lunes, 16 de mayo de 2016

CUENTACUENTOS DE ROBERTO MALO EN ILLUECA

Jueves 19 de Mayo
11:30 horas
CUENTACUENTOS DE ROBERTO MALO
Biblioteca de Illueca (Zaragoza)

¡Nos vemos!

domingo, 15 de mayo de 2016

EN EL CLUB DE LECTURA DE VILLANÚA

Viernes 20 de Mayo
17:30 horas
Club de Lectura de Villanúa
"Entre líneas con café"
Debate de libro con autor
"Los soñadores" (Pregunta, 2016), de Roberto Malo
Organizado por el Ateneo Jaqués
Biblioteca de Villanúa (Huesca)

¡Nos vemos!

sábado, 14 de mayo de 2016

SUEÑOS DE FÚTBOL






La noche anterior a tener un partido importante de fútbol, yo lo soñaba. Por mi mente dormida desfilaban todas las jugadas decisivas, todas las acciones determinantes, que irremediablemente al día siguiente tendrían lugar.
No sé cómo diablos lo conseguía vislumbrar; tal vez al acostarme preocupado por el crucial lance deportivo lo evocaba inconscientemente, o lo conjuraba quizás para tranquilizarme y dormirme como un bendito, no sé; los mecanismos internos de la mente se me escapaban. El caso es que soñaba el partido con todo lujo de detalles, y al día siguiente, antes de comenzar el encuentro, anunciaba el resultado a mis compañeros. He soñado que vamos a ganar, les decía en el vestuario, y eso era exactamente lo que sucedía dos horas después: ganábamos. Lo siento, hoy vamos a perder, les decía, y aunque por descontado no nos rendíamos de antemano, aunque nos esforzábamos con todas nuestras fuerzas en intentar burlar al adverso destino, perdíamos finalmente sin remedio, de forma ineludible. Lo cierto es que, para bien o para mal, no me equivocaba nunca. Mis sueños premonitorios, se podría decir, se cumplían a rajatabla.
En consecuencia, en el vestuario o bien durante el calentamiento previo al inminente partido, mis compañeros me preguntaban el resultado del mismo con cierto temor reverente, conscientes de la trascendencia de mi contestación. Sin embargo, no siempre tenía una respuesta definitiva; mi mente, con todo, no era infalible. Había días en que al despertarme se desvanecía el partido en el remolino de mi cabeza, y les confesaba que no sabía cómo íbamos a quedar, que lo había olvidado. Las veces en que esto sucedía, que no eran muchas, jugábamos algo intranquilos, sin saber nuestro destino, aunque íntimamente aliviados al creernos dueños de nuestras acciones. En otras ocasiones, en cambio, sólo recordaba alguna escena suelta, sólo llegaba a atrapar en el sueño alguna ficha del puzzle del partido. Manolo marcará hoy un golazo de cabeza, apuntaba por ejemplo, y así sucedía, por supuesto, como no podía ser de otra manera.
Resultaba desconcertante esa sensación constante de déjà vu que me asaltaba en muchos partidos. Adivinaba que mis compañeros iban a marcar un gol momentos antes de que lo hicieran, y presentía por el contrario que me iban a meter un gol por la escuadra segundos antes de que me lanzaran el balón, y aunque lo intuía y me lanzaba a por él con toda mi alma, no conseguía detenerlo si había soñado el gol encajado. De alguna fatal manera, ni yo mismo podía rebatir mis sueños proféticos. Era como vivir el partido por la noche y revivir al día siguiente la repetición de las mejores jugadas; lo más importante y trascendental, se podría decir, ya había tenido lugar por la noche, en el campo de juego de mi cabeza.
Recuerdo especialmente cuando jugamos la final del campeonato. Todos estábamos muy nerviosos, sabedores de lo mucho que nos jugábamos. El entrenador nos decía que lo importante era pasárnoslo bien, pero eso no se lo creía nadie. Éramos unos críos, pero no gilipollas. Queríamos ganar, qué coño. Y lucharíamos a muerte para conseguirlo. No obstante, sabíamos que no iba a ser nada fácil. En el equipo rival jugaba el mejor delantero centro de todo el torneo, y con diferencia además. Se llamaba Blas, y aunque era un poco golfo (fumaba y bebía como un cosaco) y tenía un genio de mil demonios, no hacía falta ser muy listo para darse cuenta de que llegaría muy lejos a poca suerte que tuviera y a poco que se cuidara. Era el máximo goleador de la liga, el típico jugador que marca las distancias, la pesadilla para cualquier defensa y la maldición para el portero rival. Por su culpa, la noche anterior al partido me había acostado bastante intranquilo, preocupado como nunca. Me imaginaba al dichoso Blas batiéndome una y otra vez, sin poder hacer nada bajo los palos por evitarlo. Pasé una noche terrible, angustiosa, en la que cada dos por tres me agitaba de lado a lado de la cama, sin poder dormir. Cuando por fin caí rendido, faltaba poco para el inevitable momento de tener que levantarme. Sin embargo, así y todo conseguí soñar el partido, gracias a que en los sueños el tiempo no transcurre tan lento como en el mundo real. Sin embargo, al botar de un salto por el sonido del despertador, el partido desfiló en mi cabeza como una película acelerada a toda velocidad. Al recordarlo fugazmente, sólo conseguí retener la segunda parte del encuentro; en ella, rememoré,  marcábamos un par de goles y no encajábamos ninguno, y gracias a Dios distinguí claramente el marcador resultante tras el pitido final del árbitro: tres a uno a nuestro favor. Sí, la imagen se grabó a fuego en mi mente: tres a uno. Tuve tiempo de constatar algo más: entre los jugadores rivales no se encontraba Blas, mi pesadilla particular. En ese caso, medité, era normal que les ganáramos tan holgadamente. Sin su jugador estrella, lo cierto es que resultaba un equipo de lo más vulgar.
