vez tendría que pensar bien la respuesta. Así que una vez en casa le di unas cuantas vueltas a una posible respuesta sincera, pero no llegué a ninguna conclusión plenamente satisfactoria. En honor a la verdad, le tengo mucho cariño a algunos de los primeros artículos que escribí, con esa inconsciencia y emoción de los inicios (hay que ser muy inconsciente para aceptar escribir columnas en un periódico, desde luego), y en estos siete años y medio que llevo como columnista hay unas cuantas de las que me siento bastante orgulloso, pero tampoco como para tirar cohetes. Estimo que es difícil destacar alguna en concreto, en resumidas cuentas. Supongo que uno siempre busca escribir la mejor columna del mundo, pero nunca se consigue. Escuché decir hace unas semanas a Juan José Millás que él en una entrevista comentó que anhelaba escribir la columna perfecta, para así con ella acabar con el columnismo, pero que, debido a su lengua de trapo, la periodista publicó al día siguiente la transcripción de la siguiente manera: “Espero escribir la columna perfecta, para así acabar con el comunismo”. Millás sonreía explicando que él nunca querría acabar con el comunismo, por favor, nada más lejos de su intención. Y nada más lejos de mi intención el escurrir el bulto, pero es como cuando te preguntan que a qué hijo quieres más. A ver, uno quiere a todas sus criaturas por igual, cada una tiene su historia, su intrahistoria dentro de la historia. Me ocurre lo mismo cuando me preguntan por mi novela favorita de entre todas la que he escrito, o mi libro de relatos favorito, o mi cómic favorito o mi cuento infantil favorito. Resulta casi imposible escoger a uno en particular; en mi caso suelo esgrimir que le tengo más cariño tal vez a las primeras publicaciones que he tenido en cada género literario, por eso de la novedad y del valor sentimental de los iniciales pasos en el proceloso mundillo editorial. Pero mi columna definitiva, me repito y me reafirmo tras darle esta vuelta, está todavía por escribir.


"La columna definitiva", mi columna semanal en El Periódico de Aragón de hoy sábado 11 de julio.

Asimismo, podéis leer la columna "La columna definitiva", de Roberto Malo, en el enlace de la web del Periódico de Aragón que pongo a continuación:

https://www.elperiodicodearagon.com/opinion/2026/07/11/columna-definitiva-132340170.html