Estoy
sumergido en una profunda oscuridad. No veo nada, absolutamente nada; o mejor
dicho: veo todo negro. Eso no es todo; estoy con el agua al cuello y floto como
buenamente puedo. Llevo aquí bastante rato y no sé si resistiré. Es un sitio
pequeño, no toco fondo y palpando he sabido que hay cuatro paredes curvadas,
como formando una especie de círculo. No puedo subir por ellas; son totalmente
lisas y muy resbaladizas.
No sé cómo
he llegado hasta aquí, ya ni me acuerdo, pero eso es algo que no me preocupa
demasiado en estos momentos. Ahora sólo pienso en aguantar flotando como sea.
No obstante, la angustia que siento se incrementa al paso de cada segundo.
¡Maldita sea!, tengo que salir de este maldito agujero; es una trampa sin
escapatoria, como concebida por el mismísimo demonio. No me puedo sujetar en
ningún sitio, no puedo subir por las paredes, de ninguna manera, y, aunque
estoy cansadísimo, no me debo dormir, ya que sería mi muerte.
Mientras
pienso esto alzo la vista y veo que de pronto entra luz por una especie de
techo redondeado que se ha levantado como una tapa bastante grande. Miro hacia
fuera y me quedo pasmado. Hay en el exterior una chica enorme. La veo como una
gigante. No comprendo nada, y comprendo menos cuando veo que se desabrocha el
pantalón... Se lo baja... Tiene unas bragas blancas preciosas. Estoy fascinado.
Está buenísima esta chica. Momentáneamente me he olvidado de mis problemas.
Tengo unas ganas enormes de que se las quite.
—¡Hazlo por
mí, por favor!
Sé que no
me escucha, pero lo hace... Está de pie, casi inmóvil, y observo su precioso
culo. ¡Todo un culazo! Se sienta sobre lo que era el círculo por donde entraba
la luz. Ahora se ve menos, pues su encantador culo lo ha tapado casi
completamente; me doy cuenta de lo grande que es la chica, ya que para tapar
todo ese hueco tiene que ser enorme. Ya solamente el trasero de la chica es
bastante más grande que yo.
Empiezo a
comprender algo cuando veo emerger de su culo... Pues sí, eso; parece mentira
pero va a cagar. ¡Va a cagarse encima de mí!
La mierda
continúa saliendo. Pende sobre mí como la espada de Damocles..., y cae.
Me intento
apartar, pero es demasiado grande. Me cae encima, sumergiéndome por su propio
peso.
Es
horrible. Estoy lleno de mierda. Me la intento quitar, pero, al emerger la
cabeza del agua, veo cómo otro excremento se abalanza sobre mí. El resultado es
el mismo.
Antes me
quejaba de que estaba con el agua hasta el cuello; pero ahora es peor, pues
estoy como si me hubiera sumergido en una letrina de varios metros de espesor.
La chica se
empieza a limpiar su trasero con papel higiénico. Papel que, como todo, es
enorme. Lo deja caer y cubre casi toda la superficie. Está encima de mí y no
puedo emerger. ¡Y no puedo respirar! Es como si estuviera en un lago helado,
teniendo encima una fina capa de hielo que me impide salir. Mi angustia se
acentúa. Creo que me estoy muriendo. Con rabia, golpeo el papel higiénico y lo
rasgo, sacando por el hueco mi cabeza. Toso fuertemente; me había quedado sin
oxígeno.
Otro papel
higiénico me cae encima. Otra vez en las mismas. Pronto caen algunos más. Todo
esto es absurdo. Estoy envuelto en papeles y mierda. Añoro los ratos que había
sólo agua.
Me intento
desprender de todos los papeles que me rodean, pero es casi imposible. Mientras
tanto la chica se levanta, se pone las bragas blancas, el pantalón, se vuelve y
me mira, o por lo menos mira hacia aquí abajo.
Presiento
lo que va a hacer y le grito con todas mis fuerzas:
—¡No lo
hagas!
Ella estira
la mano lentamente...
—¡Maldita
sea! ¡Nooooo! —sigo gritando, pero está claro que no me oye.
Desesperado,
me callo. Me quedo en silencio esperando el fin. Este fin del que no me puedo
librar. Me siento impotente frente a esto. Espero la muerte queriendo
despertar; pero no, esto es real.
Su mano lo
va a hacer...
Tira de la
cadena.
Al oír el
ruido sé que todo va a acabar.
El agua empieza
a bajar lentamente. Al momento cae con fuerza enorme y se precipita sobre mí
como un río desbordado. El agua me arrastra enérgicamente hasta el fondo. Por
primera vez toco el suelo; desgraciadamente con la cabeza. El agua, por la
misma fuerza y presión, me arrastra hacia arriba y se forma un remolino en el
que doy vueltas. Parece el naufragio de un barco en el océano; dan vueltas
maderas destrozadas que son los excrementos, velas que son los papeles, y el
náufrago, yo.
Está todo oscuro de nuevo. La chica ha bajado la taza. Llevo bastante tiempo sin poder respirar y sé que no voy a poder hacerlo, pues avanzo hacia abajo y no hay aire. La angustia es inaguantable, pero ya no me preocupa; mi angustia va a desaparecer por completo, gracias a Dios, pues se acerca el fin, mi fin.


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