Aurora había visto demasiadas películas, demasiadas
mujeres asesinadas en el cine, demasiadas mujeres asesinadas en la ducha. (La
ducha; el escenario ideal para un crimen.) Aurora temía el ducharse. Le daba
pánico. Se duchaba, claro; era una necesidad. Pero siempre tomaba sus
precauciones. Cerraba la puerta de la casa a conciencia, aseguraba todas las
ventanas y sellaba la puerta del baño con tres cerrojos. Todas las medidas eran
pocas. Dentro de la ducha estaba desnuda e indefensa, con la pared a un lado y
las cortinas al otro. La ducha era una trampa mortal. Sin embargo, dentro de
casa, hasta cierto punto, se sentía segura. Pero ahora no se encontraba en su
casa. Se encontraba en otra ciudad, en la habitación de un motel. Y se tenía
que duchar. Le daba miedo, pavor, pero no era una guarra. Se ducharía aunque la
mataran. Eso sí, tomando sus medidas. La puerta de la habitación no tenía
ningún cerrojo, pero pegó a ella una gran mesa de madera de roble. No había
ventanas. Mejor así. Tras la puerta del baño colocó dos sillas haciendo
palanca. Suspiró; había hecho un buen trabajo. Se quitó la bata y observó en el
espejo su hermoso cuerpo desnudo. No sería extraño que alguien quisiera verla
así, pareció pensar. Corrió las cortinas y entró en la bañera con cuidado. Las
plantas de sus pies sintieron el frío suelo. Luego volvió a correr las
cortinas, encerrándose así en su mundo blanco de terror. Observó la alcachofa
de la ducha. Tenía un largo tubo de alambre conectado a la llave del agua. Aurora
abrió la llave y el agua salió precipitándose sobre su cuerpo. Sus cabellos se
pegaron a su cabeza; su cuerpo se vistió de agua. Ahora era el momento en el
que el ruido inundaba todo. Si alguien entraba, seguramente Aurora no lo oiría.
“Nadie va a entrar”, se decía ella nerviosamente. Y en ese momento el tubo de
la ducha serpenteó violentamente, soltándose de golpe del enganche metálico de
la pared, y se lanzó sobre Aurora, rodeando su cuello como si se tratase de una
serpiente de metal. Aurora resbaló sorprendida y cayó al suelo de la bañera.
Llevó presurosa las manos al tubo que rodeaba su cuello e intentó sin
comprender librarse de él. Pero el tubo se cerraba fuertemente sobre su
garganta, dando vueltas y vueltas. Aurora, aterrorizada, sintió que se ahogaba,
que no podía respirar. Y sintió con horror que iba a morir en la ducha,
asesinada por la misma ducha. (La ducha; el lugar ideal para un crimen.)
"La ducha", mi columna semanal en El Periódico de Aragón de hoy sábado 3 de octubre.
Asimismo, podéis leer la columna "La ducha", de Roberto Malo, en el enlace de la web del Periódico de Aragón que pongo a continuación:
https://www.elperiodicodearagon.com/opinion/2026/10/03/ducha-134934452.html
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