Me levanté eufórico, anticipándome a la alegría que horas después, sin ninguna duda, nos iba a inundar. No todos los días, reflexioné, uno se encamina a proclamarse campeón. Sin embargo, de camino al partido mi aspecto exterior no dejaba traslucir la emoción que me embargaba; estaba acostumbrado a comportarme con la debida frialdad, a saber esperar el momento propicio, con esa serenidad innata que poseemos algunos guardametas, en el fondo un poco ajenos al calor y la excitación que genera un partido clave.
En cuanto llegué al campo, Pablo, nuestro entrenador, me señaló que no quería saber nada de mis sueños. Era el único que prefería no saber cómo íbamos a quedar, tal vez porque no acababa de creérselo del todo o porque no quería ver cuestionada la autoridad que le correspondía. Se lo respeté no obstante, como siempre, y me cambié en el vestuario en completo silencio, ignorando las implorantes miradas de mis compañeros. En cuanto nos pusimos a calentar en el terreno de juego, ya lejos de la vista del entrenador, Toño y Juan, que se encontraban con el alma en vilo, se me acercaron y me preguntaron si había soñado el partido. Sí, asentí, muy serio. ¿Y?, insistieron, con un nudo en la garganta. He soñado la segunda parte, les dije, y ganamos sobrados. ¡Sí!, exclamó Juan, abrazando a Toño. Ah, y Blas no juega, dejé caer. ¿¡Qué!?, dijeron al unísono. Como lo oís, en el sueño no aparecía. Pues entonces ganamos de calle, opinó David, acercándose. ¿Sabéis? No me extraña que no juegue, terció Manolo, el otro día me lo encontré borracho perdido. Y he oído que el entrenador le metió una bronca de campeonato, se sumó Javier, uniéndose a la conversación.
Justo entonces saltaron al campo nuestros rivales... con Blas al frente, con el brazalete de capitán y trotando con su chulería habitual. Se me antojó como salido de un universo alternativo, de otra realidad muy lejana a la que regía mi mente. Lamentablemente, al contrario que yo, no parecía haber pasado una mala noche: sus ojos estaban inyectados de furia y de seguridad en sí mismo. Todos enmudecimos al verlo, y Juan me clavó una mirada que no olvidaré nunca, como diciéndome: ¿Cómo has podido fallarnos hoy? Yo bajé la vista y seguí calentando, dudando por primera vez de lo que había soñado. La euforia se me había bajado de golpe a los pies, y mis manos empezaron a sudar sólo de ver calentar a semejante máquina de marcar goles, que parecía retarnos con su actitud chulesca.
Para cuando dio comienzo el partido, mis piernas temblaban como flanes de gelatina. Y pronto fueron a peor. A los cinco minutos, Blas recibió un balón al borde del área, regateó a dos de los nuestros como si nada (a Juan y a David) y me coló el primer gol del partido por entre las piernas. Uno a cero. No podíamos haber comenzado de forma más desastrosa una final. Juan miró desolado al cielo y David se cagó en todo lo cagable. Yo recogí la pelota cabizbajo, como ausente, y me repetí a mí mismo como un mantra: No puede ser, no puede ser. Nuestro entrenador, rojo como un tomate, le echó una bronca monumental a Juan y le dijo que no se separase ni un segundo del puñetero delantero centro rival, que esa era su misión, pegarse a él como una lapa.
Así lo hizo Juan a partir de ese momento, se pegó como una mosca cojonera al escurridizo Blas. Y lo hizo francamente bien, tanto, de hecho, que al cabo de un rato a Blas, que tenía un genio de mil pares de cojones, se le hincharon los mismísimos y le propinó un codazo a Juan en plena cara para así quitárselo de encima. Por fortuna, el árbitro vio perfectamente la marrullera acción y no dudó en sacarle tarjeta roja directa al delantero centro de mis desvelos, que tuvo que abandonar el campo con el rostro desangelado, consciente de lo que se perdía. Juan se levantó del suelo sangrando abundantemente por la nariz y, mientras se acercaba a la banda para detener la hemorragia, vi cómo me sonreía de oreja a oreja y me guiñaba un ojo. Sin Blas en el campo, comprendía, el partido era nuestro. Y así fue. Pocos minutos después, Manolo, nuestro pichichi, marcaba el gol del empate y nos íbamos al descanso. La segunda parte fue un paseo conocido. Ellos sin Blas, como así había quedado registrado en el sueño, y nosotros con uno más, llevamos toda la iniciativa y marcamos dos goles que pudieron ser más. Bueno, es una forma de hablar. No podían ser más. Fueron los que tenían que ser: tres. Tres a uno.

