sábado, 3 de octubre de 2026

"LA DUCHA", MI COLUMNA SEMANAL EN EL PERIÓDICO DE ARAGÓN

Aurora había visto demasiadas películas, demasiadas mujeres asesinadas en el cine, demasiadas mujeres asesinadas en la ducha. (La ducha; el escenario ideal para un crimen.) Aurora temía el ducharse. Le daba pánico. Se duchaba, claro; era una necesidad. Pero siempre tomaba sus precauciones. Cerraba la puerta de la casa a conciencia, aseguraba todas las ventanas y sellaba la puerta del baño con tres cerrojos. Todas las medidas eran pocas. Dentro de la ducha estaba desnuda e indefensa, con la pared a un lado y las cortinas al otro. La ducha era una trampa mortal. Sin embargo, dentro de casa, hasta cierto punto, se sentía segura. Pero ahora no se encontraba en su casa. Se encontraba en otra ciudad, en la habitación de un motel. Y se tenía que duchar. Le daba miedo, pavor, pero no era una guarra. Se ducharía aunque la mataran. Eso sí, tomando sus medidas. La puerta de la habitación no tenía ningún cerrojo, pero pegó a ella una gran mesa de madera de roble. No había ventanas. Mejor así. Tras la puerta del baño colocó dos sillas haciendo palanca. Suspiró; había hecho un buen trabajo. Se quitó la bata y observó en el espejo su hermoso cuerpo desnudo. No sería extraño que alguien quisiera verla así, pareció pensar. Corrió las cortinas y entró en la bañera con cuidado. Las plantas de sus pies sintieron el frío suelo. Luego volvió a correr las cortinas, encerrándose así en su mundo blanco de terror. Observó la alcachofa de la ducha. Tenía un largo tubo de alambre conectado a la llave del agua. Aurora abrió la llave y el agua salió precipitándose sobre su cuerpo. Sus cabellos se pegaron a su cabeza; su cuerpo se vistió de agua. Ahora era el momento en el que el ruido inundaba todo. Si alguien entraba, seguramente Aurora no lo oiría. “Nadie va a entrar”, se decía ella nerviosamente. Y en ese momento el tubo de la ducha serpenteó violentamente, soltándose de golpe del enganche metálico de la pared, y se lanzó sobre Aurora, rodeando su cuello como si se tratase de una serpiente de metal. Aurora resbaló sorprendida y cayó al suelo de la bañera. Llevó presurosa las manos al tubo que rodeaba su cuello e intentó sin comprender librarse de él. Pero el tubo se cerraba fuertemente sobre su garganta, dando vueltas y vueltas. Aurora, aterrorizada, sintió que se ahogaba, que no podía respirar. Y sintió con horror que iba a morir en la ducha, asesinada por la misma ducha. (La ducha; el lugar ideal para un crimen.)


"La ducha", mi columna semanal en El Periódico de Aragón de hoy sábado 3 de octubre.

Asimismo, podéis leer la columna "La ducha", de Roberto Malo, en el enlace de la web del Periódico de Aragón que pongo a continuación:

https://www.elperiodicodearagon.com/opinion/2026/10/03/ducha-134934452.html


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