domingo, 23 de agosto de 2026

ANGUSTIA

Estoy sumergido en una profunda oscuridad. No veo nada, absolutamente nada; o mejor dicho: veo todo negro. Eso no es todo; estoy con el agua al cuello y floto como buenamente puedo. Llevo aquí bastante rato y no sé si resistiré. Es un sitio pequeño, no toco fondo y palpando he sabido que hay cuatro paredes curvadas, como formando una especie de círculo. No puedo subir por ellas; son totalmente lisas y muy resbaladizas.

No sé cómo he llegado hasta aquí, ya ni me acuerdo, pero eso es algo que no me preocupa demasiado en estos momentos. Ahora sólo pienso en aguantar flotando como sea. No obstante, la angustia que siento se incrementa al paso de cada segundo. ¡Maldita sea!, tengo que salir de este maldito agujero; es una trampa sin escapatoria, como concebida por el mismísimo demonio. No me puedo sujetar en ningún sitio, no puedo subir por las paredes, de ninguna manera, y, aunque estoy cansadísimo, no me debo dormir, ya que sería mi muerte.

Mientras pienso esto alzo la vista y veo que de pronto entra luz por una especie de techo redondeado que se ha levantado como una tapa bastante grande. Miro hacia fuera y me quedo pasmado. Hay en el exterior una chica enorme. La veo como una gigante. No comprendo nada, y comprendo menos cuando veo que se desabrocha el pantalón... Se lo baja... Tiene unas bragas blancas preciosas. Estoy fascinado. Está buenísima esta chica. Momentáneamente me he olvidado de mis problemas. Tengo unas ganas enormes de que se las quite.

—¡Hazlo por mí, por favor!

Sé que no me escucha, pero lo hace... Está de pie, casi inmóvil, y observo su precioso culo. ¡Todo un culazo! Se sienta sobre lo que era el círculo por donde entraba la luz. Ahora se ve menos, pues su encantador culo lo ha tapado casi completamente; me doy cuenta de lo grande que es la chica, ya que para tapar todo ese hueco tiene que ser enorme. Ya solamente el trasero de la chica es bastante más grande que yo.

Empiezo a comprender algo cuando veo emerger de su culo... Pues sí, eso; parece mentira pero va a cagar. ¡Va a cagarse encima de mí!

La mierda continúa saliendo. Pende sobre mí como la espada de Damocles..., y cae.

Me intento apartar, pero es demasiado grande. Me cae encima, sumergiéndome por su propio peso.

Es horrible. Estoy lleno de mierda. Me la intento quitar, pero, al emerger la cabeza del agua, veo cómo otro excremento se abalanza sobre mí. El resultado es el mismo.

Antes me quejaba de que estaba con el agua hasta el cuello; pero ahora es peor, pues estoy como si me hubiera sumergido en una letrina de varios metros de espesor.

La chica se empieza a limpiar su trasero con papel higiénico. Papel que, como todo, es enorme. Lo deja caer y cubre casi toda la superficie. Está encima de mí y no puedo emerger. ¡Y no puedo respirar! Es como si estuviera en un lago helado, teniendo encima una fina capa de hielo que me impide salir. Mi angustia se acentúa. Creo que me estoy muriendo. Con rabia, golpeo el papel higiénico y lo rasgo, sacando por el hueco mi cabeza. Toso fuertemente; me había quedado sin oxígeno.

Otro papel higiénico me cae encima. Otra vez en las mismas. Pronto caen algunos más. Todo esto es absurdo. Estoy envuelto en papeles y mierda. Añoro los ratos que había sólo agua.

Me intento desprender de todos los papeles que me rodean, pero es casi imposible. Mientras tanto la chica se levanta, se pone las bragas blancas, el pantalón, se vuelve y me mira, o por lo menos mira hacia aquí abajo.

Presiento lo que va a hacer y le grito con todas mis fuerzas:

—¡No lo hagas!

Ella estira la mano lentamente...

—¡Maldita sea! ¡Nooooo! —sigo gritando, pero está claro que no me oye.

Desesperado, me callo. Me quedo en silencio esperando el fin. Este fin del que no me puedo librar. Me siento impotente frente a esto. Espero la muerte queriendo despertar; pero no, esto es real.

Su mano lo va a hacer...

Tira de la cadena.

Al oír el ruido sé que todo va a acabar.

El agua empieza a bajar lentamente. Al momento cae con fuerza enorme y se precipita sobre mí como un río desbordado. El agua me arrastra enérgicamente hasta el fondo. Por primera vez toco el suelo; desgraciadamente con la cabeza. El agua, por la misma fuerza y presión, me arrastra hacia arriba y se forma un remolino en el que doy vueltas. Parece el naufragio de un barco en el océano; dan vueltas maderas destrozadas que son los excrementos, velas que son los papeles, y el náufrago, yo.

Está todo oscuro de nuevo. La chica ha bajado la taza. Llevo bastante tiempo sin poder respirar y sé que no voy a poder hacerlo, pues avanzo hacia abajo y no hay aire. La angustia es inaguantable, pero ya no me preocupa; mi angustia va a desaparecer por completo, gracias a Dios, pues se acerca el fin, mi fin.


"Angustia" es uno de los veinte relatos incluidos en "Sin pies ni cabeza" (El Eco de los Libres, 2025), libro escrito por Roberto Malo e ilustrado primorosamente por Miquel Zueras. 


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