"Sueños de fútbol" es un relato perteneciente al libro "Los soñadores" (Pregunta, 2016). 


CUENTACUENTOS DE ROBERTO MALO EN MALUENDA

Sábado 14 de Mayo
12:00 horas
CUENTACUENTOS DE ROBERTO MALO
Casa de Cultura
Maluenda (Zaragoza)

Más información en el siguiente enlace:

http://www.maluenda.es/noticia/70/cuentacuentos-de-roberto-malo

¡Nos vemos!

jueves, 12 de mayo de 2016

EN LA FERIA DEL LIBRO DE ANDORRA

Andorra celebra su XXIII Feria del Libro. Yo acudiré, un año más. 

El viernes 13 de Mayo por la tarde (de 18:00 a 21:00 horas) Roberto Malo firmará, en la Caseta de la Comarca, sus últimas novedades: "Los soñadores" (Pregunta, 2016), "Los guionistas" (Cornoque, 2016) y "Los tres reyes" (Dissident Tales, 2015). 

Asimismo, a las 19:00 horas se presentará el cómic "Los guionistas" (Cornoque, 2016), de Roberto Malo y Moratha, en el Escenario de la Feria.

Toda la info del tebeo en la web de Malavida:




¡Nos vemos!

miércoles, 11 de mayo de 2016

RESEÑAS DE "LA SONRISA DEL LEÓN" (20)

Jesús J. Jambrina reseña "La sonrisa del león" (Dissident Tales, 2015) en Retolicas. Pongo el enlace a continuación:

http://retolicas.blogspot.com.es/2016/05/mis-lecturas-abril-de-2016.html

El libro está ilustrado magistralmente por Javi Hernández.

Roberto Malo y Javi Hernández en la presentación de "La sonrisa del león" en Másdelibros de Huesca. 

martes, 10 de mayo de 2016

"LOS TRES REYES", TEATRO INFANTIL EN ANDORRA

Miércoles 11 de Mayo
11:00 horas
"Los tres reyes", teatro infantil de Roberto Malo y Los Hermanos Carcoma
Espacio Escénico de la Casa de Cultura
Andorra (Teruel)

En la fotografía, Roberto Malo, Jesús Mesa y Daniel Tejero representando "Los tres reyes".

"LOS TRES REYES" es una obra de teatro infantil de Roberto Malo y Los Hermanos Carcoma, un espectáculo participativo de teatro y títeres para todos los públicos en el que los tres actores-autores ponen en pie su libro infantil "Los tres reyes" (Dissident Tales, 2015), escrito por Roberto Malo, Jesús Mesa y Daniel Tejero e ilustrado por Teresa del Río. Un rey anciano, un rey malvado, un rey dragón, un trovador enamorado, una princesa caprichosa, un duende bailarín, un hechicero algo loco, una cueva parlante o un murciélago gigante son algunos de los personajes que aparecen en esta singular historia.

Podéis ver un vídeo resumen de la representación de "Los tres reyes" en el Centro Cívico La Jota:

lunes, 9 de mayo de 2016

FOTOS EN EL SALÓN DEL CÓMIC DE BARCELONA

Malavida ha estado de nuevo en el Salón del Cómic de Barcelona, del 5 al 8 de Mayo de 2016, dándolo todo. Yo estuve firmando el viernes y el sábado, y un año más ha estado genial. Veamos algunas fotos: Xcar Malavida, Iru Iru, Roberto Malo y Chema Cebolla en el stand de Malavida. 

Chema Cebolla firmando ejemplares de "Veo por ti" sin descanso. 

Chema Cebolla, Xcar Malavida, Diego Canalejas y Roberto Malo.

Chema Cebolla firmando también ejemplares de "Los guionistas". Por dibujar va a ser...

Juan Royo y Roberto Malo.

Kalitos y Chefo. 

Pedro L. López y Roberto Malo, compañeros de Nocte. Nos echamos unas cervezas en el Salón e intercambiamos nuestros últimos libros de relatos: "Pandemónium" (Arkadin, 2015), de Pedro L. López,  y "Los soñadores" (Pregunta, 2016), de Roberto Malo. 

Detalle del retrato de Pedro L. López en su ejemplar de "Veo por ti", por el gran Chema Cebolla.

En el frankfurt oficial del Salón, Xcar Malvida, Pum, Roberto Malo, Dionisio Platel, Chefo, Kalitos, Luis y Chema Cebolla.

Vampi Monahan.

Roberto Malo y Chema Cebolla.

Chema Cebolla firmando ejemplares de "Veo por ti".

Chema Cebolla, Óscar Senar, Bea Cuartero y Víctor Romano en la exposición de Thermozero, justo enfrente del stand de Malavida.

Moratha y Roberto Malo firmando "Los guionistas" a dúo.

Claudia, Fede, Moratha y Roberto Malo.

Iru Iru, Chema Cebolla y Xcar Malavida.

Carlos Azagra y Encarna Revuelta.

Tres Wonder Woman malavideras.

Chema Cebolla, Wonder Woman y Roberto Malo.

Dionisio Platel, Alfonso Vallespín y Roberto Malo, tres compañeros de la Escuela de Artes de Zaragoza.

Detalle del retrato de Alfonso Vallespín, dibujado por Dionisio Platel, en su ejemplar de "Veo por ti".

Chefo firmando ejemplares de "Barra libre".

Moratha firmando "Los guionistas" con un posado casual.

Coloma con un retrato de Xcar Malavida en su ejemplar de "Los guionistas".

Xcar Malavida, Carlos Melgares y Pum.

Chema Cebolla, Bea Cuartero, Ojete Moreno e Iru Iru.

Dibujazo para Uxío de Xcar Malavida.

Carlos Azagra firmando sin parar los tebeos "Estoy hecho un cocinicas" y "Sigo siendo un cocinicas".

Xcar Malavida dibujando en "Los guionistas" y "Estoy hecho un cocinicas".

 Chema Cebolla e Iru Iru.

Moratha y Roberto Malo, muy contentos con la acogida de "Los guionistas" en el Salón. Mil gracias a todos, estuvo fantástico. ¡Hasta otra!

domingo, 8 de mayo de 2016

RESEÑAS DE "LOS TRES REYES" (7) Y FOTOS EN DAROCA

El escritor y periodista Juan Bolea habla de "Los tres reyes" (Dissident Tales, 2015) en su columna del Periódico de Aragón. Pongo el enlace a continuación:

http://www.elperiodicodearagon.com/noticias/opinion/daroca-consolida-ciudad-literaria_1104879.html

La columna en papel.

Como bien comenta Juan Bolea, "Los tres reyes" se representó en el Salón de Actos de la Casa de Cultura de Daroca, dentro de la II Semana del Libro de Daroca. Veamos algunas fotos: Roberto Malo introduciendo la historia.

El rey y la princesa. 

Los Hermanos Carcoma en acción.

El rey, el trovador y el duende.

Otro momento de la representación.

El murciélago gigante y el rey.

 El rey Malón, el rey dragón Chordón y el rey Bastián.

Despidiendo el cuento, Jesús Mesa, Roberto Malo y Daniel Tejero. Estuvo genial. Mil gracias a todos. ¡Hasta otra!